Bonos de USA desde España: la cobertura de divisa se come el cupón
El inversor español que quiere comprar deuda del Tesoro estadounidense se encuentra con una realidad incómoda: el mercado primario está pensado para residentes. A un no residente le queda la vía del intermediario, y ahí el abanico de opciones revela que el verdadero problema no es el acceso, sino el tipo de cambio.
El acceso directo: solo para residentes
La compra de bonos americanos al Tesoro exige una dirección en Estados Unidos. Los no residentes necesitan pasar por un bróker con plataforma de renta fija o por entidades con atención telefónica. Algunas gestoras ofrecen fondos que invierten en deuda pública americana, como la gama MFS US Government Bond, contratable en bancos como Openbank, o ETF con duraciones medias como TLT, que sin embargo no está disponible para el inversor europeo y tiene un equivalente en euros, el IS04 de iShares. Otra vía son los ETF de un solo bono que maduran en una fecha concreta, pero su contratación desde España también tiene restricciones.
Los ETF no son bonos: la trampa del vencimiento
La diferencia entre comprar el bono al contado y hacerlo a través de un fondo o ETF es sustancial. Quien compra el título sabe que a vencimiento recupera el nominal, salvo quiebra del emisor. Con un fondo, la cartera se renueva constantemente y la rentabilidad depende del precio de compra y venta de las participaciones. En un entorno de tipos al alza, la cotización de los bonos cae y el fondo puede llegar a perder un 10% en el año, como reflejaban los datos de los ETF de duración larga. La alternativa de los ETF con vencimiento fijo, que reproducen un bono único hasta su amortización, es lo más parecido a la compra directa, pero su catálogo no siempre llega al inversor minorista europeo.
La cobertura de divisa: un coste que nadie menciona
El problema silencioso es el dólar. Una vez comprado el bono, el inversor asume el riesgo de tipo de cambio durante toda la vida del título. Si no quiere correrlo, debe contratar una cobertura con futuros, swaps o CFD, y ahí el coste se come una parte importante del cupón. El diferencial de tipos entre Estados Unidos y la zona euro rondaba los dos puntos porcentuales: ese es el precio de eliminar el riesgo de cambio. Para horizontes cortos, el encarecimiento puede hacer que la operación no compense frente a la deuda soberana europea.
Alternativas europeas: el atajo sin dólar
De hecho, la discusión técnico-práctica llevaba a una conclusión incómoda para los defensores del bono americano: si no se quiere exposición al dólar, comprar bonos de Alemania da el mismo resultado sin necesidad de cobertura. Y si el objetivo es llevarlos a vencimiento, la deuda italiana a un año ofrece más rentabilidad con un riesgo razonable. Con la curva en niveles del 4% a diez años, la deuda americana resultaba atractiva para construir cartera, pero el obstáculo de la divisa dejaba la operación a medio camino para el pequeño inversor.
El cálculo racional, una vez sumados comisiones, impuestos y cobertura, empuja a muchos a quedarse en deuda europea. Pero quien de verdad quiere dólares tiene una vía: abrir cuenta en un bróker internacional con mercado secundario de bonos y asumir que el activo refugio también tiene un precio de entrada. La rentabilidad del bono americano siempre cotiza con el tipo de cambio al fondo.