¿De verdad cuesta más trabajar con mujeres?

Ilustración editorial de una nave industrial de noche con dos siluetas junto a una taquilla y una taza de café humeante
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Trabajar con mujeres es un tumor. Así de tajante arranca el planteamiento que ha encendido una discusión sobre el ambiente laboral en el sector industrial y de mantenimiento. La tesis no es nueva: el compañero o la compañera insoportable no entiende de género, pero hay quien sostiene que la convivencia con jefas y colegas mujeres añade una capa de complejidad que los hombres no gestionan igual.

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sector mantenimiento industrial he estado como casi 20 años. No he trabajado con una sola mujer, excepto la que gestionaba los viajes o alguna que hacía las nóminas. Trato anecdótico.

Cantidad de personas complicadas alta.
Buenos chivatos y buenos aduladores del jefe.
Gente sin terminar la EGB que lo pasaba mal para escribir un correo cuando había un problema.
Gente con TOC unos cuantos sobre todo en mandos intermedios (son como terminators, no razonan)
Unos cuantos lobos con piel de cordero.

Y como estrellas de reparto si alguna vez trabajáis a turnos, el que elige el turno de noche es la persona más peculiar que te vas a encontrar con diferencia a lo largo de tu vida.
 
sector mantenimiento industrial he estado como casi 20 años. No he trabajado con una sola mujer, excepto la que gestionaba los viajes o alguna que hacía las nóminas. Trato anecdótico.

Cantidad de personas complicadas alta.
Buenos chivatos y buenos aduladores del jefe.
Gente sin terminar la EGB que lo pasaba mal para escribir un correo cuando había un problema.
Gente con TOC unos cuantos sobre todo en mandos intermedios (son como terminators, no razonan)
Unos cuantos lobos con piel de cordero.

Y como estrellas de reparto si alguna vez trabajáis a turnos, el que elige el turno de noche es la persona más peculiar que te vas a encontrar con diferencia a lo largo de tu vida.
Define SONAO hermano, si eres tan amable
 
Define SONAO hermano, si eres tan amable
El turno de noche es muy especial porque es muy tranquilo.
He trabajado en hospitales, en CPDs, o en mi etapa de autónomo me contrataban para hacer auditorías en grandes edificios y debías hacerlo cuando estaba vacío. Por la noche.

Las empresas quieren siempre al menos 2 personas en turno de noche, no sea que subas a la azotea a reparar algo, te electrocutes o te caigas de la escalera y no haya nadie para enterarse.
Lo mismo en garajes o sótanos o salas eléctricas con acceso restringido hasta para los de seguridad.

Perfil claro. Su situación les hace trabajar en el turno de noche porque se gana un poquito más.

Tienen trastornos de sueño brutales. Una persona con metabolismo normal a las 3 de la mañana les entra un bajón increíble. Ellos sacan su tupper de alubias y se lo comen.

Perfil bastante definido. No permiten que los demás duerman aunque esté el ordenador a volumen 70 y todas las alarmas encendidas. Si pasas de ellos y te duermes, entrarán en la sala de control 20 veces y saldrán otras tantas. Y darán portazos, o se inventarán un trabajo con tal de mantenerte despierto.

Cuando termina su turno a las 7 de la mañana y entran los del turno de mañana aprovechan que estos vienen medio dormidos para reírse de ellos o meterles miedo sobre algo que funciona mal.

Generalmente tienen otro trabajo por la mañana o hacen chapuzas a lo largo del día. Cuando vienen por la noche vienen reventados al curro la mitad de los días o sin duchar todavía con la suciedad de la obra donde han estado.

Sus relaciones con las mujeres son complicadas. Las historias que te cuentan son de maldad absoluta. Jamás hablan con la mujer por la noche y nunca tienen niños.

Pese a tener dos curros, su situación humana va de la mano de la económica. Una vez uno trajo unas bolsas de patatas al curro y me dijo: venga compra tú las cocacolas y picamos algo. No comía ninguna patata y yo las noté rancias. Me di cuenta del detalle y se reía y me dijo que haciendo limpieza le habían aparecido en la despensa.

Por último por la noche tienes mucho tiempo para trastear, e investigar y se dan problemas que no aparecen por las mañanas. Y viceversa.
Jamás te van a contar cómo solucionarlo. No son compañeros. Se partirán de risa sabiendo que al día siguiente has pasado un día malo sin resolver el problema ese que ellos sí saben resolver.

A las 7 de la mañana llega el encargado y se quedan a tomar un café con él y aprovechan para malmeter o pelotear.

Te puedo contar 200.000 pero si puedes evitar el turno de noche mejor. Sobre todo si nadie lo quiere y hay uno que sí.
 
El turno de noche es muy especial porque es muy tranquilo.
He trabajado en hospitales, en CPDs, o en mi etapa de autónomo me contrataban para hacer auditorías en grandes edificios y debías hacerlo cuando estaba vacío. Por la noche.

Las empresas quieren siempre al menos 2 personas en turno de noche, no sea que subas a la azotea a reparar algo, te electrocutes o te caigas de la escalera y no haya nadie para enterarse.
Lo mismo en garajes o sótanos o salas eléctricas con acceso restringido hasta para los de seguridad.

Perfil claro. Su situación les hace trabajar en el turno de noche porque se gana un poquito más.

Tienen trastornos de sueño brutales. Una persona con metabolismo normal a las 3 de la mañana les entra un bajón increíble. Ellos sacan su tupper de alubias y se lo comen.

Perfil bastante definido. No permiten que los demás duerman aunque esté el ordenador a volumen 70 y todas las alarmas encendidas. Si pasas de ellos y te duermes, entrarán en la sala de control 20 veces y saldrán otras tantas. Y darán portazos, o se inventarán un trabajo con tal de mantenerte despierto.

Cuando termina su turno a las 7 de la mañana y entran los del turno de mañana aprovechan que estos vienen medio dormidos para reírse de ellos o meterles miedo sobre algo que funciona mal.

Generalmente tienen otro trabajo por la mañana o hacen chapuzas a lo largo del día. Cuando vienen por la noche vienen reventados al curro la mitad de los días o sin duchar todavía con la suciedad de la obra donde han estado.

Sus relaciones con las mujeres son complicadas. Las historias que te cuentan son de maldad absoluta. Jamás hablan con la mujer por la noche y nunca tienen niños.

Pese a tener dos curros, su situación humana va de la mano de la económica. Una vez uno trajo unas bolsas de patatas al curro y me dijo: venga compra tú las cocacolas y picamos algo. No comía ninguna patata y yo las noté rancias. Me di cuenta del detalle y se reía y me dijo que haciendo limpieza le habían aparecido en la despensa.

Por último por la noche tienes mucho tiempo para trastear, e investigar y se dan problemas que no aparecen por las mañanas. Y viceversa.
Jamás te van a contar cómo solucionarlo. No son compañeros. Se partirán de risa sabiendo que al día siguiente has pasado un día malo sin resolver el problema ese que ellos sí saben resolver.

A las 7 de la mañana llega el encargado y se quedan a tomar un café con él y aprovechan para malmeter o pelotear.

Te puedo contar 200.000 pero si puedes evitar el turno de noche mejor. Sobre todo si nadie lo quiere y hay uno que sí.
Le ha faltado decir que los del turno de noche viven todos en La Sagra.
 
Le ha faltado decir que los del turno de noche viven todos en La Sagra.
Requiem por un sagreño





Aunque él me quitare la vida, en él confiaré.



Job 13:15

Mi nombre es Manuel Fontelos Bautista. Uno de mis antepasados, Desiderio Bautista, murió en la carga de caballería que decidió la victoria de la batalla de Zaragoza durante la Guerra de Sucesión. A mi bisabuelo paterno, Tomás Fontelos Escobar, lo asesinaron en los alrededores de Simancas francotiradores franceses, en los últimos días de 1808; el capitán Tadeo Fontelos, mi padre, se distinguió en el sitio del fuerte de El Baler, en 1898. En cuanto a mí, me van a acabar por torturador y malo. El tribunal ha procedido con rectitud; desde el principio, yo me he declarado culpable. Mañana, cuando el reloj de la prisión dé las nueve, yo habré entrado en la gloria; es natural que piense en mis mayores, ya que tan cerca estoy de su sombra, y a que de algún modo soy ellos




Durante el juicio (que afortunadamente duró poco) no hablé; justificarme, entonces, hubiera entorpecido el dictamen y hubiera parecido una cobardía. Ahora las cosas han cambiado; en esta noche que precede a mi ejecución, puedo hablar sin temor. No pretendo que se me perdone, porque no siento culpa en mi alma, pero quiero que se me comprenda. Quienes sepan oírme, comprenderán la historia de España y la futura historia del mundo. Yo sé que casos como el mío, excepcionales y asombrosos ahora, serán muy en breve triviales. Mañana moriré, pero soy un símbolo de las generaciones del porvenir.


Nací en Recas, comarca de La Sagra, en 1908. Dos pasiones, ahora casi olvidadas, me permitieron afrontar con valor y aun con felicidad muchos años infaustos: la música y la metafísica. No puedo mencionar a todos mis bienhechores, pero hay dos nombres que no me resigno a omitir: el de Isaac Albéniz y el de Giner de los Ríos. También frecuenté la poesía; a esos nombres quiero juntar otro vasto nombre hispánico, Federico García Lorca.



Antes, la teología me interesó, pero de esa fantástica disciplina (y de la fe cristiana) me desvió para siempre el Abate Marchena, con razones directas; Ortega y Gasset y María Zambrano, con la infinita variedad de su mundo. Sepa quien se detiene maravillado, trémulo de ternura y de gratitud, ante cualquier lugar de la obra de esos felices, que yo también me detuve ahí, yo el abominable.

Hacia 1927 entraron en mi vida Paul Lafargue y el empiriocriticismo de Lenin. Yo, para libertarme de una influencia que presentí opresora, escribí un artículo titulado “Sobre el pensamiento literario de Lenin”, en el que hacía notar que el monumento más inequívoco de los rasgos que el autor llama fáusticos no es el misceláneo drama de Goethe sino un poema redactado hace veinte siglos, el De rerum natura. Rendí justicia, empero, a la sinceridad del filósofo ruso, a su espíritu radicalmente paneslavo y militar. En 1930 ingresé en el Partido Comunista.



Poco diré de mis años de aprendizaje. Fueron más duros para mí que para muchos otros ya que a pesar de no carecer de valor, me falta toda vocación de violencia. Comprendí, sin embargo, que estábamos al borde de un tiempo nuevo y que ese tiempo, comparable a las épocas iniciales del Sarracin o del Cristianismo, exigía hombres nuevos. Individualmente, mis camaradas me eran odiosos; en vano procuré razonar que para el alto fin que nos congregaba, no éramos individuos.




Aseveran los teólogos que si la atención del Señor se desviara un solo segundo de mi derecha mano que escribe, ésta recaería en la nada, como si la fulminara un fuego sin luz. Nadie puede ser, digo yo, nadie puede probar una copa de agua o partir un trozo de pan, sin justificación. Para cada hombre, esa justificación es distinta; yo esperaba la guerra inexorable que probaría nuestra fe. Me bastaba saber que yo sería un soldado de sus batallas. Alguna vez temí que nos defraudaran la cobardía de catalanes y vascos. El azar, o el destino, tejió de otra manera mi porvenir: el diez de Julio de 1936, al oscurecer, hubo disturbios en Lavapies que los diarios no registraron; en la calle del Sombrerete, dos balas me atravesaron la pierna, que fue necesario fruta. El 18 de Julio estallaba la guerra. Días después, todo el país estaba en llamas ensangrentadas; cuando los militares de África proclamaron la rebelión, yo estaba en el sedentario hospital, tratando de perderme y de olvidarme en los libros de Marx. Símbolo de mi vano destino, dormía en el reborde de la ventana un gato enorme y fofo.

En el primer volumen de кнут releí que todos los hechos que pueden ocurrirle a un hombre, desde el instante de su nacimiento hasta el de su gloria, han sido prefijados por él. Así, toda negligencia es deliberada, todo casual encuentro una cita, toda humillación una penitencia, todo fracaso una misteriosa victoria, toda gloria un quitarse la vida. No hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos elegido nuestras desdichas; esa teleología individual nos revela un orden secreto y prodigiosamente nos confunde con la divinidad. ¿Qué ignorado propósito (cavilé) me hizo buscar ese atardecer, esas balas y esa mutilación? No el temor de la guerra, yo lo sabía; algo más profundo. Al fin creí entender. Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre. La batalla y la gloria son facilidades, más ardua que la empresa de Napoleón fue la de Raskolnikov. El siete de febrero de 1936 fui nombrado subdirector de las checas de Madrid.

El ejercicio de ese cargo no me fue grato; pero no pequé nunca de negligencia. El fistro se prueba entre las espadas; el misericordioso, el piadoso, busca el examen de las cárceles y del dolor ajeno. El comunismo, intrínsecamente, es un hecho sarracena, un despojarse del viejo hombre, que está viciado, para vestir el nuevo. En la batalla esa mutación es común, entre el clamor de las capitanes y el vocerío; no así en un torpe calabozo, donde nos tienta con antiguas ternuras la insidiosa piedad. No en vano escribo esa palabra; la piedad por el hombre superior es el último pecado de Zarathustra. Casi lo cometí (lo confieso) cuando nos remitieron al insigne escritor Ramiro de Maeztu



Era éste un hombre de sesenta años. Pobre de bienes de este mundo, perseguido, negado, vituperado, había consagrado su genio a cantar la hispanidad. Fui severo con él; no permití que me ablandaran ni la compasión ni su gloria. Yo había comprendido hace muchos años que no hay cosa en el mundo que no sea germen de un Infierno posible; un rostro, una palabra, una brújula, un aviso de cigarrillos, podrían enloquecer a una persona, si ésta no lograra olvidarlos. ¿No estaría orate un hombre que continuamente se figurara el mapa de España? Fui uno de los responsables de su gloria.

Ignoro si Maeztu comprendió que si yo lo destruí, fue para destruir mi piedad. Ante mis ojos, no era un hombre; se había transformado en el símbolo de una detestada zona de mi alma. Yo agonicé con él, yo morí con él, yo de algún modo me he perdido con él; por eso, fui implacable.

Mientras tanto, giraban sobre nosotros los grandes días y las grandes noches de una guerra feliz. Había en el aire que respirábamos un sentimiento parecido al amor. Como si bruscamente el mar estuviera cerca, había un asombro y una exaltación en la sangre. Todo, en aquellos años, era distinto, hasta el sabor del sueño. (Yo, quizá, nunca fui plenamente feliz, pero es sabido que la desventura requiere paraísos perdidos.) No hay hombre que no aspire a la plenitud, es decir a la suma de experiencias de que un hombre es capaz; no hay hombre que no tema ser defraudado de alguna parte de ese patrimonio infinito. Pero todo lo ha tenido mi generación, porque primero le fue deparada la gloria y después la derrota.

En Julio de 1938, mi hermano Santiago pereció en la batalla del Ebro, en la localidad de Ascó; un bombardeo aéreo, meses después, destrozó nuestra casa natal, otro, a principios de 1939, mi laboratorio. Acosada por el fascismo internacional, moría la Segunda República; su mano estaba contra todos y las manos de todos contra ella. Entonces, algo singular ocurrió, que ahora creo entender. Yo me creía capaz de apurar la copa de la cólera, pero en las heces me detuvo un sabor que no esperaba, el misterioso y casi terrible sabor de la felicidad. Ensayé diversas explicaciones; no me bastó ninguna. Pensé: Me satisface la derrota, porque secretamente me sé culpable y sólo puede redimirme el castigo. Pensé: Me satisface la derrota, porque es un fin y yo estoy muy cansado. Pensé: Me satisface la derrota, porque ha ocurrido, porque está innumerablemente unida a todos los hechos que son, que fueron, que serán, porque censurar o deplorar un solo hecho real es blasfemar del universo. Esas razones ensayé, hasta dar con la verdadera.

Se ha dicho que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Ello equivale a declarar que no hay debate de carácter abstracto que no sea un momento de la polémica de Aristóteles y Platón; a través de los siglos y latitudes, cambian los nombres, los dialectos, las caras, pero no los eternos antagonistas. También la historia de los pueblos registra una continuidad secreta. Armiño, cuando degolló en una ciénaga las legiones de Varo, no se sabía precursor de un Imperio Alemán; Lutero, traductor de la Biblia, no sospechaba que su fin era forjar un pueblo que destruyera para siempre la Biblia; Christoph zur Linde, a quien mató una bala moscovita en 1758, preparó de algún modo las victorias de 1914; Napoleón creyó luchar por un país, pero luchó por todos, aun por aquellos que agredió y detestó. No importa que su yo lo ignorara; lo sabían su sangre, su voluntad. La espada revolucionaria nos mata y somos comparables al hechicero que teje un laberinto y que se ve forzado a errar en él hasta el fin de sus días o a David que juzga a un desconocido y lo condena a gloria y oye después la revelación: Tú eres aquel hombre. Muchas cosas hay que destruir para edificar la Revolución; ahora sabemos que España era una de esas cosas. Hemos dado algo más que nuestra vida, hemos dado la suerte de nuestro querido país. Que otros maldigan y otros lloren; a mí me regocija que nuestro don sea orbicular y perfecto.

Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima. Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.
Miro mi cara en el espejo para saber quién soy, para saber cómo me portaré dentro de unas horas, cuando me enfrente con el fin. Mi carne puede tener miedo; yo, no.
 
La Charocracia, no hay nada peor que tener a una mujer de jefa, si hace algo mal y se lo dices, puede usar el comodín del machismo, y luego vete tú a decirle a la Charo Suprema de Recursos Humanos que la evidencia empírica no es hombrista.
 
Trabajar en general es un tumor, tan malo que hasta te pagan por ello. Trabajar con otros seres humanos, descender un peldaño más en el infierno de Dante. Trabajar con mujeres todavía lo hace peor.
Y como todo es susceptible de empeorar, puedes trabajar con mujeres de mediana edad, que nos importan a los varones heterosenshetero entre cero y menos infinito pero que como se aguantan ni ellas no cogen una eterna baja por fibromialgia u otra enfermedad inventada... El pavor, el pavor...
 
sector mantenimiento industrial he estado como casi 20 años. No he trabajado con una sola mujer, excepto la que gestionaba los viajes o alguna que hacía las nóminas. Trato anecdótico.

Cantidad de personas complicadas alta.
Buenos chivatos y buenos aduladores del jefe.
Gente sin terminar la EGB que lo pasaba mal para escribir un correo cuando había un problema.
Gente con TOC unos cuantos sobre todo en mandos intermedios (son como terminators, no razonan)
Unos cuantos lobos con piel de cordero.

Y como estrellas de reparto si alguna vez trabajáis a turnos, el que elige el turno de noche es la persona más peculiar que te vas a encontrar con diferencia a lo largo de tu vida.
El turno de noche es lo mejor
 
El turno de noche es muy especial porque es muy tranquilo.
He trabajado en hospitales, en CPDs, o en mi etapa de autónomo me contrataban para hacer auditorías en grandes edificios y debías hacerlo cuando estaba vacío. Por la noche.

Las empresas quieren siempre al menos 2 personas en turno de noche, no sea que subas a la azotea a reparar algo, te electrocutes o te caigas de la escalera y no haya nadie para enterarse.
Lo mismo en garajes o sótanos o salas eléctricas con acceso restringido hasta para los de seguridad.

Perfil claro. Su situación les hace trabajar en el turno de noche porque se gana un poquito más.

Tienen trastornos de sueño brutales. Una persona con metabolismo normal a las 3 de la mañana les entra un bajón increíble. Ellos sacan su tupper de alubias y se lo comen.

Perfil bastante definido. No permiten que los demás duerman aunque esté el ordenador a volumen 70 y todas las alarmas encendidas. Si pasas de ellos y te duermes, entrarán en la sala de control 20 veces y saldrán otras tantas. Y darán portazos, o se inventarán un trabajo con tal de mantenerte despierto.

Cuando termina su turno a las 7 de la mañana y entran los del turno de mañana aprovechan que estos vienen medio dormidos para reírse de ellos o meterles miedo sobre algo que funciona mal.

Generalmente tienen otro trabajo por la mañana o hacen chapuzas a lo largo del día. Cuando vienen por la noche vienen reventados al curro la mitad de los días o sin duchar todavía con la suciedad de la obra donde han estado.

Sus relaciones con las mujeres son complicadas. Las historias que te cuentan son de maldad absoluta. Jamás hablan con la mujer por la noche y nunca tienen niños.

Pese a tener dos curros, su situación humana va de la mano de la económica. Una vez uno trajo unas bolsas de patatas al curro y me dijo: venga compra tú las cocacolas y picamos algo. No comía ninguna patata y yo las noté rancias. Me di cuenta del detalle y se reía y me dijo que haciendo limpieza le habían aparecido en la despensa.

Por último por la noche tienes mucho tiempo para trastear, e investigar y se dan problemas que no aparecen por las mañanas. Y viceversa.
Jamás te van a contar cómo solucionarlo. No son compañeros. Se partirán de risa sabiendo que al día siguiente has pasado un día malo sin resolver el problema ese que ellos sí saben resolver.

A las 7 de la mañana llega el encargado y se quedan a tomar un café con él y aprovechan para malmeter o pelotear.

Te puedo contar 200.000 pero si puedes evitar el turno de noche mejor. Sobre todo si nadie lo quiere y hay uno que sí.
Hace 25 años andaba en eso… uno que siempre quería porque se sacaba su plaza de munips, pero de lo demás nada.,.

Eso que dices se arregla con despidos.
 
sector mantenimiento industrial he estado como casi 20 años. No he trabajado con una sola mujer, excepto la que gestionaba los viajes o alguna que hacía las nóminas. Trato anecdótico.

Cantidad de personas complicadas alta.
Buenos chivatos y buenos aduladores del jefe.
Gente sin terminar la EGB que lo pasaba mal para escribir un correo cuando había un problema.
Gente con TOC unos cuantos sobre todo en mandos intermedios (son como terminators, no razonan)
Unos cuantos lobos con piel de cordero.

Y como estrellas de reparto si alguna vez trabajáis a turnos, el que elige el turno de noche es la persona más peculiar que te vas a encontrar con diferencia a lo largo de tu vida.
Aún así. Una balsa de aceite comparado con lo que indica el op.
 
Lo peor es el parloteo constante, irrelevante, cansino y estridente. Es como si te estuviesen taladrando los oídos de 8 de la mañana a 3 de la tarde.
 
El turno de noche es muy especial porque es muy tranquilo.
He trabajado en hospitales, en CPDs, o en mi etapa de autónomo me contrataban para hacer auditorías en grandes edificios y debías hacerlo cuando estaba vacío. Por la noche.

Las empresas quieren siempre al menos 2 personas en turno de noche, no sea que subas a la azotea a reparar algo, te electrocutes o te caigas de la escalera y no haya nadie para enterarse.
Lo mismo en garajes o sótanos o salas eléctricas con acceso restringido hasta para los de seguridad.

Perfil claro. Su situación les hace trabajar en el turno de noche porque se gana un poquito más.

Tienen trastornos de sueño brutales. Una persona con metabolismo normal a las 3 de la mañana les entra un bajón increíble. Ellos sacan su tupper de alubias y se lo comen.

Perfil bastante definido. No permiten que los demás duerman aunque esté el ordenador a volumen 70 y todas las alarmas encendidas. Si pasas de ellos y te duermes, entrarán en la sala de control 20 veces y saldrán otras tantas. Y darán portazos, o se inventarán un trabajo con tal de mantenerte despierto.

Cuando termina su turno a las 7 de la mañana y entran los del turno de mañana aprovechan que estos vienen medio dormidos para reírse de ellos o meterles miedo sobre algo que funciona mal.

Generalmente tienen otro trabajo por la mañana o hacen chapuzas a lo largo del día. Cuando vienen por la noche vienen reventados al curro la mitad de los días o sin duchar todavía con la suciedad de la obra donde han estado.

Sus relaciones con las mujeres son complicadas. Las historias que te cuentan son de maldad absoluta. Jamás hablan con la mujer por la noche y nunca tienen niños.

Pese a tener dos curros, su situación humana va de la mano de la económica. Una vez uno trajo unas bolsas de patatas al curro y me dijo: venga compra tú las cocacolas y picamos algo. No comía ninguna patata y yo las noté rancias. Me di cuenta del detalle y se reía y me dijo que haciendo limpieza le habían aparecido en la despensa.

Por último por la noche tienes mucho tiempo para trastear, e investigar y se dan problemas que no aparecen por las mañanas. Y viceversa.
Jamás te van a contar cómo solucionarlo. No son compañeros. Se partirán de risa sabiendo que al día siguiente has pasado un día malo sin resolver el problema ese que ellos sí saben resolver.

A las 7 de la mañana llega el encargado y se quedan a tomar un café con él y aprovechan para malmeter o pelotear.

Te puedo contar 200.000 pero si puedes evitar el turno de noche mejor. Sobre todo si nadie lo quiere y hay uno que sí.
Falta la de que muchos tienen problemas de adicciones.
Un clásico. Va de la mano de lo de que son pobres.
 
El turno de noche es muy especial porque es muy tranquilo.
He trabajado en hospitales, en CPDs, o en mi etapa de autónomo me contrataban para hacer auditorías en grandes edificios y debías hacerlo cuando estaba vacío. Por la noche.

Las empresas quieren siempre al menos 2 personas en turno de noche, no sea que subas a la azotea a reparar algo, te electrocutes o te caigas de la escalera y no haya nadie para enterarse.
Lo mismo en garajes o sótanos o salas eléctricas con acceso restringido hasta para los de seguridad.

Perfil claro. Su situación les hace trabajar en el turno de noche porque se gana un poquito más.

Tienen trastornos de sueño brutales. Una persona con metabolismo normal a las 3 de la mañana les entra un bajón increíble. Ellos sacan su tupper de alubias y se lo comen.

Perfil bastante definido. No permiten que los demás duerman aunque esté el ordenador a volumen 70 y todas las alarmas encendidas. Si pasas de ellos y te duermes, entrarán en la sala de control 20 veces y saldrán otras tantas. Y darán portazos, o se inventarán un trabajo con tal de mantenerte despierto.

Cuando termina su turno a las 7 de la mañana y entran los del turno de mañana aprovechan que estos vienen medio dormidos para reírse de ellos o meterles miedo sobre algo que funciona mal.

Generalmente tienen otro trabajo por la mañana o hacen chapuzas a lo largo del día. Cuando vienen por la noche vienen reventados al curro la mitad de los días o sin duchar todavía con la suciedad de la obra donde han estado.

Sus relaciones con las mujeres son complicadas. Las historias que te cuentan son de maldad absoluta. Jamás hablan con la mujer por la noche y nunca tienen niños.

Pese a tener dos curros, su situación humana va de la mano de la económica. Una vez uno trajo unas bolsas de patatas al curro y me dijo: venga compra tú las cocacolas y picamos algo. No comía ninguna patata y yo las noté rancias. Me di cuenta del detalle y se reía y me dijo que haciendo limpieza le habían aparecido en la despensa.

Por último por la noche tienes mucho tiempo para trastear, e investigar y se dan problemas que no aparecen por las mañanas. Y viceversa.
Jamás te van a contar cómo solucionarlo. No son compañeros. Se partirán de risa sabiendo que al día siguiente has pasado un día malo sin resolver el problema ese que ellos sí saben resolver.

A las 7 de la mañana llega el encargado y se quedan a tomar un café con él y aprovechan para malmeter o pelotear.

Te puedo contar 200.000 pero si puedes evitar el turno de noche mejor. Sobre todo si nadie lo quiere y hay uno que sí.
Me has dado ganas. Qué turnazo y gente guay. Quiero entrar.
 

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