Por qué te cobran un céntimo por artículo en Leroy Merlin
¿Por qué aparece una línea de «contribución a la gestión del residuo» en el tique de un tornillo? La duda la planteó un cliente al ver que cada artículo comprado en la ferretería sumaba un cargo a mayores. Primero habló de un euro. Luego lo corrigió: era
un céntimo. Pero el asunto no es el importe, sino la pregunta de fondo: si el residuo lo tira él en el punto limpio del ayuntamiento, ¿por qué paga por gestionarlo?
Qué es la contribución a la gestión del residuo y por qué aparece en la factura
La respuesta está en Bruselas. El cargo procede de la
Directiva Europea 2019/904, recogida en España por la
Ley 7/2022, que grava con
0,45 € por kilo el plástico no reutilizable de los envases. Y desde este año las facturas deben reflejar lo que la empresa paga a su SCRAP —Ecoembes o similar— por poner envases en el mercado.
Afecta a todo el que meta un envase en circulación, incluidas las pymes. No es una ocurrencia de la tienda de bricolaje: es un coste repercutido al cliente final que aparece también al comprar electrónica. La consecuencia práctica es que
el consumidor paga dos veces: una en la caja y otra separando la basura en casa.
El autocobro y la caja sin nadie: el otro frente del malestar
La conversación derivó pronto hacia otro blanco. Varias cadenas —Decathlon y Leroy Merlin entre ellas— han llevado al extremo las cajas de autocobro:
una sola persona atendiendo seis terminales, personas mayores resolviéndose solas y colas cuando algo falla. Ahí no se discute el céntimo, sino el trabajo gratuito. Quien paga y encima cobra. Hasta hubo quien preguntó, medio en broma, si un envase al vacío quedaría exento.
¿Enriquece el reciclaje al consumidor o solo al concesionario?
El escepticismo se extiende al sistema entero. Hay quien sostiene que el reciclaje es un negocio para quien tiene la concesión: te cobran por un material tuyo que después revenden. Y hay análisis más duros: que buena parte de los plásticos no se recicla, que los sistemas de responsabilidad ampliada han sido señalados en irregularidades y que el debate climático esquiva el problema real, los residuos y los compuestos permanentes que ya aparecen en la mayoría de la población.
Al final, el céntimo acaba siendo lo de menos. El cliente paga el envase, paga su gestión, lo separa en casa y, si tiene suerte, encuentra a alguien en la caja que le explique por qué.