La propuesta de minar Ceuta y Melilla que resucita el fantasma de Ottawa
Un Estado serio no deja su territorio a merced de cualquiera que decida cruzar la frontera. La idea de blindar con minas el perímetro de Ceuta y Melilla vuelve a circular después del último incidente en la valla, que dejó donde se vino a demostrar que una masa de civiles desarmados puede tomar la ciudad. Con un solo cruce de 50.000 personas, la defensa quedó en evidencia: ni vallas, ni patrullas, ni respuesta improvisada.
La propuesta tiene una lógica estratégica: si una multitud entra sin oposición, imaginemos lo que haría un ejército organizado. Ceuta y Melilla son plazas que, una vez tomadas, serían casi imposibles de recuperar desde la península sin arrasar la ciudad y arriesgar miles de vidas. De ahí que minar el perímetro se plantee como medida disuasoria creíble.
Pero hay un obstáculo insalvable: el Tratado de Ottawa, que España firmó, prohíbe el uso de minas antipersona. Abandonar ese tratado costaría un precio diplomático enorme y convertiría a España en un país al margen de la comunidad internacional en materia humanitaria. Además, las minas no distinguen entre un soldado y un pastor, y en un territorio tan habitado como el perímetro de estas ciudades, su efecto disuasorio sería superado por el riesgo permanente para civiles.
Por ahora, la opción no se traduce en ninguna política oficial. Pero que el debate exista, incluso en términos económicos, es un síntoma de hasta qué punto se ha erosionado la confianza en la capacidad de España para defender sus plazas norteafricanas. Lo más probable es que Ottawa siga intacto, pero la herida en el concepto de defensa de Ceuta y Melilla ya no se puede sellar con un simple parche.