España no nació en 1812: la identidad hispana es anterior a Roma
La pregunta de cuándo existe España como entidad política tiene tantas respuestas como bandos. Un repaso a los argumentos que circulan estos días deja un dato incómodo para todos: hay quien sostiene que la primera referencia conocida a los «hispanos» como colectivo es anterior a la conquista romana. Concretamente, según una de las tesis más repetidas en el debate, mercenarios hispanos que servían a Roma en la
Primera Guerra Púnica ya se referían a sí mismos con ese término. Es decir, antes de que existiera Hispania como provincia, ya había gente que se identificaba como hispana, según esta versión. Eso choca tanto con el relato de que España es un invento del siglo XIX como con el de que nació con los visigodos.
¿Qué dicen los que sitúan el nacimiento en 1812?
La fecha más repetida en el debate público es
1812, año de la Constitución de Cádiz. Quienes defienden esta tesis argumentan que España como nación moderna, con soberanía popular y Estado unificado, nace ahí. Antes de eso habría reinos, dinastías y territorios, pero no un Estado nación en el sentido contemporáneo. Es una posición que, según algunos participantes, gana peso en el discurso académico de las últimas décadas y que choca frontalmente con la versión tradicional.
La versión tradicional, en cambio, sitúa el punto de inflexión en los
Reyes Católicos. El matrimonio de Isabel y Fernando marca la unificación territorial y dinástica, y a partir de ahí se puede hablar de España como sujeto político. Hay quien va más atrás y coloca el nacimiento en el
Reino Visigodo de España, hacia el año 486, cuando los visigodos sellaron acuerdos con los hispanorromanos, según un cálculo que circula en el debate. Y hay quien retrocede hasta Leovigildo como primer rey de un reino independiente de España.
El argumento de los documentos medievales
Una de las aportaciones más concretas que circulan es la de los documentos medievales. Militares, diplomáticos, comerciantes y viajeros de los reinos de Castilla, Portugal, Navarra y Aragón, al regresar a la península, decían «regresamos a España». Hay miles de cartas y documentos que lo atestiguan, según quienes defienden esta tesis. No hablaban de Castilla ni de Aragón: hablaban de España como espacio común.
El diccionario de
Sebastián de Covarrubias, del siglo XVII, también se cita como prueba. En su definición, «nación» equivale a reino o provincia, y menciona expresamente la nación española, según un participante que lo cita. No es una interpretación forzada, sostiene: es una referencia clara a una entidad política con nombre propio. Eso no significa que existiera un Estado nación moderno, pero sí que el término España designaba algo más que una expresión geográfica.
¿Existía Portugal cuando se hablaba de hispanos?
Una de las objeciones más repetidas es la de Portugal. Cuando ya se usaba el término hispano para definir a los habitantes de Hispania, Portugal no existía como reino independiente. Castilla tampoco. Cataluña, menos aún. Es un argumento que se lanza para desmontar la idea de que España sea una construcción moderna que se superpone a naciones preexistentes. Si los términos Castilla, Portugal o Cataluña no existían cuando ya se hablaba de hispanos, la carga de la prueba cambia de lado.
En contra, hay quien sostiene que una cosa es el término geográfico y otra la identidad política. Que los romanos llamaran Hispania a la península no significa que sus habitantes se sintieran parte de una nación. La identidad hispana, en todo caso, sería una identidad étnica o cultural, no política. Es una distinción razonable, pero también es cierto que los romanos no llamaban Hispania a cualquier sitio: era una provincia con entidad propia, y sus habitantes eran hispanos en Roma, no celtíberos ni lusitanos.
La polémica sobre el origen provincial de Trajano
Un detalle curioso que ha salido a relucir:
Trajano evitó cuanto pudo las referencias a su origen provincial. Buscó relacionarse con una supuesta ascendencia itálica del Piceno, una relación deliberada según las fuentes. Otros emperadores de origen provincial, como Claudio, nunca se preocuparon por esas cosas. El anfiteatro de Itálica se empezó a construir bajo Trajano, lo que demuestra que se identificaba con su ciudad natal, pero no hay constancia de que reivindicara su origen hispano en vida. Sus memorias se han perdido.
Hadriano acuñó monedas con la alegoría de Hispania, pero también con alegorías de otras provincias donde estuvo de viaje, como Egipto. No sirve como prueba de reivindicación identitaria. Lo que sí queda claro es que la
gens Ulpia ya tenía que estar en el orden senatorial como mínimo desde época de Tiberio, según los datos que se manejan. El padre de Trajano fue senador, tribuno de una legión, legado y cónsul sufecto con Vespasiano. No era un advenedizo.
El problema de fondo: qué entendemos por nación
La discusión se enreda porque el concepto de nación que usamos es moderno. Nació con el romanticismo de finales del siglo XIX y se consolidó con el Estado nación napoleónico, según se sostiene en el debate. Aplicar esa categoría a la Edad Media o a Roma es un anacronismo. Pero de ahí no se sigue que España sea un invento de laboratorio. Se construye como Estado contemporáneo en el siglo XIX, sí, pero sobre una identidad preexistente que llevaba siglos funcionando.
Hay quien sostiene que España es la nación más antigua de Europa. Otros responden que eso es folclore romántico. Lo que no se puede negar es que el término España designaba algo antes de 1812, antes de los Reyes Católicos y antes de los visigodos. Otra cosa es que ese algo fuera una nación en el sentido actual. Probablemente no lo era, pero tampoco lo era Francia ni Inglaterra en esas mismas fechas. El listón no se aplica igual a todos.
Con estos mimbres, la predicción es arriesgada. Si la historiografía sigue el camino de las últimas décadas, la tesis de 1812 ganará peso en el discurso académico. Pero la identidad hispana anterior a Roma tiene un recorrido difícil de desmontar. Y mientras tanto, cada bando seguirá eligiendo la fecha que más le conviene.