Decathlon paga 1550 euros netos y la plantilla es mayoritariamente femenina
Entrar en un Decathlon, un Leroy Merlin o un Mercadona y contar empleados se ha convertido en un ejercicio de sociología improvisada. La impresión que se repite es la misma:
la mayoría de las personas en tienda son mujeres, mientras los hombres aparecen en almacén, reparto o construcción, con sueldos similares o peores. La cifra que circula como referencia es clara:
1550 euros netos, el salario mediano bruto anual de 22.300 euros para un soltero sin cargas, según el cálculo que se maneja en la conversación.
El asunto no es nuevo, pero el tono con que se discute sí ha cambiado. Ya no se trata solo de denunciar una supuesta discriminación, sino de
poner sobre la mesa una sospecha incómoda: que el empleo cómodo, sindicalizado y con pluses se ha feminizado, mientras el trabajo duro y mal pagado se ha masculinizado. La pregunta de fondo es si eso responde a una elección empresarial deliberada o a algo más difícil de admitir.
¿Por qué las empresas contratan más mujeres para atención al cliente?
La explicación más repetida tiene que ver con el
coste laboral. Un empresario que contrata a una mujer joven sin cargas familiares asume menos riesgos de absentismo, menos bajas por paternidad y, en algunos casos, menos presión sindical. El cálculo es frío:
1500 euros netos le suponen al patrón unos 2500 de coste total, y con esa diferencia se financia parte del sistema de prestaciones. No es caridad, es contabilidad.
A eso se suma un factor que nadie quiere poner por escrito:
la clientela prefiere ser atendida por mujeres. Una coleta vende más que un degradado, y las empresas lo saben. El resultado es un sesgo de contratación que no aparece en ningún convenio pero que se repite tienda tras tienda. En Decathlon, en Leroy Merlin, en Obramat. La excepción, dicen, es el Mercadona de algunos barrios, donde la mitad de la plantilla son hombres, también en caja.
Hay quien sostiene que esa preferencia es un prejuicio de los propios clientes, no una imposición de arriba. Y hay quien responde que da igual quién empezó: el efecto es el mismo.
El varón sin estudios acaba en el almacén o en la obra, con el SMI y sin pluses, mientras el empleo de tienda se reparte por otro criterio.
El salario mediano de 22.300 euros y la trampa de los 1550 netos
La cifra de
1550 euros netos en 12 pagas no es un privilegio, es la mediana. La mitad de España cobra eso o menos. El problema no es que las mujeres de Decathlon cobren bien, sino que
el resto cobra peor. El debate se envenena cuando se compara ese sueldo con el de un repartidor o un almacenista que hace más horas y cobra menos.
En Barcelona, según los datos que se cruzan, un servicio puntual puede pagarse entre
13,5 y 16 euros netos la hora, y un mes bueno con pluses y eventos llega a
3088 euros netos. Es decir, hay nichos donde el trabajo físico se paga bien. Pero no es la norma. La norma es el SMI, la temporalidad y el cuerpo destrozado a los cincuenta.
La trampa está en confundir
un caso con el sistema. Que una empresa pague 1550 netos no significa que todas lo hagan. Significa que esa empresa ha decidido pagar por encima del mínimo para retener plantilla en un sector con rotación alta. Y eso, en teoría, debería ser una buena noticia. En la práctica, se usa como arma arrojadiza.
La advertencia sobre la edad: el relevo generacional en el comercio
Una de las predicciones más repetidas es que este modelo tiene fecha de caducidad.
A partir de cierta edad, las empleadas de tienda son sustituidas por perfiles más jóvenes y más baratos. No es una conspiración, es rotación. El comercio vive de la imagen y la energía, y a los cincuenta eso se paga.
El escenario que se dibuja para
2035 es el de mujeres de 50-55 años que se quedan sin empleo y no las contratan por viejas. El mismo patrón que ya sufren los hombres en la construcción y el almacén, pero con una diferencia: ellas no tienen el colchón de un sindicato fuerte en el sector. La igualdad, en ese sentido, llega por abajo.
Mientras tanto, la automatización avanza.
Cada vez hay más máquinas y menos personal en las tiendas. El online se come el negocio físico, y el empleo de atención al cliente se convierte en un puesto de transición, no en una carrera. Quien crea que los 1550 netos son para toda la vida se equivoca.
El trasfondo político: cuotas, subvenciones y el reparto del empleo público
La conversación deriva rápido hacia lo político. Se argumenta que las
discriminaciones positivas y las cuotas han empujado a las mujeres hacia el empleo público y subvencionado, dejando al varón blanco sin red. El artículo 14 de la Constitución prohíbe la discriminación por sexo, pero se aplica con criterios que muchos consideran arbitrarios.
La tesis que gana peso es que
el empleo cómodo y sindicalizado va a un colectivo y el empleo duro a otro. No es una ley escrita, es un resultado. Y mientras se discute si es justo o no, la realidad sigue su curso: tiendas llenas de mujeres, almacenes llenos de hombres, y una brecha que no se cierra sola.
La predicción, con todas las reservas, es que este equilibrio se romperá por la vía de la tecnología antes que por la de la política. Cuando las tiendas sean máquinas, el debate sobre quién cobra 1550 netos se quedará sin objeto. Y entonces habrá que buscar otro culpable.
Datos clave del debate:
- Salario mediano bruto anual en España: 22.300 euros, equivalentes a 1550 euros netos en 12 pagas para un soltero sin cargas, según un cálculo que circula en el debate.
- Coste empresarial de un salario de 1500 netos: aproximadamente 2500 euros, según un cálculo que circula en el debate.
- Servicios puntuales en Barcelona: entre 13,5 y 16 euros netos la hora; un mes con pluses y eventos puede alcanzar los 3088 euros netos, según un participante.
- Predicción sobre el relevo: a partir de 2035 se espera un aumento de mujeres de 50-55 años sin empleo por no ser contratadas, según un participante.