Una torre BIC restaurada con sillares de catálogo: cómo no tocar un monumento
La torre, maciza de tapial y recubierta de sillares pequeños de época califal, no ha sufrido una restauración: ha sufrido una operación de maquillaje. Los bloques nuevos salen idénticos de la fábrica, con las aristas intactas, mientras los antiguos tienen medidas irregulares y señales del tiempo. Cualquier cantero con oficio sabe que el primer paso era analizar la piedra y volver a las mismas canteras. No se hizo.
El oficio que se ignora
Los especialistas en rehabilitación de patrimonio advierten de que el problema no es la falta de empresas capaces, sino la contratación pública con amiguismos. Hay ejemplos para echarse a temblar: en un municipio andaluz, un pequeño mausoleo romano del que solo quedaba el mortero se convirtió en un mini chalet del siglo XXI. No es un problema de dinero; es de criterio.
Alternativas que nadie valoró
Antes de actuar, el ayuntamiento pudo acumular sillares califales originales aparecidos en derribos y excavaciones, o desmontar tres hiladas de la parte alta para reconstruir la base con la piedra auténtica. También hay estudios serios, como el de los puentes de Bocairent, demuestran que se puede investigar y preservar.
El monumento, eso sí, no se puede tirar: es BIC. Pero queda la pregunta incómoda: si una administración es capaz de dejar un mausoleo romano en chalet, ¿qué garantías hay de que la torre no sea la siguiente mamarrachada?