Por qué Ceuta y Melilla no son comunidades autónomas como el resto
Ceuta y Melilla no son comunidades autónomas. Son ciudades autónomas, y esa diferencia administrativa —no solo nominal— es la que alimenta una pregunta que reaparece cada vez que la frontera sur entra en los titulares: ¿son territorios iguales al resto de España? La respuesta corta es que no. La larga depende de qué se entienda por igualdad, y ahí el consenso se rompe en pedazos.
Ciudades autónomas, no comunidades: qué cambia realmente
Ambas plazas cuentan con estatuto de autonomía propio, aprobado en 1995, pero por una vía distinta a la que siguieron las comunidades peninsulares. El paquete competencial que gestionan es menor y su encaje institucional no replica el de una comunidad de régimen común. De ahí sale el primer eje del desacuerdo: hay quien sostiene que ese estatus diferenciado convierte a las dos ciudades en algo distinto a una región ordinaria, y quien responde que un estatuto propio no resta un ápice de españolidad.
El segundo eje es geográfico, y es el más incómodo. Ceuta y Melilla están en África. También Canarias, que sí es comunidad autónoma y nadie discute. El razonamiento que se desliza es simple: si se defiende con firmeza la frontera europea frente a la presión migratoria que llega desde el continente vecino, resulta llamativo negar después que estas dos ciudades son, físicamente, parte de ese mismo continente.
Soberanía, historia y el choque de premisas
La discusión jurídica choca con una mucho más antigua. Una corriente de análisis sostiene que la soberanía real de los territorios poco tiene que ver con la historia o la moral, y que un territorio es de quien puede mantenerlo: el derecho viene después, como justificación. La respuesta a esa tesis es que, llevada al extremo, cualquier mapa del mundo se vuelve provisional.
Sobre la mesa hay dos premisas incompatibles. La primera afirma que Ceuta y Melilla arrastran un estatus de facto colonial, precisamente por no gozar del mismo tratamiento político y administrativo que los territorios peninsulares. La segunda responde que son españolas desde hace siglos, que Marruecos como Estado ni existía cuando se consolidó esa presencia, y que otros territorios —Cuba, Filipinas, buena parte de Sudamérica, incluso zonas de Italia y Holanda— sí dejaron de serlo, lo que demuestra que la permanencia no es automática ni eterna. Quien defiende la primera premisa pregunta por qué estas sí y aquellas no; quien defiende la segunda, por qué habría que aplicarles un rasero distinto.
[HIGHLIGHT]Aquí el análisis se atasca y no hay dato que lo desatasque: nadie ha definido todavía, con criterio operativo, qué convierte a un territorio en colonia y qué lo convierte en parte plena de un país. Mientras esa definición no exista, la pregunta seguirá teniendo dos respuestas correctas y ninguna demostrable.[/HIGHLIGHT]