Argentina abre la puerta a pactar contratos en bitcoins o en especie
La canciller Diana Mondino confirmó por redes que en
Argentina se podrán pactar contratos en bitcoins y en cualquier otra criptomoneda, y también en especie: kilos de novillo o litros de leche. La medida forma parte del paquete de desregulación económica que el gobierno argentino empezó a aplicar esa semana. Sobre el papel es una respuesta a un problema muy concreto: un peso que se deshace mes a mes. En la práctica, abre un abanico de escenarios que van del ingenio comercial al esperpento, y eso es exactamente lo que se ha discutido desde que saltó la noticia.
Qué dice exactamente la medida y por qué se toma
El anuncio lo hizo la propia canciller: «ratificamos y confirmamos que en Argentina se podrán pactar contratos en Bitcoin y también cualquier otra cripto y/o especie como kilos de novillo o litros de leche». Traducido: el empleador y el trabajador podrán cerrar un contrato de trabajo referenciado a cualquier activo, no solo a la moneda de curso legal.
El contexto que da sentido a la medida es la inflación. Según un cálculo que circula en el debate, con un 140% anual en el dato oficial, un salario pactado en pesos a principios de mes vale menos cuando se cobra: quien empieza el mes con un sueldo de 1.000 pesos termina cobrando el equivalente a 870 en términos reales. Mes a mes. La conclusión que sacan algunos es que casi cualquier referencia —dólares, cripto, grano, carne— es mejor que el peso para fijar un salario.
Hay una segunda lectura, menos amable: la medida no arregla el problema de fondo, lo esquiva. Si el dinero de papel no sirve como referencia de valor, el contrato se ancla a otra cosa. Eso es un parche, no una solución.
El argumento de la libertad contractual y su reverso
La defensa más repetida es la del pacto libre. Si el trabajador acepta, ¿dónde está el problema? Una empresa que fabrica cubiertos puede pagar parte del salario en cubiertos, el trabajador los vende y con eso paga la luz. Si no acepta, el empresario se queda sin mano de obra. El mercado se regula solo, dice esta corriente.
El reverso es la asimetría de poder. El trabajador medio no negocia su salario en igualdad de condiciones, y menos en una economía con desempleo y necesidad. Aceptar cuencos de arroz no es una elección libre cuando la alternativa es no cobrar nada. Y hay un problema práctico que nadie resuelve: si te pagan en especie, ¿con qué pagas la factura de la luz o la gasolina? Alguien tendrá que comprarte los cubiertos, y ese alguien tendrá que tener dinero para comprarlos.
El problema fiscal que nadie ha contestado
La pregunta más incómoda es la del impuesto sobre la renta. Si cobras en especie, ¿cómo se declara? ¿El Estado recauda en kilos de novillo y paga con ellos a sus funcionarios? La medida no viene acompañada, en lo que se ha discutido, de una respuesta clara. Es el tipo de detalle que decide si una norma es viable o es un titular.
De la ironía al precedente histórico
La retribución en especie no es ninguna novedad histórica. Existe desde que existe el trabajo, y en economías con moneda destruida ha sido la norma, no la excepción. Lo llamativo no es que se permita, sino que se presente como una conquista de libertad.
El cierre del debate tiene un dato que descoloca: si el peso pierde valor cada mes, cobrar en cuencos de arroz estables durante un año puede ser, en términos reales, mejor negocio que cobrar en pesos. Esa es la medida real del desastre.