Taladro, ácido o martillo: qué hacer con un móvil viejo
¿Basta un restablecimiento de fábrica para que nadie vuelva a leer tus mensajes? La duda recorre a cualquiera que tenga un smartphone muerto en un cajón y una carpeta de fotos que no quiere compartir. La respuesta corta que se repite es que no: en los teléfonos modernos el contenido va cifrado y, al restablecer, la clave de descifrado desaparece, lo que deja el dispositivo convertido en un ladrillo de datos ilegibles. La respuesta larga incluye taladros, sopletes, cubos de agua y algún que otro susto doméstico.
¿Es suficiente un restablecimiento de fábrica?
El argumento más repetido es que desde hace años los móviles guardan el contenido cifrado. Al restablecer de fábrica se borra la clave que lo descifra, de modo que recuperar algo exigiría un esfuerzo técnico desproporcionado. Sobre esa base, varios coinciden en que un segundo formateo y grabar encima hasta agotar el espacio deja el terreno bastante allanado.
Hay quien va más allá y propone llenar la memoria con vídeos aleatorios en la máxima resolución y calidad de sonido, para que el archivo machaque el rastro anterior, y después volver a restaurar. Es el método más citado entre quienes no quieren desmontar nada.
El matiz incómodo lo pone otro: los datos no solo viven en el teléfono. Buena parte sale a la nube, y ahí el borrado local no sirve de nada. La privacidad y el móvil, vienen a decir, nunca se llevaron bien.
Martillo, taladro y cubo de agua: los métodos caseros
La vía física tiene defensores entusiastas. Un martillo bien dado, la batería fuera y el aparato sumergido en un cubo de agua durante días es una receta que aparece varias veces. Otros apuestan por abrir la carcasa, sujetarla en un tornillo de banco, arrancar la batería con alicates y pasar un soplete por los chips, con especial énfasis en la memoria flash.
El taladro de columna también se menciona, aunque con una advertencia: la batería de ion de litio puede reaccionar mal. La escena del cuchillo contra una batería se describe como cuestión de segundos antes de que aquello se vuelva un infierno. Y hay quien recuerda que un perro mordiendo una batería de litio puede acabar con la alfombra ardiendo.
Para los más drásticos, el microondas cinco minutos inutiliza el teléfono y la explosión posterior es, dicen, muy vistosa. El ácido, dejado el tiempo suficiente, obliga a quien quiera sacar algo a invertir mucho esfuerzo. La incineración concienzuda de la placa base se presenta como mano de santo.
El disco duro del PP y la broma política
La conversación deriva hacia el terreno político cuando se recuerda que los discos duros y móviles de distintos casos de corrupción acabaron destruidos y que la justicia no pudo leerlos para presentar pruebas. El método del martillazo se atribuye a esa escuela, y varios lo citan entre risas.
La ironía se extiende a la normativa europea: hay quien sostiene que, con las nuevas reglas, los datos acabarán accesibles para terceros por vía legal. El comentario cierra con un aviso: quien tenga información que merezca el interés de alguien ya la tiene fuera, y ningún taladro lo va a remediar.
Al final, la conclusión más repetida es la menos épica: si no eres nadie importante, con extraer la tarjeta de memoria y restablecer de fábrica vas sobrado. El resto es teatro de taller.