Cuánta población es NPC: las estimaciones van del 8% al 97%
El
97%. Esa es una de las cifras más manejadas cuando alguien intenta poner número a la población que vive en modo automático, sin criterio propio ni vida interior. No procede de ninguna encuesta. Un forista cuenta que se la escuchó de viva voz hacia 1998 y compite con estimaciones que van del 8% al 99% para medir exactamente lo mismo. Con semejante abanico, hablar de precisión es un chiste. Y aun así, la etiqueta
NPC —non-player character, el personaje de relleno de un videojuego— se ha colado en conversaciones sobre conciencia, control social y psicopatía hasta funcionar como categoría de análisis cotidiana.
Por qué las cifras van del 8% al 97%
El libro
Alien Cicatrix, citado en el hilo, deja el porcentaje de almas en un
8%. Otros reparten según el principio de Pareto: un 80/20, con un
20% de personas con alma en potencia y entre un 70% y un 80% de los votantes dentro de la categoría de relleno. Hay quien sube la proporción al
85% con un criterio no espiritual sino económico: quien lleva más de quince años en el mismo puesto, cobra menos de 2.000 euros al mes y carga con hipoteca o alquiler es, por definición, un esclavo, y por tanto un NPC. Otro tramo, más amplio, sitúa en el
95% la población de rebaño en España. Y en el extremo, el 99% que se atribuye a lo vivido durante la crisis sanitaria. ¿Respaldo empírico? Ninguno. Son estimaciones sin base verificable, construidas por acumulación de intuiciones.
Cómo se identifica a un NPC: el disco rayado
El rasgo más citado no es ideológico, es conductual: la repetición. Quien va con el guion puesto vuelve siempre al mismo argumento, da igual la evidencia que se le muestre, concede un punto y a las horas regresa al punto de partida. Nunca admite, ni de lejos, estar equivocado. A eso se suman una supuesta falta de empatía real y la pasividad ante el abuso: cuando alguien con poder aplasta a alguien sin poder delante de testigos, el relleno no levanta la voz.
El protocolo de comprobación que se describe es sencillo. Se abre un tema de actualidad con el marco de siempre, se ofrece la versión alternativa y se encadenan datos hasta que el interlocutor tenga que elegir entre sostener una mentira evidente o moverse. Si se mueve, hay duda razonable. Si vuelve al guion en cuanto se le da la espalda, no. Añádese un indicador más incómodo: la afirmación de que al menos el
50% de la población no mantiene diálogo interno —pensaría hablando o escuchando—, cifra imposible de verificar y perfectamente coherente con la idea de que la mayoría se limita a responder a estímulos.
Mente colmena, psicópata y portal orgánico
Aquí el marco se parte en dos y conviene no mezclarlo. De un lado, la mente colmena: una conexión colectiva —identificada con el chakra raíz— que opera por instinto de supervivencia y empuja a todos, también a los despiertos, a repetir conductas gregarias. Del otro, el psicópata de manual, consciente, frío y calculador, que se alimenta de la parte emocional e ingenua de los demás. El NPC sería la pastilla azul; el psicópata, el agente con control real. Confundirlos importa: la manipulación puntual puede tener origen inconsciente; el daño planificado, no.
Sobre el término
portal orgánico hay más fricción. Hay quien reconoce haber mantenido conversaciones profundas con quien en teoría no debería tener vida interior, y extrae de ahí una conclusión incómoda: el criterio simplista no funciona.
El voto, la vacuna y los indicadores de brocha gorda
Los atajos son los más discutidos. Se sostiene que entre un 70% y un 80% de quienes acuden a votar encaja en el perfil, y que el porcentaje se disparó con la gestión de la pandemia. Se citan los datos oficiales de cobertura de vacunación —un
93% de pauta con ARN mensajero en España y hasta el 100% entre los mayores de 65 en casi todas las comunidades— como prueba de acatamiento masivo. Esas lecturas no están respaldadas por ninguna evidencia y no distinguen entre creer el relato, no querer problemas o tener miedo. Sobre eso hay un desacuerdo limpio: clasificar de NPC a quien se pliega simplifica un problema viejo, el de la valentía, que no se mide con un porcentaje.
El riesgo de llamar NPC a la gente buena pero simple
La advertencia más interesante es la inversa. Convertir «NPC» en improperio puede ser una forma cómoda de deshumanizar a quien simplemente es ingenuo, sencillo y poco dado a la reflexión profunda. Y la ingenuidad suele ir de la mano de la bondad, no de la maldad. También hay quien recuerda que el aislamiento no arregla nada: la intuición se entrena, y el criterio se afila usándolo para decidir dinero y detectar personas, no recitando teorías.
Queda la paradoja. Cuanto más precisa se pretende la cifra, menos se sostiene: 8, 20, 85, 95, 97, un margen tan absurdo que desmiente el propio ejercicio de medir. Si mañana alguien apareciera con un método serio, ¿qué haría más daño al marco: que le saliera un 8% o que le saliera un 97%?