Un cálculo viral atribuye a Rusia aniquilar al Ejército español en 10 días
¿Cuánto aguantaría España en una guerra convencional contra Rusia? La respuesta que circula por internet no la firma ningún Estado Mayor: la firma una inteligencia artificial. Un cálculo difundido en redes parte de los
144.285 efectivos militares que las Fuerzas Armadas españolas tenían a 31 de diciembre de 2022 —130.780 en activo y 13.505 en la reserva— y de los
85.978 soldados del Ejército de Tierra ese mismo año, y aplica una regla de proporción entre tropa de combate y apoyo logístico. Si en un conflicto de alta intensidad solo uno de cada cuatro efectivos está en la línea de fuego, quedan unos
21.500 combatientes. A un ritmo de 2.000 bajas diarias, el Ejército de Tierra desaparecería en 10,75 días. Sumando Armada y demás, 15 o 16 días como mucho. El titular es un ejercicio de aritmética, no un pronóstico militar. Y ahí empieza el problema.
De dónde salen las cifras y qué se les escapa
El punto de partida es una estadística de efectivos y una horquilla de manual: la ratio de uno a tres o cuatro entre quien dispara y quien le lleva la munición. Nada de eso es un secreto. Lo discutible es encadenar las dos cosas y presentar el resultado como un destino. El propio planteamiento admite que la proporción
varía según el tipo de misión, la estructura y las necesidades del despliegue. Es decir, el número final depende de variables que el cálculo deja fuera.
La primera objeción que aparece es la del propio ritmo de bajas. Si Rusia elimina 2.000 soldados enemigos al día en la línea de contacto, como sostiene el planteamiento, entonces la cuenta también se aplica a Ucrania. Y Ucrania no se ha extinguido. Con una población de 36 millones de la que han huido 7, según los datos que se manejan en la discusión, la división no cuadra:
36 meses de invasión a 2.000 bajas diarias son más de dos millones. Alguien está inflando la cifra, y no es la calculadora.
La comparación con Ucrania que rompe el relato
El argumento más repetido contra el pronóstico de los diez días es empírico: Rusia iba a tomar Kiev en tres días y lleva más de mil. La misma fuente que hoy anuncia la demolición total del Ejército español anunciaba en 2022 una victoria relámpago.
En menos de 24 horas las tropas rusas estaban a las puertas de la capital ucraniana; tres años después siguen lejos de haberla doblegado. Aplicando esa corrección de escala, la aniquilación de España no duraría diez días, duraría nueve años.
Hay una segunda capa en el debate, y es la más incómoda: la comparación de capacidades. Ucrania llevaba más de una década preparándose para esa guerra, con financiación europea y estadounidense, fábricas repartidas por sus ciudades y una orografía de bosques y campos abiertos que favorece la defensa. España no tiene drones en cantidad, ni artillería guiada, ni ese tejido industrial. Lo que tiene es Pirineos, una orografía áspera y, según el chascarrillo recurrente, la capacidad de convertir cualquier invasión en una sangría lenta.
1808 es el precedente que nadie quiere repetir: un ejército maltrecho, una armada hundida en Trafalgar y un Estado podrido, y aun así Napoleón se atascó seis años.
El problema real no es Moscú
En mitad del ruido nuclear aparece el dato que sí importa:
a España no la amenaza Rusia, la amenaza Marruecos. Los dos países comparten frontera, historias y fricciones recurrentes; con Moscú, miles de kilómetros de distancia y ningún contencioso territorial abierto. Rusia no necesita invadir un país sin recursos estratégicos relevantes, enormemente endeudado y con una política migratoria que ya deja entrar a cientos de miles de personas al año. Si el objetivo fuera poblar, no haría falta un solo tanque.
El otro flanco que se abre es el del propio estado de las Fuerzas Armadas. Se sostiene que están desmanteladas para no incomodar a según qué socios de Gobierno, que la mitad de la maquinaria no arrancaría y que España no tiene disuasión nuclear. Un submarino que tardó quince años en diseñarse y cuyo único torpedo lanzado fue de plástico frente a un país que bota tres al año, dos de ellos nucleares. La comparación es brutal y probablemente injusta. Pero circula.
El PIB que desmonta el miedo
El argumento económico es el que menos titulares genera y el que mejor aguanta el escrutinio. Rusia tiene un PIB que multiplica por diez el de Ucrania y no ha conseguido doblegarla, porque Ucrania está dopada por decenas de países. Y el PIB ruso no es mucho mayor que el español, pese a tener el triple de habitantes. Traducido:
España es bastante más rica que Rusia por cabeza. La economía no gana guerras el primer día, pero las decide a partir del mes tres.
Queda la duda de fondo, la que nadie resuelve: si el ejército ruso es tan letal, ¿por qué lleva tres años atascado en el país vecino? Y si el español es tan inútil, ¿por qué nadie ha venido a comprobarlo? Con estos mimbres, el cesto de la colada sigue siendo la mejor defensa nacional.