Rusas y ucranianas: ni el ADN ni la guerra aclaran la diferencia
La pregunta parece sencilla: ¿en qué se diferencian las mujeres rusas de las ucranianas? La respuesta, a juzgar por lo que se discute, es que casi nadie se pone de acuerdo. Hay quien sostiene que son «lo mismo» y quien asegura que las ucranianas son «más gitanas», «más salvajes» o «más folladoras». El asunto se enreda cuando entra la historia: las fronteras se movieron tanto durante el siglo XX que separar hoy un apellido ruso de uno ucraniano es casi un ejercicio de arqueología.
El mapa genético no ayuda. Un argumento recurrente es que las deportaciones y repoblaciones forzosas de la era soviética mezclaron a la población hasta hacer imposible distinguir un linaje del otro. «Es bastante extraño por no decir imposible encontrarte zonas de las actuales Rus y Ukr que tengan un % alto de poblacion residiendo alli desde muchas generaciones», se afirma. Otros van más lejos: «no existen las mujeres ukranianas, solo hay mujeres rusas, alemanas, austriacas y hungaras».
¿Son las ucranianas más guapas o más peligrosas?
Aquí el consenso se rompe del todo. Una corriente defiende que las ucranianas son «las mas guapas, las mas sexys y las mas faciles», aunque con un matiz inquietante: «son hitres. Te pasarán la factura». Otra sostiene justo lo contrario: que las rusas son «más frías, más distantes» y las ucranianas «más salvajes». Y una tercera, más socarrona, resume: «Las ucranianas son guapas pero un poco putas, y las rusas son putas pero bastante guapas».
La cosa se complica cuando se introduce la variable geográfica. No es lo mismo una mujer de Moscú que una de un pueblo perdido de Siberia, ni una de Leópolis que una del Dombás. «Las ucranianas del Oeste creen en el amor, son mas idealistas y algo mas naif», mientras que «las ucranianas del Este son mas parecidas a las rusas», sostiene un análisis. En el lado ruso, la división es idéntica: las urbanas de gran ciudad serían «muy subidas» y materialistas; las de pueblo, «faciles de pinchar» y más familiares.
El factor guerra: de la hermandad al odio
El conflicto armado sobrevuela toda la discusión. Hay quien recuerda que «siempre ha habido muy buen rollo entre ellos» y que «es muy común ver rusos con apellidos ukranianos y viceversa». Frente a eso, otra voz replica que «el ucraniano medio detesta a Rusia desde el holodomor» y que la idea de que los rusos serían recibidos con abrazos era «mentira».
La guerra también ha cambiado el mercado. «Desde que explotó la burbuja muchas huyeron», se comenta. Y no todas hacia España: «Lo peorcito va a sPAIN, no esperéis pivones eslavas, esas van a París o Londres».
Lo que de verdad las diferencia, según la experiencia
Más allá de los tópicos, hay un puñado de observaciones que se repiten. Las rusas serían «mucho mas terrenales y a veces, brutalmente honestas», con una visión del matrimonio como «una asociación en la que ambos ganan». Las ucranianas, en cambio, «te montan un lío en cualquier sitio por cualquier chorrada», mientras que las rusas «se esperan a llegar a casa para tirarte las sartenes a la cabeza».
También hay quien señala un choque cultural con lo español: «Muchas de las que viven en España terminan pillando algunas costumbres (malas) del país». Y una advertencia para navegantes: «No hay nada mas machista que una mujer rusa». La frase, atribuida a un tercero, resume una percepción extendida: ven el feminismo occidental como «algo entre aberrante, delirante y absurdo».
Al final, la única conclusión sólida es que no hay conclusión. Las diferencias que se describen son más de carácter, de ciudad o de pueblo, que de pasaporte. Y como resume una intervención: «Son lo mismo, salvo el idioma, que es bastante parecido, no percibiras nada».