Pisos a 60.000 euros en 2013: quién miró y quién no compró
¿Dónde estaba el que hoy se echa las manos a la cabeza con el precio de la vivienda cuando en 2013 se regalaban pisos a 60.000 euros? La pregunta recorre cualquier conversación sobre ladrillo y no tiene buena respuesta. El país que rescató con dinero público a la banca quebrada, que todavía mantiene vivo al
SAREB con pérdidas de cientos de millones, es el mismo que ahora denuncia que el mercado se ha vuelto imposible. La memoria, aquí, es
selectiva.
Un repaso de precios que circula deja la foto descarnada: pisos de
80 metros cuadrados en la zona de la plaza de toros de
Ventas, en Madrid, que hoy se valoran en
800.000 euros. En 2015, con
250.000 euros en efectivo, el comprador mandaba. Ahora ese dinero apenas cubre la entrada de un piso en la misma esquina.
El rescate que nunca se devolvió
La tesis más repetida es incómoda: los que hoy posan de librecambistas fueron rescatados con dinero de todos. Se sostiene que no devolvieron
ni un euro y que el SAREB sigue activo perdiendo cientos de millones para sujetar la ficción de los precios. Es un argumento con gancho y difícil de rebatir con los números delante.
Y hay quien reparte la culpa hacia el otro lado. Se argumenta que muchos compradores esperaban a que les regalaran el piso y nunca se plantearon trabajar y ahorrar para pagarlo. El reproche tiene su público, aunque convive mal con otra realidad: hubo quien llegó a pedir vivienda a
25.000 euros.
¿Por qué los jóvenes con trabajo no pueden irse de casa?
Aquí el relato se rompe por el centro. Hay quien recuerda casos cercanos de veinteañeros que trabajan y no consiguen independizarse, ni siquiera de alquiler. Este grupo
estaría en lo correcto si estuviera en Sol, admite uno de los intervinientes, antes de matizar que otra cosa es quién promueve la protesta y qué intereses hay detrás. El problema de fondo, dicen, es real y afecta a jóvenes españoles: sueldo de entrada, cero ahorro y precios de otra liga.
Ocho años de libre mercado y cuatro meses para las urnas
En el terreno político, los diagnósticos se cruzan. Un compañero de trabajo lo resumía así: durante
ocho años se permitió el libre mercado, lo que disparó los precios, y ahora toca intervenir de urgencia por especulación salvaje. Otros ven el giro como pura oportunidad electoral, a
cuatro meses de los comicios. Y hay quien compara la situación con la que dejó
Zapatero: ruina para forzar recortes al que venga, canalizar el descontento, culpar a la derecha y volver a los cuatro años.
Entre los más críticos con el actual Gobierno asoma la resignación.
Van a dejar un marronazo sideral para el que llegue, se lamenta alguien que anuncia voto a VOX por considerar que el PP se queda corto. Tampoco espera gran cosa del resto: ningún partido más a la derecha lo convence.
Al final, la única certeza es que la fiesta la paga el de siempre: el que compró tarde, el que nunca llegó y el que aún vive con sus padres a los treinta. Comprar a 60.000 euros, esa parte, ya no vuelve.