Incendios y España vaciada: la vuelta al campo como revolución
¿Qué hay detrás de la crítica a los urbanitas que solo pagan impuestos y se desentienden del medio rural? Un comunicado que ha circulado con los incendios forestales como excusa sostiene que el Estado y el capital vaciaron el campo de forma deliberada para dominar mejor a la población. Desde la desamortización de Madoz en 1855 —que según esta tesis expropió un tercio de la extensión de España a los pueblos— hasta el franquismo, que empujó a 6 millones de personas a las ciudades, todo habría sido orquestado. La solución, para quienes firman el texto, es una vuelta al mundo rural, pero enmarcada en un proyecto revolucionario que incluya el derecho a portar armas para defenderse del poder.
La respuesta práctica no se hace esperar: buena parte de la España que arde no tiene habitantes permanentes. "Duermen allí pero no viven en el campo", resume una de las intervenciones. El dilema está servido: sin población rural estable, la gestión de los bosques se deja en manos de administraciones que, según el comunicado, son parte del problema. Y el retorno no es sencillo: requiere, según los más radicales, una revolución integral que el lector medio no tiene clara.
Entre la nostalgia rural y la crítica al Estado, el debate deja una conclusión incómoda: mientras los incendios arrasan, la distancia entre el diagnóstico y la propuesta es tan grande como la que separa el extrarradio de Madrid de las aldeas de Ávila. Los manuales revolucionarios se descargan, pero el fuego no espera.