Decrecimiento y demografía: cuando la economía se encuentra con la teoría del gran reemplazo
¿Puede el decrecimiento económico ser una respuesta temporal a los cambios demográficos que algunos denominan "gran reemplazo"? La pregunta, que circula en círculos escépticos del relato oficial, conecta dos corrientes aparentemente alejadas: la crítica al crecimiento perpetuo y el miedo a la sustitución poblacional. Quienes defienden esta tesis argumentan que reducir el PIB y el consumo frenaría la inmigración económica, al eliminar los incentivos laborales que atraen a trabajadores extranjeros. Sin embargo, los datos económicos disponibles no respaldan una relación causal tan directa: la inmigración responde a múltiples factores, desde redes familiares hasta crisis geopolíticas, no solo al tamaño del pastel económico.
El núcleo del argumento: menos crecimiento, menos inmigración
La línea de razonamiento es simple: si una economía se contrae, desaparecen los puestos de trabajo que atraen a inmigrantes económicos. De ahí que algunos vean en políticas de decrecimiento planificado —menos consumo energético, producción local, reducción de la jornada laboral— una herramienta para ralentizar el flujo migratorio. Este planteamiento choca con la ortodoxia económica, que asocia decrecimiento con recesión, paro y malestar social. Los defensores replican que el decrecimiento no sería una crisis, sino una transición ordenada hacia una economía de estado estacionario, donde la población se ajuste a los recursos disponibles.
Las fisuras del planteamiento
El principal problema es empírico: las regiones con menor crecimiento económico no registran necesariamente menor inmigración. Países con economías estancadas como Japón tienen tasas de inmigración muy bajas, pero por factores culturales y legales, no solo por el PIB. Además, una parte significativa de la inmigración es forzosa (refugiados climáticos o de guerra), insensible a los ciclos económicos. Quienes critican esta visión también señalan el riesgo de que el decrecimiento se convierta en una excusa para políticas xenófobas, al presentar a los inmigrantes como una carga que solo el sacrificio económico puede mitigar.
Un debate sin consenso ni datos concluyentes
Lo cierto es que la literatura académica sobre decrecimiento casi no aborda la demografía como variable independiente, y los estudios sobre migraciones no consideran el decrecimiento como política plausible. La discusión, por tanto, se mueve más en el terreno ideológico que en el analítico. Como suele ocurrir cuando se mezclan dos temas tabú —el límite del crecimiento y el relevo poblacional—, las posiciones se polarizan rápido. El lector interesado encontrará en los foros donde se gestó este debate cálculos caseros y referencias a casos históricos, pero aún está lejos de una tesis sólida.
Ironía seca: si el decrecimiento fuera la solución al gran reemplazo, habría que preguntarse por qué los países más ricos (y con más inmigración) son precisamente los que menos se plantean dejar de crecer.