Italia bloquea DeepSeek y El País avisa del peligro para la democracia
¿De verdad hay que descargarse DeepSeek o evitarlo como a la peste? El diario El País publicó una advertencia: la nueva inteligencia artificial china es un peligro para la
privacidad y, por extensión, para las democracias. El mensaje caló rápido. En Italia, el Garante para la Protección de Datos ordenó el bloqueo «de forma urgente y efecto inmediato» de la aplicación tras no recibir la información solicitada a la empresa china. Meloni pasó a la acción y DeepSeek dejó de estar disponible en el país transalpino. La noticia, difundida por cuentas de seguimiento internacional, desató una tormenta de reacciones que mezclan geopolítica, recelo hacia los medios y una pregunta incómoda: ¿por qué ahora y por qué esta IA?
Qué es DeepSeek y por qué Italia lo ha bloqueado
DeepSeek es una inteligencia artificial de origen chino que compite con los grandes modelos occidentales. Su irrupción ha sacudido el sector por una razón que nadie discute: su coste. Según los datos que manejan quienes la han probado, su precio de uso ronda
una quinta parte del de sus competidores. Eso, en un mercado donde el entrenamiento y la inferencia devoran energía y capital, no es un detalle menor.
Con resultados similares al resto de IAs, es imposible que no se masifique cuando cuesta 1/5 de los competidores, resume un análisis que circula entre los usuarios más técnicos.
El Garante italiano actuó después de que la empresa no respondiera a sus requerimientos sobre el tratamiento de datos personales. La orden fue de bloqueo inmediato. El Gobierno de Meloni no matizó: la aplicación dejó de descargarse. La secuencia recuerda a otros episodios de fricción tecnológica entre Occidente y China, pero esta vez el detonante no fue una acusación de espionaje ni un informe de inteligencia, sino la falta de información corporativa. Un motivo administrativo que, sin embargo, se ha leído en clave de nueva Guerra Fría.
El País avisa del peligro y las redes responden con desconfianza
El artículo de El País no se anduvo con rodeos: DeepSeek no es un juego y su uso compromete la privacidad. La advertencia encendió a una parte del público que ve en los medios tradicionales un altavoz de intereses ajenos.
Han tardado poco en activar la maquinaria de propaganda, escribió un lector que atribuyó al diario el papel de portavoz de su amo. La desconfianza hacia el mensaje oficial se mezcló con el recuerdo de otros casos:
¿Y ChatGPT no?, preguntó otro, señalando la doble vara de medir.
La comparación con las tecnológicas estadounidenses fue el hilo conductor de muchas réplicas. Se recordó que las grandes plataformas occidentales también recopilan datos, a veces con permisos que el usuario no recuerda haber dado.
¿Cuántos datos recopila de los usuarios El País? ¿Cuáles toma sin permiso y cuáles de los, teóricamente, con permiso se usan para sacar aún más datos?, planteó un mensaje que ponía el foco en el medio que lanzaba la alerta. La pregunta quedó flotando: si el problema es la recolección masiva, ¿por qué el escándalo empieza en China y no en Silicon Valley?
La paradoja europea: sin IA propia y con miedo a la ajena
La Unión Europea observa el pulso tecnológico con una mezcla de recelo y complejo. No hay una inteligencia artificial europea que compita de tú a tú con los modelos chinos o estadounidenses, y eso alimenta la sensación de dependencia.
¿Dónde está la IA europea que hace frente a las IAs chinas y americanas?, se preguntó en el debate. La respuesta más repetida fue un chiste amargo: llegará con retraso, pero con retraso mental. La ironía apunta a un problema real: Europa regula mucho y produce poco en este campo.
Mientras Bruselas debate cómo proteger los datos de los europeos, los usuarios se enfrentan a una elección práctica. ¿Renunciar a una herramienta más barata y eficaz por miedo a lo que haga con sus datos? ¿Confiar en las alternativas occidentales que ya los tienen? La decisión de Italia marca un precedente, pero no resuelve el dilema.
El bloqueo es una medida administrativa, no una respuesta tecnológica. Y la tecnología, mientras tanto, sigue avanzando.
El recelo hacia el Estado propio pesa más que el miedo a China
En el trasfondo del debate hay una corriente que relativiza la amenaza china.
China no puede hacerme nada. El gobierno español puede meterme un puro con su perro de presa llamado Hacienda en cuanto tenga información de mí, resume una postura que se repite con distintas palabras. Para una parte de los usuarios, el verdadero riesgo para su privacidad no viene de Pekín, sino de la Agencia Tributaria, los bancos o las operadoras. La distancia geográfica convierte a China en una amenaza abstracta; la administración cercana, en un peligro tangible.
Esa desconfianza hacia lo propio explica por qué la advertencia de El País pudo tener el efecto contrario al deseado.
Si lo dice El País, habrá que descargarlo masivamente, bromeó un participante. La recomendación de evitar la aplicación se transformó, para algunos, en un motivo para probarla. No es una reacción nueva: cuando un medio señala un peligro, una parte del público sospecha que el peligro real es el medio. La polarización hace el resto.
La censura china, el argumento que nadie discute
Hay un punto en el que casi todas las posturas coinciden: DeepSeek está entrenada bajo la censura del Partido Comunista Chino. Preguntar por ciertos temas históricos o políticos devuelve silencio o respuestas evasivas.
Está censurado, como muchas otras cosas que se censuran en el mundo libre, matizó un mensaje que, aun así, no exculpaba al modelo chino. La diferencia, argumentan algunos, es que en Occidente la censura es opaca y en China es explícita. En ambos casos, el usuario queda a merced de lo que el sistema decida mostrarle.
Ese consenso incómodo no resuelve la pregunta principal: ¿debe bloquearse una herramienta por lo que hace con los datos o por lo que hace con la información? Italia ha optado por lo primero. Otros países observan. Y los usuarios, mientras tanto, siguen descargando la aplicación, unos por curiosidad, otros por rebeldía y algunos, simplemente, porque es más barata.
La geopolítica de la IA se decide en los tribunales, pero se juega en los móviles.