El valor refugio que se hunde un 9% en un solo día
¿Desde cuándo un valor refugio cae más que el índice tecnológico del que debía proteger? Con la
inflación en máximos históricos, el argumento con el que se vendió la inversión en criptomonedas se ha girado en contra: Ethereum cotiza en torno a los
1.570 dólares, cerca de los valores que tenía en 2018, y una jornada cualquiera se cierra con descensos del 3%, del 4% o del 9%. El resumen más repetido cabe en una línea:
todas las cryptos son humo.
La respuesta de quien dice haber comprado una casa y pagar sus facturas con criptomonedas tampoco entra al fondo:
qué penita el que ha llegado tarde. El desacuerdo, por tanto, no va de precios. Va de si esto es una tecnología con futuro o una rueda que gira hasta que alguien se queda fuera.
Ethereum vuelve a precios de 2018: qué se ha roto por el camino
El bitcoin se ha visto en
18.350 euros y Ethereum en los 1.570 dólares ya citados, referencias que devuelven la vista a la corrección de 2018. Para quien lleva una década en esto, el patrón resulta familiar: tras el invierno cripto de 2018-2019 llegaron los mismos comentarios de tulipanes y de arruinados, y después llegaron máximos nuevos. El escenario que se maneja ahora habla de entre tres y seis años de panorama bajista antes de volver a verlos.
El problema es la oferta. Se habla de
veinte mil criptomonedas en circulación y la pregunta siguiente es cuánto puede valer cada una. La previsión más extendida es que sobrevivan cuatro o cinco, que solo una o dos funcionen como medio de pago entre personas y que el resto queden como tokens internos de servicios o de mercado energético. Es una estimación, no una certeza, y conviene tratarla como tal.
Menos épico es el detalle de cómo se salvaron algunas posiciones. Quien entró en
2017 a 20.000 y salió en ganancias no lo hizo por tesis: lo hizo porque una pandemia mundial trajo una oleada de compradores que nadie había previsto. Leído así, aguantar no es convicción; es esperar otro accidente favorable. Y los accidentes no se planifican.
Pagar una casa con bitcoins: lo que la cadena de bloques no inscribe
La objeción más concreta que se ha puesto encima de la mesa tiene cuatro puntos. No se puede pagar una vivienda con criptomonedas. No se puede inscribir esa vivienda a nombre de nadie usándolas. No se puede ser anónimo y figurar a la vez en el registro de la propiedad, porque es una contradicción en sí misma. Y no se pueden pagar las facturas de casa salvo que uno se alimente de bits y caliente el salón a base de clics.
La contrarréplica es la experiencia propia: una casa comprada y unas facturas pagadas con criptos. El matiz es que, sin documento que lo acredite ante el registro, el intercambio se queda en un terreno curioso donde todos tienen razón y nadie tiene papeles. La discusión se atasca ahí, en anécdotas que no se pueden verificar en ninguna parte.
Bitcoin no es anónimo: por qué Monero gana el argumento
Una de las corrientes más sólidas del sector lo dice sin rodeos: una criptomoneda debe ser privada, y el bitcoin no lo es. El registro de transacciones está ahí, público, y aunque existen herramientas para difuminarlo —la mezcla de operaciones conocida como CoinJoin y evitar los controles de identidad de las plataformas—, el esfuerzo que exige hace que casi nadie lo haga.
Menudo coñazo, resume la situación.
La defensa del bitcoin apunta a que puede ser anónimo si se manejan bien las herramientas, y añade dos ventajas prácticas: más liquidez y mejor conservación de valor, al menos por ahora. Al otro lado se contesta que eso es confundir utilidad con misión. Si el objetivo es la transacción anónima y no hacerse rico, haber ganado dinero fue un regalo, pero secundario.
Uno gana 100.000€ y mil pierden 100€
Hay un modelo que reaparece en cada bajada: pocos ganan mucho, muchos pierden poco. Por cada inversor que saca
100.000 euros, hay alrededor de mil que dejan 100. Para esos mil, la pérdida es una apuesta que no les saca de pobres; para el que gana, es la operación de su vida. De ahí la proliferación de proyectos: cada día nace uno nuevo buscando a sus mil.
La consecuencia lógica es la sospecha de estructura piramidal: nada detrás que respalde el precio y la posibilidad de que un día cualquiera valga cero. La defensa no niega el riesgo, lo recoloca: aguantar posiciones se presenta como protección frente a un corralito, y el valor lo fija lo que la gente esté dispuesta a invertir. Queda la paradoja que nadie resuelve del todo:
¿se holdea para vivir o se vive para holdear?Tesla, el 5% de empresa y el 95% de relato
Que Tesla mantenga parte de sus activos en bitcoin se usa como aval institucional. La lectura opuesta es más dura: la compañía sería un 5% de empresa y un 95% de relato, con etiqueta de ponzi. Tener criptomonedas en balance no dice nada sobre el precio futuro de esas criptomonedas, solo sobre quién las compró y cuándo.
En el plano macro, hay quien sostiene que las criptomonedas han venido a dar liquidez al sistema, en beneficio de la órbita tecnológica, y que el bitcoin acabará sustituyendo al viejo petrodólar como referencia. La advertencia va dirigida a los escépticos: cuando se den cuenta, será tarde. Nadie ha aportado un calendario.
Con estos mimbres, el refugio tiene menos de refugio y más de apuesta con vocación de profecía. Lo único que sube sin discusión es el número de gente que dice que lo vio venir.