Una trabajadora social llama «vagos» a los canarios y desata la polémica
Una trabajadora social de origen venezolano empleada en el centro de migrantes de Las Raíces, en Tenerife, habría llamado «vagos de mierda» a los canarios en un vídeo difundido en redes, según un tuit que acumula miles de visualizaciones. La frase, recogida en ese tuit, ha incendiado el debate sobre inmigración, turismo y mercado laboral en el archipiélago. No es una anécdota aislada: es la chispa que ha prendido en una discusión mucho más profunda sobre quién trabaja, quién cobra y quién paga la fiesta.
El centro de Las Raíces, en Tenerife, es un campamento de acogida para migrantes llegados a Canarias. Allí trabajaría la mujer que protagoniza el vídeo. Su afirmación —que para ella «todo es un negocio» y que los canarios son unos vagos— ha sido recibida con indignación por una parte de la población, pero también con un inquietante «tiene razón» por otra. La polémica no es solo sobre lo que dijo, sino sobre lo que revela: la tensión entre una población local que se siente desplazada y un sistema de acogida que algunos perciben como un negocio.
El negocio de la acogida: ¿quién gana con los migrantes?
El vídeo no solo insulta: acusa. La trabajadora social afirma que «todo es un negocio» en el centro de Las Raíces. Esa frase ha resonado con fuerza entre quienes llevan años denunciando que la gestión de la inmigración se ha convertido en un sector económico más. Hay quien sostiene que los centros de acogida generan empleo y contratos públicos, y que eso explica que nadie quiera cerrarlos. En contra pesa el argumento de que esos mismos centros son la única respuesta humanitaria posible ante una llegada masiva de personas.
La discusión deriva rápidamente hacia el mercado laboral. Una parte de los mensajes sostiene que los migrantes aceptan condiciones que los locales rechazan, lo que presiona a la baja los salarios y precariza el empleo. Otros responden que eso es precisamente lo que buscan los empresarios: mano de obra dispuesta a trabajar por menos. El resultado, dicen, es un dumping laboral que perjudica a todos.
Canarios y venezolanos: el choque de dos diásporas
La historia tiene una ironía que no se le escapa a nadie: Canarias fue durante décadas una tierra de emigración. Miles de canarios se marcharon a Venezuela en busca de trabajo. Ahora, sus descendientes llegan a las islas huyendo de la crisis venezolana. Ese cruce de caminos ha convertido el debate en un ajuste de cuentas histórico. Hay quien recuerda que los canarios que emigraron a Venezuela «murieron todos de hambre y no retornaron con las alforjas llenas de matarse a trabajar», según una frase que circula en la discusión.
La respuesta no se ha hecho esperar. Otros replican que los venezolanos que llegan ahora tampoco vienen precisamente a trabajar, y que muchos se quejan de los canarios mientras viven de ayudas. La tensión entre ambos colectivos es real y se alimenta de estereotipos por ambas partes. El resultado es un círculo vicioso de reproches que no resuelve nada.
El turismo y el petróleo: los recursos que Canarias no explota
Una parte del debate se centra en los recursos naturales. Canarias vive del turismo, pero algunos mensajes señalan que la isla no explota otras fuentes de riqueza, como el petróleo. «No quieren turismo, no quieren petróleo, no se mueven si se les invaden», resume un mensaje que ha sido ampliamente secundado. La idea de fondo es que Canarias podría ser más próspera si no fuera por una clase política que prefiere mantener a la población dependiendo de ayudas.
Esa narrativa choca con la realidad de un archipiélago que, según varios mensajes, tiene en el sol su principal —y casi único— recurso. La dependencia del turismo es total. Cualquier crisis global golpea directamente a las islas. La pregunta que sobrevuela el debate es si Canarias tiene un modelo económico alternativo o si, simplemente, está condenada a depender de los visitantes.
Las cifras que nadie quiere mirar
El debate se llena de datos sueltos. Se menciona que cada semana entran al país 5.000 personas en cayuco y 2.000 más por otras vías. Se habla de contratos de media jornada que no cubren ni el salario mínimo. Se denuncia que los empresarios prefieren contratar migrantes porque aceptan condiciones que los locales rechazan. Y se recuerda que los canarios que emigraron a Venezuela no volvieron precisamente ricos.
Lo que falta, según varios mensajes, es un análisis serio de las cifras reales: cuántos migrantes llegan, cuántos trabajan, cuánto cotizan y cuánto reciben en ayudas. Sin esos datos, el debate se convierte en una guerra de impresiones. Y mientras tanto, la frase de la trabajadora social sigue circulando.
¿Es la indignación por un insulto o el síntoma de algo más profundo? La respuesta, como casi siempre, depende de a quién se le pregunte.