500 científicos desafían a la ONU: «no hay emergencia climática»
El 23 de septiembre de 2019, mientras Nueva York acogía la cumbre climática de la ONU y la activista adolescente Greta Thunberg soltaba su «how dare you» ante los líderes mundiales, un grupo de científicos y profesionales enviaba una carta al secretario general António Guterres con un mensaje incómodo:
no existe tal emergencia climática. La carta, coordinada por el ingeniero neerlandés Guus Berkhout, ex profesor en la Universidad Tecnológica de Delft, sostiene que los modelos de circulación general que sustentan la política climática internacional
no son aptos para su propósito. Entre los firmantes figuran el físico atmosférico Richard Lindzen y el geólogo Alberto Prestininzi. La lista completa, 500 signatarios, se publicaría en Oslo el 18 de octubre.
El IPCC contra sus propios modelos
El argumento central de la carta no es una opinión: es una cita. El propio IPCC reconoció en su informe de 2018 que, al tratar con un
sistema caótico no lineal acoplado, la predicción a largo plazo de los estados climáticos futuros no es posible. La carta va más allá y señala que el calentamiento proyectado por el panel de la ONU multiplica por cuatro el observado realmente. Es decir, los modelos sobreestiman.
La petición italiana de junio, firmada por más de 90 científicos, apuntaba en la misma dirección: atribuir a los humanos la responsabilidad del calentamiento desde el siglo pasado es
científicamente poco realista. Y añadía que los pronósticos alarmistas se basan en modelos cuyos resultados contradicen los datos experimentales, con una tendencia a sobreestimar la contribución humana y subestimar la variabilidad natural ligada al sol, la luna y los océanos.
El negocio del miedo y la factura energética
La carta advierte de que las políticas de mitigación
socavan el sistema económico y ponen en riesgo vidas al negar a los países energía asequible. En España, el cierre de la central térmica de As Pontes —que generaba el 3% de la energía nacional— se convirtió en el ejemplo concreto de esa factura. El carbón acumulado en el puerto de A Coruña quedó sin destino y los empleados pasaron a la pensión máxima, según el relato que circuló.
Hay quien sostiene que el
cambio climático funciona como excusa para avanzar hacia formas de control social y fiscal. Otros apuntan directamente al
lobby de mangantes que ve peligrar su negocio. Y un tercer grupo, más pragmático, señala que las grandes corporaciones ya invirtieron miles de millones en descarbonizarse y ahora no van a rectificar. El resultado: la energía barata se ha ido y nadie asume el coste político de dar marcha atrás.
Datos que contradicen el relato catastrofista
La masa forestal ha crecido un 20% en los últimos 30 años. Las predicciones de los años noventa que auguraban la desaparición de los bosques y la subida de metros del nivel del mar para el año 2000 quedaron en nada: los escenarios más catastrofistas actuales hablan de un metro en 100 años. El CO2 no es un contaminante, es necesario para la fase oscura de la fotosíntesis. Y la Tierra ya estuvo completamente cubierta de hielo durante 100 millones de años, en el período Criogénico, sin intervención humana alguna.
El cálculo completo de cuánto ha costado el paquete de políticas climáticas en España, desglosado partida a partida, da una cifra que sorprende. No está en los titulares.
El lenguaje como arma: por qué «negacionista»
Llamar «negacionista» a quien cuestiona el consenso oficial no es casual. La elección del término busca equipararlo con el negacionismo del Holocausto, con toda su carga moral. Es una estrategia de deslegitimación que convierte una discrepancia científica en una herejía. El que discrepa no es un científico con otro modelo: es un
nazi de mierda, en el mejor de los casos.
Mientras tanto, la activista Greta Thunberg declaraba ante la cumbre de la ONU que el planeta está en la etapa inicial de una «extinción masiva». La imagen de una adolescente como portavoz de la ciencia climática frente a 500 científicos con credenciales no es un detalle menor. Es la señal de que esto hace tiempo que dejó de ser ciencia.
Lo que se juega en la próxima década
La carta a la ONU no pide que se deje de investigar el clima. Pide que la política climática se base en
ciencia sólida, economía realista y preocupación genuina por los perjudicados. Es una petición modesta que, sin embargo, choca con un entramado de intereses políticos, empresariales y mediáticos que ya ha invertido demasiado en el relato opuesto.
El físico Richard Lindzen lleva décadas siendo una voz incómoda en este asunto. No es un terraplanista ni un negacionista del método científico. Es un atmosférico del MIT que cuestiona los modelos. Que 500 profesionales firmen una carta así en 2019, en plena fiebre climática, no es poca cosa. La lista se publicaría en Oslo el 18 de octubre. A partir de ahí, cada cual que juzgue.
¿Qué dice exactamente la carta a la ONU?
La carta, enviada el 23 de septiembre de 2019 al secretario general António Guterres, afirma que no hay emergencia climática y que los modelos de circulación general no son aptos para su propósito. Sostiene que abogar por gastar billones sobre modelos inmaduros es cruel e imprudente, y pide una política climática basada en ciencia sólida, economía realista y preocupación por los perjudicados.
¿Quiénes firman la carta y cuántos son?
La iniciativa la dirige Guus Berkhout, ingeniero neerlandés y ex profesor en la Universidad Tecnológica de Delft. Entre los firmantes destacan el físico atmosférico Richard Lindzen y el profesor de geología aplicada Alberto Prestininzi. La lista completa, con 500 signatarios, se publicaría en Oslo el 18 de octubre de 2019.
¿Qué ha pasado con las predicciones climáticas de años anteriores?
Los modelos del IPCC proyectaban un calentamiento cuatro veces superior al observado realmente, según la carta. El propio panel reconoció en 2018 que sus modelos no pueden predecir con precisión cambios a largo plazo. Las predicciones de los años noventa sobre desaparición de bosques y subida de metros del nivel del mar para el año 2000 no se cumplieron.