El 3,2% que El Salvador vende como despegue no despega ni en Centroamérica
¿Qué hay detrás del 3,2% de crecimiento que el Gobierno de Bukele presenta como el despegue definitivo? Poco, según el propio Banco Mundial. La revisión al alza de dos décimas para 2026, de 3,0% a 3,2%, deja a El Salvador en el furgón de cola de Centroamérica, con una economía que sigue sin generar tejido productivo y donde el consumo depende de las remesas de los salvadoreños en Estados Unidos.
Un avance que no llega a la mayoría
El dato, subrayan los análisis, no es una recuperación estructural: es un chicle estadístico masticado por el oficialismo, que ha llegado a montar campañas de celebración con IA incluida. La inversión extranjera directa cae un 37% mientras la construcción y el turismo –los sectores que más dependen del negocio inmobiliario y de la imagen de país seguro– tiran de un crecimiento que apenas llega al resto de la población.
El propio informe del Banco Mundial apunta que el crecimiento se mantiene dentro de los márgenes habituales y no implica una mejora en la calidad de vida. Los defensores del modelo contraatacan con la seguridad: El Salvador es ahora el país más seguro de Latinoamérica, algo que no es moco de pavo. Pero los críticos recuerdan que la «paz» se sostiene sobre un estado de excepción permanente, un centenar de miles de detenidos sin juicio y más de 300 muertes bajo custodia estatal.
Así que el avance que se vende en los actos oficiales, visto con los números del Banco Mundial, es una subida de dos décimas que no mueve la aguja del bienestar. Al ritmo que va, El Salvador tardará décadas en alcanzar a sus vecinos. Y el aplauso, mientras tanto, se lo llevan los que ya están cobrando.