3.000 acciones de Telefónica a 3,51: adiós con 211 euros de pérdida
La orden se ejecutó a
3,515 euros por acción. Tres mil títulos de Telefónica, más de diez mil euros comprometidos y un plan que se anunció sin pudor: aguantar unos días y vender a 3,75. Duró menos de lo previsto. La posición se cerró a 3,45 y dejó
211 euros de pérdida. Ni drama ni épica: entrada, salida y confesión. Quien pone ese dinero en Telefónica no ignora qué compra; asume que mete capital en una compañía con deuda hasta las cejas y un negocio que se come la caja.
Lo dejó escrito el propio comprador: era una
inversión paco. El cálculo, decía, era otro: sacar 700 euros menos impuestos en unos días.
¿Por qué Telefónica a 3,51 parecía una buena entrada?
El argumento que más se repite entre quien defiende el valor es la rentabilidad por dividendo. Con la acción alrededor de 4 euros y un pago de 30 céntimos por título, la cifra que circula es un
7,5%. Para alguien que no hace una división, ese porcentaje deja en ridículo a un depósito. El desglose completo, con el efecto del precio de entrada y la fiscalidad, da una foto bastante menos brillante, y no es casualidad que sea el cálculo que más se repite cuando el valor sube.
Ese 7,5% se apoya en dos supuestos que nadie firma: que el dividendo se mantenga y que la empresa pueda pagarlo en dinero contante. La historia reciente del valor sugiere cautela en ambos.
El dividendo en acciones que no reparte efectivo
Telefónica eligió el
scrip dividend para 2020 y lo dejó confirmado para 2021. Traducido: en lugar de repartir caja, se amplía capital y se entregan acciones nuevas. Hay quien lo describe como una ampliación de capital disfrazada, con la que los dividendos quedan en
mera ilusión contable. El mecanismo no es exclusivo de la teleco; el Santander lo usó durante años para repartir retribución sin soltar un euro.
El precedente doméstico tampoco ayuda. Hace una década, la dirección del grupo llegó a proponer un dividendo de
1 euro por acción. Hoy el pago se discute en céntimos. Entre una cosa y otra, el accionista ha visto cómo su retribución se estrechaba mientras el precio se despeñaba.
De 30 euros a 3: la empresa que vende activos para pagar deuda
«Ha bajado de 30 a 3», resume una de las intervenciones más repetidas. La lista de desinversiones de la última década es larga: Cesky Telecom, las operaciones en Centroamérica, los
data centers, Antares —la filial que gestionaba el seguro médico de los empleados en España— y Telxius, entre otras. La tesis que se sostiene es incómoda: es una compañía que genera beneficios, sí, pero que no crece y que vende patrimonio para adelgazar el pasivo.
Telefónica cotiza por debajo de los
19.000 millones de euros de capitalización y camina hacia sus mínimos anuales, situados en 3,38 euros. Desde el análisis técnico se avisa de que no se descarta perder ese suelo y caer hasta los 2,50. La competencia de operadores más ágiles en cada negocio y el escaso potencial estructural de crecimiento aparecen en todos los informes.
Las torres, Cellnex y el debate sobre activos infravalorados
La venta de torres por
7.700 millones —unos 9.400 millones de dólares— colocó a American Tower en Europa y reabrió una pregunta incómoda: si esos activos valían eso, ¿cuánto valen los demás? La comparación con Cellnex es inevitable y va en las dos direcciones. Unos sostienen que los activos de Telefónica estaban infravalorados; otros replican que Cellnex peca justo de lo contrario, de valorar en exceso los suyos.
La conclusión de fondo no cambia: quien compra Telefónica compra un negocio intensivo en capital, dependiente de la deuda y con los accionistas al final de la cola.
Enagás, Endesa, ACS o directamente el Nasdaq
Frente al valor, las alternativas que se enumeran son conservadoras: Enagás, Endesa y ACS, con la advertencia de que la regulación europea de las telecomunicaciones es la variable que puede cambiarlo todo. Hay quien prefiere Atresmedia, con un 5% neto en junio y otro tanto en diciembre. Y quien directamente descarta la renta variable española y coloca el dinero en fondos de renta variable asiática o tecnológica.
El coste de oportunidad es el argumento más repetido: lo invertido en la teleco, puesto en un valor tecnológico, habría multiplicado. La bola de cristal, en cambio, no la tiene nadie.
Un 15% después, pero ya fuera
La acción llegó después a
4,06 euros: un 15% por encima del precio de compra. La posición estaba cerrada, con sus 211 euros de pérdida. Tres mil acciones, dos decisiones y una pregunta que se queda sin respuesta: si el precio de entrada era tan bueno, ¿por qué se salió al día siguiente?