La verja de Gibraltar se cae y la factura llega en soberanía
¿Qué gana España cuando desaparece la verja de Gibraltar? Sobre el papel, movilidad sin fricciones y controles españoles en el puerto y el aeropuerto del Peñón. En la práctica, el acuerdo que se ha ido cociendo entre Londres, Bruselas y Madrid deja la soberanía británica intacta y traslada el eje del problema a otro sitio: la frontera ya no será con España, sino entre Reino Unido y Gibraltar. Es decir, se levanta una verja en el sitio equivocado y se elimina la única que daba a Madrid una palanca de presión rápida. El resultado, según la lectura más extendida en el foro, es un Gibraltar con todas las ventajas de estar en la UE y ninguna de las obligaciones de ser español.
Qué dice el acuerdo que se ha filtrado
El punto de partida es el que resume el arranque de la conversación:
soberanía británica para Gibraltar, movilidad europea para el Peñón. Eso obliga a poner un puesto fronterizo entre Reino Unido y Gibraltar a la vez que desaparece el que tiene con España. La asimetría es evidente. España renuncia a su mecanismo de presión exprés —la verja— y a cambio recibe la promesa de que la Policía Nacional controle el puerto y el aeropuerto gibraltareños. Hay quien ve ahí un movimiento interesante: el llanito o el inglés que pase por el aeropuerto se va a encontrar con agentes españoles y va a preguntarse qué pinta ahí la Policía Nacional. Otros, en cambio, lo despachan como pura filfa: como mucho habrá equipos conjuntos con funcionarios europeos y algún policía español vestido de civil.
El arancel común y el fin del puerto franco
Aquí llega el dato que menos se ha subrayado.
Gibraltar deja de ser puerto franco por primera vez desde principios del siglo XVIII y queda sometida al arancel europeo común. Los bienes procedentes de terceros países tendrán que pasar por la aduana de Algeciras. El dinero recaudado por la aplicación de ese arancel irá a la UE en un 75% y a España en un 25%. Como consecuencia de la pérdida de ingresos fiscales, el gobierno gibraltareño tendrá que aplicar una especie de IVA del 17% a todos los productos. Adiós a las ventajas en combustible, tabaco, alcohol o perfumes. Los flujos de consumo probablemente se redirijan hacia la comarca. Es, de lejos, la parte del acuerdo con más consecuencias económicas reales y la que menos titulares ha generado.
¿Quién paga la fiesta? El relato del paraíso fiscal
La crítica más repetida es que el Peñón consolida su condición de paraíso fiscal y de blanqueo a la vista de todos. Se argumenta que tendrá plena autonomía para hacer lo que quiera mientras parasita fiscalmente a España sin pagar un duro y usa sus servicios como le conviene. La respuesta de otro sector es más cínica: si allí se lava más blanco que en un anuncio de detergente, ¿qué se esperaba? El acuerdo no cambia eso, lo blinda. Y de fondo queda la sospecha, nunca probada, de que más de un político español tiene negocios por la zona. Ese tipo de insinuaciones circulan sin prueba y así deben leerse.
El argumento histórico que descoloca
Hay una línea de análisis que rompe el marco mental habitual:
Gibraltar ha sido más tiempo inglés que español. La conquista castellana fue en 1462 y el dominio español duró unos 250 años; el británico lleva ya 300. Desde esa óptica, lo que pide una parte del personal es lisa y llanamente la conquista de un territorio que ha pertenecido más a los ingleses que a los españoles. La UE, en esta lectura, se ha limitado a dar salida a una situación surrealista en un momento en el que los habitantes del Peñón ya no son militares dispuestos a derramar la última gota de sangre por su graciosa majestad, sino empresarios que miran su cuenta de resultados.
Lo que queda abierto
El texto final no está cerrado y ahí está el riesgo. Si no consta explícitamente la no renuncia de España a los territorios no cedidos en el tratado de Utrech, se habrá colado un gol por toda la escuadra. Y con los antecedentes expansionistas del Peñón —aeropuerto y pretendidas aguas territoriales—, quitar la verja invita a que cualquier día alguien diga que la frontera está medio kilómetro más arriba. Son así. Mientras tanto, la pregunta que sobrevuela todo el asunto es otra: ¿entrará Gibraltar en la zona euro y se quedará con la letra que le hubiera correspondido a Reino Unido? Nadie lo sabe. Y el que diga que lo sabe, miente.