La presidenta de una asociación de mujeres de Toledo se juega al póquer las cuotas de 120 socias
Una presidenta de asociación que se juega al póquer el dinero de sus socias no es una metáfora: es la contabilidad de una agrupación de mujeres de un pueblo de Toledo, Villasequilla, con 120 socias y una caja que se ha ido vaciando a base de manos de cartas. El desfase se conoció un día antes de que partiese el autobús que iba a llevar a Málaga a quienes habían pagado casi 300 euros por pareja para ver la decoración navideña de la ciudad andaluza. El viaje se suspendió porque la asociación no había pagado a la agencia.
A partir de ahí, el goteo de descubrimientos: los
4.800 euros de la lotería de Navidad ya vendida en participaciones de 5 euros, los
2.200 euros de la cena de Navidad celebrada el viernes anterior y sin abonar a una Sociedad de Amigos del municipio, y un espectáculo en Madrid por el que las socias pagaron entre 40 y 50 euros. Todo ese dinero, según el relato que la propia presidenta trasladó por WhatsApp, se fue en la mesa de póquer.
Qué ha pasado con el dinero de la asociación
El relato que la presidenta envió a las socias por WhatsApp es, a la vez, confesión y hoja de ruta: «Estoy enferma, estáis en vuestro derecho de denunciarme, iré devolviendo el dinero todos los meses hasta saldar la deuda, os pido perdón de todo corazón». En el mismo mensaje reconoce que todo empezó con una multa elevada de Hacienda: su primer pensamiento fue coger los fondos de la asociación para pagarla y después reponer el dinero con un préstamo que finalmente no le concedieron.
La secuencia es la de un agujero que se tapa con otro. Primero la multa, luego el préstamo que no llega, después las cuotas, la lotería, la cena, las entradas. La asociación se quedó sin liquidez y las socias se enteraron con horas de antelación de que el autobús a Málaga no salía. No hubo aviso previo, no hubo auditoría, no hubo junta que fiscalizase los movimientos: la confianza en la presidenta era el único control de cuentas.
La reunión y los 40 euros por socia
Las integrantes de la asociación celebraron una reunión a la que asistió la propia presidenta. La primera medida acordada fue poner
40 euros cada socia para abonar, de momento, la deuda de la lotería de Navidad. Es decir, las perjudicadas ponen dinero para cubrir el agujero que dejó quien les administraba el dinero. La pregunta que sobrevuela el caso es si esa fórmula se repetirá con el resto de compromisos ya cobrados y no pagados.
El caso de Villasequilla no es un caso de opulencia: es un caso de caja pequeña y control nulo. Con 120 socias y cuotas modestas, cualquier desvío se nota, pero también cualquier desvío se puede ocultar durante meses si nadie pide extractos. La asociación vendía lotería, organizaba cenas, contrataba autocares y compraba entradas. Una estructura de tesorería informal, sin firma mancomunada ni revisión externa, es el caldo de cultivo perfecto para un desfalco de este tipo.
Quién paga los chiringuitos subvencionados
Más allá del caso concreto, el episodio reabre una discusión recurrente: la financiación pública de asociaciones locales. Hay quien sostiene que este tipo de agrupaciones se sostienen con cuotas simbólicas y que el grueso del presupuesto llega de
subvenciones de la Diputación Provincial de Toledo, la Junta de Castilla-La Mancha, el Ministerio de Agricultura y fondos europeos. Si eso es así, el dinero jugado no sería solo de las 120 socias: sería también dinero público sin fiscalización aparente.
El argumento contrario también tiene recorrido: las asociaciones vecinales y de mujeres llevan décadas funcionando como tejido social en pueblos pequeños, organizando viajes, cenas y actividades que de otro modo no existirían. El problema no es la figura jurídica, sino la ausencia de controles contables proporcionados al volumen de dinero que manejan. Una caja de 10.000 euros anuales con un solo firmante es una invitación al desastre, con independencia de la ideología de la directiva.
El doble rasero que se discute en la calle
El caso ha activado una comparación inevitable: qué pasaría si el presidente de una asociación de hombres se fundiese el dinero de los socios jugando al póquer. La respuesta más repetida es que las asociaciones exclusivamente masculinas son prácticamente inexistentes en el registro, mientras que las de mujeres están subvencionadas y tienen presencia institucional. Es una asimetría real, aunque la conclusión que cada cual extrae de ella varía.
Otra línea de análisis apunta a que muchas de estas agrupaciones han pasado de ser asociaciones de amas de casa a etiquetarse como feministas para acceder a subvenciones específicas, sin que cambie su actividad real: viajes, comidas, rifas y carnaval. Si esa mutación es sincera o estratégica es materia de discusión. Lo que no admite discusión es que el dinero de las socias se esfumó en una mesa de póquer.
Qué se sabe del estado del asunto
A la fecha de esta discusión, no consta denuncia formal ni procedimiento judicial abierto. La presidenta ha reconocido los hechos por escrito, ha pedido perdón y ha prometido devolver el dinero mes a mes. Las socias han optado, de momento, por la vía interna: reunión, acuerdo y derrama de 40 euros para cubrir la deuda más urgente, la de la lotería. No hay plazo público para el resto.
La pregunta que queda en el aire es si la devolución prometida llegará a completarse o si el caso acabará en los juzgados. La cuantía total no se ha desglosado públicamente, pero entre lotería, cena, viaje y espectáculo, el agujero supera con holgura los 7.000 euros solo en los conceptos conocidos. Con las cuentas de la asociación sin publicar, cualquier cifra final es una estimación.
Con estos mimbres, la previsión más razonable es que el caso se cierre con devoluciones parciales y sin sentencia. Pero también es la previsión más aburrida, y este tipo de historias rara vez terminan donde empiezan.