Cataluña estrena la primera consulta pública de patologías por sexo anal
El Hospital Universitario Germans Trias, en Badalona, ha puesto en marcha la primera consulta de la sanidad pública española centrada en patologías relacionadas con el sexo anal: hemorroides, fisuras, espasmos, infecciones de transmisión sexual y dolor. Funciona en prueba piloto, cada quince días, con una media de cuatro a cinco pacientes por sesión. La dirige la Unidad de Coloproctología del centro y la codirigen el doctor Javier Corral y la doctora Sandra Vela. El objetivo declarado es romper el estigma y tratar al paciente sin tapujos.
El detalle que conviene retener es otro. La mayoría de los atendidos son hombres que tienen sexo con hombres, pero también acuden mujeres y varones heterosexuales, derivados desde Ginecología, Dermatología, Enfermedades Infecciosas o Psiquiatría. Es decir: la demanda existía y estaba dispersa por el sistema. Lo que cambia no es el catálogo de dolencias, sino el circuito por el que llega el paciente.
Qué patologías trata y por qué se derivan desde otras especialidades
El propio Corral lo explica sin rodeos: «en muchas ocasiones, estos pacientes no tienen dónde acudir o no se atreven a expresar de forma abierta su patología». Van de un médico a otro. Si el paciente no menciona la práctica que originó el problema, el tratamiento puede quedar mal dirigido. La consulta existe, en teoría, para que esa información circule.
Hay un matiz clínico que el centro subraya y que suele perderse en la bronca: el interés por ofrecer «tratamientos menos agresivos y con menos cirugía para que no se altere su función sexual». Traducido: no todo se resuelve cortando.
El argumento del estigma y el cribado que dejaba fuera a pacientes sin VIH
En Cataluña ya había centros especializados en VIH que atendían estas patologías, con cribados de infecciones de transmisión sexual y de virus del papiloma humano. El problema, según el hospital, es que quien no tenía VIH no entraba en esos circuitos, aunque practicara sexo anal y tuviera más riesgo de infecciones anales. La consulta nueva cubre ese hueco. «Luchar contra el estigma es clave», insiste Corral, que remata con un deseo: «ojalá se abran muchas otras unidades más».
La factura: quién paga la consulta y qué se discute de fondo
Aquí es donde el asunto deja de ser sanitario y entra en la caja. La objeción más repetida no niega que las fisuras y las hemorroides existan —son frecuentes también en quien no practica sexo anal—, sino que se dedique una unidad monográfica a una práctica concreta mientras la sanidad pública acumula listas de espera. El argumento que gana peso es el del coste de oportunidad: cada euro asignado a un circuito específico es un euro que no va a otro sitio.
La defensa técnica es que el gasto marginal es pequeño: dos profesionales, una consulta cada quince días, cuatro o cinco pacientes. Difícil de sostener como despilfarro y difícil de vender como prioridad. Ambas cosas pueden ser verdad a la vez.
El choque cultural que ha convertido una consulta en un campo de batalla
El asunto ha derivado en algo más grande. Una parte del público lee la noticia como un síntoma de hacia dónde va el gasto público y qué se considera prioritario. Otra responde que el sistema sanitario está para tratar a quien lo necesita, sin juicios morales. Y en medio, quien recuerda que el médico ya estaba obligado a tratar estas dolencias antes de que existiera la consulta.
La discusión de fondo no es anal. Es fiscal y cultural: qué se financia con impuestos, con qué criterio y quién decide ese criterio. La consulta de Badalona es la anécdota. La pelea por el reparto es la película.
¿Y si mañana se abre una unidad equivalente para otra práctica de riesgo? La pregunta no es retórica: es la que decide si esto es una excepción razonable o el primer capítulo de algo más largo.