Los economistas de Deutsche Bank preparan cada cierto tiempo elaborados informes macroeconómicos en los que intentan hilar decenas de factores y acontecimientos que podrían dar forma a la economía del futuro. Lo cierto es que no suelen errar demasiado en sus previsiones de este tipo (nuevos ciclos, eras o regímenes económicos globales), lo que hace que sus publicaciones cobren aún mayor relevancia. La última ha ansioso a la luz este 14 de septiembre y habla de un nuevo régimen económico que podría estar caracterizado por la inflación, limitación en el lado de la oferta (lo que generará periodos de escasez de ciertos bienes) y subidas salariales nominales. Además, estos expertos creen que las recetas que funcionaron en el pasado para superar los problemas económicos podrían ser estériles esta vez en el mejor de los casos (en el peor solo generarán más inflación). Así es'La venganza de la oferta: un nuevo régimen para la economía', el nuevo trabajo de Deutsche Bank.
La economía está sufriendo un cambio rápido y probablemente inesperado. En el año 2020, los tipos de interés clave se encontraban en el 0% o en territorio negativo en las economías desarrolladas. Los precios estaban congelados o incluso caían, mientras que el exceso de ahorro y de producción se habían convertido en un problema. Salvo en el momento puntual del elbichito (faltaban mascara, material médico...), el problema de la economía global era que producía demasiado para una demanda que no despertaba ni con los tipos negativos. Hoy ya se puede atisbar una economía diferente, casi opuesta, donde escasean ciertos bienes y productos, donde la inversión se ha disparado (principalmente por las empresas relacionadas con la inteligencia artificial), los tipos de interés suben, los bancos centrales no logran devolver la inflación al 2% y... puede que todo esto solo acabe de empezar.
Henry Allen, estratega de Deutsche Bank señala en los primeros párrafos del informe que "en lo que llevamos de la década de 2020 hemos regresado a un mundo dominado por la oferta. El crecimiento se ha visto limitado tanto por la escasez de oferta como por una demanda insuficiente. Solo este año hemos asistido a importantes consecuencias derivadas del cierre del estrecho de Ormuz, con repercusiones sobre los precios del petróleo, la inflación y el crecimiento económico. Este cambio de régimen macroeconómico, en el que la oferta, y no la demanda, constituye el principal problema, crea un entorno difícil de gestionar y deja obsoleta buena parte de la receta económica utilizada durante la década de 2010", advierte este experto.
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Ahora, en una economía global donde la producción ha encontrado varios límites, en muchos casos provocados por el hombre (aranceles, guerras...), un aumento de los estímulos fiscales o una bajada de tipos de interés solo generarán más inflación. De una forma sencilla, si la economía entra en recesión y el sector público (bancos centrales y gobiernos) optan por aplicar políticas expansivas (más gasto, menos impuestos y tipos más bajos), la demanda aumentará, pero si las refinerías no pueden producir más diésel (por ejemplo) porque no tienen capacidad o el estrecho de Ormuz está cerrado y no circula el petróleo o, por ejemplo, las fábricas de chips no pueden ir más rápido, lo único que sucederá es que ese dinero fresco se convertirá casi inmediatamente en unos precios más altos.
Las consecuencias para la economía global de esta nueva economía serán "en primer lugar, los repuntes de inflación serán más frecuentes en un mundo limitado por la oferta, ya que no existe suficiente capacidad económica ociosa para responder a una mayor demanda", destaca el experto de Deutsche Bank.
Hay incluso riesgos estructurales provocados por el envejecimiento de la población. Allen cree que la jubilación de la generación del baby boom puede generar una tendencial estructural en la que la oferta está limitada de forma casi constante. Esta generación saldrá del mercado laboral con grandes patrimonios y unas pensiones jugosas en muchos casos, lo que les permitirá mantener niveles de consumo muy elevados en una economía con recursos productivos muy limitados (muchos consumen y pocos trabajan es el resumen). El resultado es un equilibrio de precios constantemente más elevado, lo que a su vez genera otro dilema que ya se vive hoy. Indexar las pensiones a este nuevo régimen de precios supondría agravar la situación año tras año.
También, como se señalaba anteriormente, en esta nueva era o régimen, "los estímulos monetarios también pierden eficacia en este entorno, puesto que las herramientas monetarias tradicionales orientadas a estimular la demanda no pueden solucionar la causa directa de los shocks de oferta. En tercer lugar, los estímulos fiscales en una economía limitada por la oferta son mucho más inflacionarios y tienen mayores probabilidades de desplazar la inversión privada", según reza el documento.
"La transición hacia un mundo dominado por la oferta significa que muchas de las antiguas premisas económicas de la década de 2010 han dejado de ser válidas. Se ha producido una ruptura estructural que hace que los estímulos tradicionales por el lado de la demanda sean menos eficaces. Después de años en los que prácticamente se daba por sentado que la oferta de la economía aumentaría para responder a una mayor demanda, hemos regresado a un mundo en el que la oferta vuelve a representar una restricción significativa", sostiene el informe.
De cara al futuro, el regreso a un mundo dominado por la oferta significa que el principal problema para los responsables políticos será ampliar la frontera productiva de la economía, esto quiere decir en un castellano entendible que será necesario aplicar políticas de oferta (flexibilizar el mercado laboral, retrat edad de jubilación, incentivar la inversión de las empresas en capacidad productiva...) para evitar que la inflación y la escasez se apoderen de la economía mundial. "Después de años en los que la insuficiencia de la demanda constituía la principal preocupación, el crecimiento futuro depende ahora de una expansión de la oferta que permita elevar el nivel de vida de forma generalizada", sentencia el informe del banco alemán.
La economía está sufriendo un cambio rápido y probablemente inesperado. En el año 2020, los tipos de interés clave se encontraban en el 0% o en territorio negativo en las economías desarrolladas. Los precios estaban congelados o incluso caían, mientras que el exceso de ahorro y de producción se habían convertido en un problema. Salvo en el momento puntual del elbichito (faltaban mascara, material médico...), el problema de la economía global era que producía demasiado para una demanda que no despertaba ni con los tipos negativos. Hoy ya se puede atisbar una economía diferente, casi opuesta, donde escasean ciertos bienes y productos, donde la inversión se ha disparado (principalmente por las empresas relacionadas con la inteligencia artificial), los tipos de interés suben, los bancos centrales no logran devolver la inflación al 2% y... puede que todo esto solo acabe de empezar.
Henry Allen, estratega de Deutsche Bank señala en los primeros párrafos del informe que "en lo que llevamos de la década de 2020 hemos regresado a un mundo dominado por la oferta. El crecimiento se ha visto limitado tanto por la escasez de oferta como por una demanda insuficiente. Solo este año hemos asistido a importantes consecuencias derivadas del cierre del estrecho de Ormuz, con repercusiones sobre los precios del petróleo, la inflación y el crecimiento económico. Este cambio de régimen macroeconómico, en el que la oferta, y no la demanda, constituye el principal problema, crea un entorno difícil de gestionar y deja obsoleta buena parte de la receta económica utilizada durante la década de 2010", advierte este experto.
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Ahora, en una economía global donde la producción ha encontrado varios límites, en muchos casos provocados por el hombre (aranceles, guerras...), un aumento de los estímulos fiscales o una bajada de tipos de interés solo generarán más inflación. De una forma sencilla, si la economía entra en recesión y el sector público (bancos centrales y gobiernos) optan por aplicar políticas expansivas (más gasto, menos impuestos y tipos más bajos), la demanda aumentará, pero si las refinerías no pueden producir más diésel (por ejemplo) porque no tienen capacidad o el estrecho de Ormuz está cerrado y no circula el petróleo o, por ejemplo, las fábricas de chips no pueden ir más rápido, lo único que sucederá es que ese dinero fresco se convertirá casi inmediatamente en unos precios más altos.
Tensión en el mercado laboral
Ante este contexto, los trabajadores reclamarán mayores salarios y en una sociedad que se enfrenta a la jubilación de la generación del baby boom, los empresarios tendrán que subir sueldos para retener a los trabajadores, lo que a su vez alimentará aún más la propia inflación, generando una suerte de espiral precios-salarios.Las consecuencias para la economía global de esta nueva economía serán "en primer lugar, los repuntes de inflación serán más frecuentes en un mundo limitado por la oferta, ya que no existe suficiente capacidad económica ociosa para responder a una mayor demanda", destaca el experto de Deutsche Bank.
Hay incluso riesgos estructurales provocados por el envejecimiento de la población. Allen cree que la jubilación de la generación del baby boom puede generar una tendencial estructural en la que la oferta está limitada de forma casi constante. Esta generación saldrá del mercado laboral con grandes patrimonios y unas pensiones jugosas en muchos casos, lo que les permitirá mantener niveles de consumo muy elevados en una economía con recursos productivos muy limitados (muchos consumen y pocos trabajan es el resumen). El resultado es un equilibrio de precios constantemente más elevado, lo que a su vez genera otro dilema que ya se vive hoy. Indexar las pensiones a este nuevo régimen de precios supondría agravar la situación año tras año.
También, como se señalaba anteriormente, en esta nueva era o régimen, "los estímulos monetarios también pierden eficacia en este entorno, puesto que las herramientas monetarias tradicionales orientadas a estimular la demanda no pueden solucionar la causa directa de los shocks de oferta. En tercer lugar, los estímulos fiscales en una economía limitada por la oferta son mucho más inflacionarios y tienen mayores probabilidades de desplazar la inversión privada", según reza el documento.
"La transición hacia un mundo dominado por la oferta significa que muchas de las antiguas premisas económicas de la década de 2010 han dejado de ser válidas. Se ha producido una ruptura estructural que hace que los estímulos tradicionales por el lado de la demanda sean menos eficaces. Después de años en los que prácticamente se daba por sentado que la oferta de la economía aumentaría para responder a una mayor demanda, hemos regresado a un mundo en el que la oferta vuelve a representar una restricción significativa", sostiene el informe.
De cara al futuro, el regreso a un mundo dominado por la oferta significa que el principal problema para los responsables políticos será ampliar la frontera productiva de la economía, esto quiere decir en un castellano entendible que será necesario aplicar políticas de oferta (flexibilizar el mercado laboral, retrat edad de jubilación, incentivar la inversión de las empresas en capacidad productiva...) para evitar que la inflación y la escasez se apoderen de la economía mundial. "Después de años en los que la insuficiencia de la demanda constituía la principal preocupación, el crecimiento futuro depende ahora de una expansión de la oferta que permita elevar el nivel de vida de forma generalizada", sentencia el informe del banco alemán.
