Defenderse del 'mataleón': cinco segundos y mucha fuerza
Contra el 'mataleón' no se puede hacer nada. Es la frase que se repite cada vez que un vídeo como este se hace viral: dos asaltantes con antecedentes por robos con violencia reducen a un turista en el centro de Barcelona, le pasan el antebrazo por el cuello y tratan de dejarlo sin conocimiento para vaciarle los bolsillos. La técnica corta el riego de las arterias carótidas y funciona como una cuenta atrás, no como una llave de película. La versión matizada de esa primera frase es que la defensa existe, pero no para cualquiera ni en cualquier momento.
Qué hace el 'mataleón' y por qué no da tiempo a reaccionar
El mecanismo es fácil de describir y muy difícil de sufrir. El antebrazo cruza el cuello, el bíceps aprieta y la presión sobre las carótidas interrumpe el flujo sanguíneo hacia el cerebro. El resultado es una pérdida de consciencia parcial o total en
muy pocos segundos. El ataque llega por la espalda y por sorpresa, que es justo lo que lo convierte en una herramienta tan habitual en robos a pie de calle y en peleas.
La secuencia que se enseña desde el krav maga para salir de ahí tiene cuatro pasos: bajar la barbilla hacia el pecho girando la cabeza en la misma dirección del brazo que aprieta, agarrar con las dos manos ese brazo para retirarlo del cuello, incorporar el cuerpo hacia delante y golpear con el canto de la mano en la ingle del agresor. Sobre el papel, impecable. Sobre el asfalto, discutible.
Hay un detalle que descoloca todo el relato: en el vídeo difundido, según varios análisis que circulan en la discusión, la presa
no llega a cerrarse. Se trataría de una estrangulación respiratoria mal ejecutada y no de un mataleón sanguíneo. La diferencia no es semántica: si el cierre fuera el correcto, el turista habría caído desvanecido en cuatro o cinco segundos y no habría habido margen para nada.
¿Se puede salir de un mataleón bien ejecutado?
Depende de la ventana de tiempo y de la diferencia de fuerza. Quienes han entrenado grappling sostienen que sí, con matices: aguantar unos segundos antes de que el atacante encaje del todo la presa es lo habitual, y desde ahí se puede intentar girar el cuerpo y zafarse. Practicando BJJ, y contra alguien poco experto, la huida es posible, aunque se describa como algo excepcional y peleado segundo a segundo.
Otra corriente es más tajante: si el agresor es más grande y más fuerte, salir es casi imposible. Para cualquier técnica aplicada sobre un estrangulamiento ya establecido hace falta alguna ventaja física, de peso o de fuerza. Sin ella, solo queda rascar fracciones de segundo antes del cierre definitivo.
En el terreno de las maniobras concretas aparecen varias propuestas que no dependen del krav maga. Luxar los dedos de la mano que presiona la nuca y girarse, algo que se presenta como comprobado en entrenamiento. Repartir codazos hacia atrás para ganar espacio. Atacar los ojos, siempre que se tenga la cabeza a tiro, porque desde esa posición la nariz es un punto más centrado y accesible que las cuencas. Y morder el bíceps del atacante: la fuerza de la mandíbula en situación de estrés extremo se describe como capaz de obligar a soltar.
El kit que cabe en un bolsillo
Buena parte del debate se va por la vía del objeto. Una navaja de apertura rápida con una mano, una semiautomática que salga del bolsillo en medio segundo, un punzón pequeño. También un mechero de soplete aplicado en el antebrazo que aprieta, que según quienes lo plantean provoca que el agresor suelte en menos de un segundo. La navaja pequeña, con la punta justa para pinchar el bíceps o intentar seccionar el tendón, se defiende como alternativa menos llamativa que un cuchillo grande.
Conviven con ello opciones domésticas y discretas: un 'zippo' encendido, un broche con punta o una horquilla para el pelo en el caso de las mujeres, un collar de pinchos como el de la estética de los ochenta. Hay incluso quien señala el cúter del furgón de reparto como herramienta de trabajo perfectamente razonable y, de paso, muy cortante. El problema compartido es siempre el mismo:
el tiempo. Sacar cualquier cosa del bolsillo requiere más segundos de los que hay.
La única defensa en la que coinciden todos
Sobriedad y taxi. No andar de madrugada en estado etílico por ciudades grandes ni relajarse cuando hay según qué presencia cerca. No dar nunca la espalda: caminar con la espalda contra una pared o un coche que impida el acceso por detrás. Llevar las llaves agarradas en la mano. Cambiar de acera al ver venir un grupo y no preocuparse por el rodeo.
Es la parte del análisis menos lucida y la que más consenso genera. Todas las maniobras heroicas comparten un requisito que casi nunca se cumple: que la víctima esté alerta. El asalto se define precisamente por lo contrario. Sobre las consecuencias penales hay quien reclama tratar el estrangulamiento como tentativa de homicidio, con penas efectivas y sin salidas rápidas: la diferencia entre un intento de robo y dejar a alguien vegetal es, en la práctica, una cuestión de segundos y de suerte.
Lo previsible es que el vídeo se apague y que la próxima oleada de cursos de defensa personal vuelva a llenar sus plazas. Si la técnica sigue dando resultados es porque sigue sorprendiendo por la espalda, y ninguna llave aprende a esquivar una espalda por sí sola.