Gijón: la vivienda sube un 60% desde 2020 y nadie se pone de acuerdo
En agosto de 2020, un piso de 90 metros cuadrados en el centro de Gijón costaba 300.000 euros más IVA, según un participante. Cinco años después, el mismo perfil se ha revalorizado casi un 60%, según los datos que manejan quienes siguen el mercado local. La pregunta que planea sobre la ciudad no es si los precios son altos, sino si responden a algo real o a una burbuja alimentada por compradores de fuera.
El debate arrancó con un profesional en remoto que buscaba mudarse desde Madrid a una ciudad costera del norte. Descartó Ferrol por su declive demográfico y puso el foco en Gijón, Santander y A Coruña. Su conclusión inicial fue que los precios eran desproporcionados para los sueldos medios y las perspectivas de la ciudad. La respuesta no se hizo esperar: desde el propio mercado local le señalaron que por menos de 300.000 euros se podían encontrar caserones, aunque él insistía en su preferencia por pisos céntricos.
La evolución de los precios: del escepticismo a la sorpresa
El hilo, que se ha extendido durante más de seis años, recoge un cambio de narrativa notable. En 2020, algunos participantes consideraban que 65.000 euros era un precio razonable para un piso decente en la ciudad. Hoy, esa cifra provoca risas entre quienes conocen el mercado.
Un incremento del 20% solo en el último año y una subida acumulada del 60% desde agosto de 2020 dibujan un escenario que nadie anticipó.
Los datos que se manejan en la conversación apuntan a que
pisos antiguos en zonas como Viesques se venden por más de 400.000 euros, y que la demanda extranjera y de otras regiones españolas está tensionando el mercado. La paradoja es que, mientras algunos barrios experimentan bajadas testimoniales, el conjunto de la ciudad sigue una tendencia alcista que desconcierta incluso a los locales.
¿Es Gijón una oportunidad o una trampa?
La división de opiniones es profunda. Por un lado, están quienes defienden que Gijón ofrece una calidad de vida difícil de igualar: playas urbanas, sanidad pública bien valorada, seguridad y un clima suave en comparación con el interior. Argumentan que la ciudad sigue siendo relativamente barata frente a Madrid o Barcelona, y que el turismo y la llegada de nómadas digitales sostendrán los precios.
En el otro extremo,
se señala el invierno demográfico y el cierre de industria como lastres estructurales. La pérdida de población joven, la dependencia de sectores maduros y la falta de oportunidades laborales cualificadas dibujan un panorama poco halagüeño. Desde esta óptica, los precios actuales no se sostienen sobre fundamentos sólidos, sino sobre una ola de compradores externos que puede revertirse.
El factor verano y la presión turística
Un elemento que aparece con fuerza en la discusión es la estacionalidad.
En verano, la población de Gijón se dispara y la ciudad se convierte en un hervidero de visitantes. Ese pico de demanda estacional se traslada al
mercado inmobiliario, con precios que se comportan de forma distinta según la época del año. Algunos participantes sostienen que la ciudad puede pasar de 400.000 habitantes en invierno a cerca de un millón en temporada alta, una horquilla que refleja la intensidad del fenómeno.
Esa presión turística tiene consecuencias directas sobre el alquiler y la compraventa. Los pisos cercanos a la playa de San Lorenzo y al puerto deportivo son los más codiciados, y sus precios lo reflejan. La zona de La Arena, con edificios altos de los años 60 y calles amplias, se perfila como uno de los barrios más demandados, con precios que rondan los 300.000 euros para pisos de 100 metros cuadrados y tres habitaciones.
La sombra de Detroit y el fantasma del declive
La comparación con Detroit, lanzada en el debate, no es gratuita.
La ciudad ha perdido 50.000 jóvenes en una década, según una de las afirmaciones que circulan, y el envejecimiento poblacional es una realidad que afecta a toda Asturias. Quienes defienden esta tesis sostienen que Gijón camina hacia un modelo de ciudad para jubilados y turistas, con una economía cada vez más dependiente de los servicios y menos de la industria.
Frente a esta visión, otros argumentan que Gijón no es Detroit ni lo será. La ciudad mantiene un tejido productivo diversificado, con un hospital universitario público y cuatro privados, una universidad y una posición geográfica privilegiada. La clave, dicen, está en si será capaz de atraer y retener talento joven en un contexto de competencia global por el trabajo remoto.
El futuro incierto de los precios
La pregunta que sobrevuela todo el análisis es si los precios actuales son sostenibles.
La subida del 60% en cinco años ha superado todas las previsiones, y algunos empiezan a ver señales de agotamiento. Pisos que llevan dos años en el mercado sin venderse, bajadas de precio tímidas y una cierta moderación en la demanda empiezan a aparecer en barrios concretos.
Sin embargo, la tendencia general sigue siendo alcista. La escasez de obra nueva, la demanda embolsada y el atractivo de la ciudad para compradores de otras regiones mantienen la presión sobre los precios. La incógnita es cuánto tiempo puede durar esta dinámica sin que los fundamentos económicos la respalden.
Con estos mimbres, la decisión de comprar en Gijón se convierte en un ejercicio de fe. ¿Es el momento de entrar o de esperar? La respuesta depende de si uno cree que la ciudad tiene un futuro más parecido al de San Sebastián o al de Detroit. Y eso, hoy por hoy, nadie lo sabe.