China prueba en vuelo su caza invisible de sexta generación
China ha puesto en el aire lo que podría ser su primer caza de sexta generación. Las imágenes difundidas muestran un aparato en pleno vuelo que, según el relato que acompaña a la filtración, constituye una prueba del salto cualitativo chino en aviación de combate. El anuncio no llega solo: llega después de tres décadas de copiar, adaptar y mejorar tecnología ajena, y en un momento en que Washington y Pekín se miran de reojo en el Pacífico. La pregunta que sobrevuela todo el asunto no es si el avión vuela, sino qué significa que lo haga.
De la piratería tecnológica a la ingeniería propia
Durante años, la industria china de defensa vivió de lo que se ha llamado ingeniería inversa. El argumento más repetido es que Pekín se hizo con documentación del F-35 estadounidense y, en pocos años, no solo lo replicó sino que lo mejoró. De ahí la retahíla de apodos: el F-35 chino, el F-16 chino, el Hawkeye chino, el C-17 chino. La acusación de espionaje industrial es vieja y nunca ha dejado de circular.
La contra más obvia la plantean quienes preguntan por qué, si el ingenio es robado, los fabricantes occidentales no lo mostraron antes. La respuesta que se da desde el otro lado es incómoda: o el robo es falso, o los servicios de inteligencia chinos son fabulosos. En cualquier caso, el resultado es el mismo: China ya no espera a que Occidente le venda nada.
El historial de la chatarra china que ya no cuela
El escepticismo tiene argumentos. Los tanques chinos vendidos en África, según los relatos que circulan, han dado fallos mecánicos y electrocuciones, y hay quien asegura que su cargador tarda media hora en disparar. Las fragatas chinas vendidas a Pakistán tampoco salen bien paradas. La conclusión que se extrae es que el material chino es barato y malo, y que el que se enseña es el bueno.
Frente a eso, la comparación con Japón resulta demoledora. Hacia 1930, todo lo barato y de mala calidad del mundo era japonés. Ese momento de desarrollo corresponde a la China de 1990. Las motos Honda pasaron de venderse como juguetes en las casas de jardinería estadounidenses en 1960 a dominar el mercado mundial en dos décadas. La ingeniería china, sostienen algunos, está hoy a dos niveles y medio por encima de cualquier otra.
El cerco del Pacífico y la respuesta china
China no desarrolla este caza en el vacío. Está rodeada por tres anillos: el más próximo abarca Japón, Taiwán y Corea del Sur; el siguiente pasa por Filipinas e Indonesia; el tercero va desde Australia a las islas del Pacífico. Técnicamente es una nación sitiada, aunque no se diga. Frente a eso, Pekín despliega dos estrategias: el cinturón de la seda por ferrocarril, para independizarse del transporte marítimo, y la recuperación del primer cordón que la asfixia.
El problema es que Rusia no es China. Rusia solo aspira a su independencia, y la conserva. China aspira a la supremacía económica, comercial y tecnológica mundial, y ya es líder en muchas áreas. La diferencia importa: Moscú juega a no perder; Pekín juega a ganar.
La dependencia europea y el aviso de Ucrania
El aviso para Europa es doble. Por un lado, la mayoría de los buques punteros de la Armada española usan armamento de alta tecnología estadounidense, y cada vez que se quiere usar hay que pedir permiso a Washington. La independencia operativa es cero. Por otro, la guerra de Ucrania ha demostrado que un país sin aviación propia puede bombardear desde el aire con misiles aire-tierra sin que el adversario derribe los aviones ni ataque los aeródromos. Quien domina el cielo, aunque sea con aviones que otros no ven, marca el ritmo.
La discusión de fondo no es si el caza chino es bonito. Es si Occidente sigue confiando en que la superioridad tecnológica es un derecho adquirido. El F-22 voló en 2005. Desde entonces, el F-35 se ha vendido como el gran programa aliado, con entregas nacionales que se ralentizan mientras la producción se orienta a la exportación. La Navy y los Marines modernizan sus SuperHornet a la espera del sexto. El resto, mientras tanto, mira cómo China vuela.
La predicción más razonable es que este caza no cambie el equilibrio militar por sí solo. Pero cada prototipo chino que despega reduce el margen de error occidental. Y ese margen, hoy, no sobra.