Tasar una cubertería de plata: la ley 925 manda sobre el diseño
Una cubertería de plata no vale lo que costó. Vale lo que pesa. Es la respuesta que recibe cualquiera que intente
tasar una cubertería de plata heredada, y el matiz llega justo después: hay quien apunta que otro tipo de juegos, antiguos o de firma, podrían tener valor añadido, pero no es el caso de las cuberterías que la
banca colocó como producto de inversión hace años. El punto de partida, guste o no, es la cotización del metal por gramo. Con la cifra de
1.190 €/kg que uno de los participantes pone como ejemplo, todo lo demás es aritmética y desconfianza.
Por qué el gramo de lingote se paga mejor que el de una cubertería
El metal es el mismo. La pureza, no. La cubertería de ley se mueve en
925 milésimas, es decir, un 92,5% de plata, mientras que el lingote de inversión se acuña en 999. Esa diferencia se cobra al vender: el comprador paga plata fina y descuenta el trabajo de refinar lo que sobra. La horquilla puede ser peor de lo que parece. Hay quien apunta que muchos juegos podrían no llegar a 925 y quedarse en 916 o 900, y que comprobar el sello antes de pagar no es prudencia, es obligación.
La trampa clásica está en los cuchillos. Las hojas no son de plata, son de acero inoxidable, así que en cualquier tasación por peso se descuentan y el vendedor tiende a olvidarlo. En el hilo se enlaza el anuncio de un juego de cuchillos de acero inoxidable con baño de plata comprado a plazos por
399 euros, que quien lo cita pone como ejemplo de lo que la banca vendía en aquellas campañas. Contrastar el sello es el filtro que evita pagar por plata lo que es otra cosa.
¿Cuánto hay que rebajar el precio para que la compra tenga sentido?
Un
40% por debajo del valor en peso. Ese es el umbral que apunta uno de los foreros: por encima, la operación no tiene margen; por debajo, puede interesar a quien quiera el servicio de mesa y no la inversión. El razonamiento, según ese mismo cálculo, es que si el objetivo es revender con destino a fundición, el siguiente comprador se quedará su 25%, y ese porcentaje sale de alguna parte.
Comprar es fácil. Vender no. La liquidez de una cubertería es pésima comparada con una moneda o un lingote: depende de encontrar a alguien que quiera exactamente ese modelo. Los
compro oro, que pagan en el acto, son también los que menos ofrecen, según cuenta un forero con experiencia en ventas. La subasta funciona a medio plazo, pero con el riesgo conocido: o se regala la pieza o se queda en casa ocupando armario.
Cubertería, monedas o lingotes: qué se vende antes
Para inversión pura, la conclusión es aburrida: monedas y lingotes. El gramo es más barato, la ley es superior y la reventa tiene mercado permanente. La cubertería solo tiene sentido si se compra para usarla o si el descuento sobre el peso es agresivo. Y para las piezas dañadas, quien tiene ese mismo juego cuenta que recurre al servicio técnico de la platería, con sustitución de cubiertos sueltos, para mantener el juego completo sin recomprarlo entero.
Que la plata suba no cambiará gran cosa. La cubertería seguirá tasándose por peso, con el descuento de siempre, y los cuchillos seguirán sin contar. Solo si el metal se dispara lo suficiente como para que el refinado salga a cuenta se verá movimiento real en este mercado. Y eso es una apuesta, no un dato.