Salud mental y violencia: el dato del 3-5% no dice lo que parece
Un lugar común repetido hasta la saciedad: las personas con trastornos mentales graves no son más violentas que el resto, y de hecho son más vulnerables. El argumento estrella suele ser que solo entre el 3% y el 5% de los actos violentos los cometen personas con enfermedades mentales graves. Suena tranquilizador. Pero contiene un fallo de lógica estadística que, al examinarlo, cambia el relato.
La prevalencia de trastorno mental grave (esquizofrenia, bipolar grave, depresión mayor) ronda el 2-3% de la población. Si ese grupo comete entre el 3% y el 5% de la violencia, no está infrarrepresentado: está en su proporción exacta o ligeramente por encima. La cifra, lejos de demostrar que son menos peligrosos, sugiere que la tasa de violencia es similar o incluso algo superior a la media. Es el clásico sesgo de tasa base: un porcentaje pequeño suena a poco hasta que se compara con el tamaño del grupo.
El debate, sin embargo, no se resuelve solo con números. Las experiencias personales que afloran en la discusión muestran un problema real de gestión: familias que conviven con episodios de violencia cuando un paciente abandona la medicación, ingresos hospitalarios de apenas tres días sin seguimiento, y un vacío asistencial desde el cierre de los antiguos psiquiátricos. "Integrar" sin recursos es abandonar.
Que el dato del 3-5% no demuestre lo que pretendía no significa que haya que estigmatizar. Pero negar la evidencia de que existe un riesgo, por pequeño que sea, tampoco ayuda a abordar el problema. El mito no es que los enfermos mentales sean peligrosos; el mito es que el 3-5% demuestre que no lo son.