Dos chicas se besan ante la carpa de Vox y no pasa nada
Un tuit con dos mujeres besándose frente a la carpa de Vox en la feria de Abril de Barcelona, acompañado del comentario «y no pasa nada», ha servido para reabrir un pulso que va mucho más allá del gesto. El mensaje inicial no aporta más contexto: ni nombres, ni hora, ni reacción de los presentes. Solo la escena. Y precisamente esa ausencia de incidentes es lo que unos leen como prueba de tolerancia y otros como síntoma de que el país ha perdido la capacidad de escandalizarse por nada.
La discusión derivó rápido hacia un lugar previsible: la comparación con lo que ocurriría en una mezquita. «Si lo hiciesen dentro de una mezquita igual podría ser noticia», resume una de las primeras intervenciones. A partir de ahí, el eje del intercambio dejó de ser el beso y pasó a ser quién tiene derecho a escenificar qué delante de quién.
El argumento de la mezquita y su trampa lógica
Buena parte de los mensajes repiten la misma idea: que el gesto solo tiene sentido como provocación porque el lugar elegido es el más seguro posible. «Precisamente delante de la carpa de VOX puede que sea el lugar más seguro de toda Barcelona para hacerlo, porque es donde menos moros va a haber», sostiene un participante. Otro lo resume con sorna: «Una carpa de Vox es un lugar seguro».
El razonamiento tiene una segunda capa que casi nadie desarrolla: si el objetivo era molestar a Vox, el resultado es que Vox queda retratado como el único espacio donde el gesto no genera conflicto. «Lo que demuestra esta foto es, precisamente, que ante una Mezquita, no tendrían libertad para hacerlo como viene denunciando VOX», se argumenta en un tuit reproducido dentro del propio intercambio. La paradoja es evidente: la provocación acaba funcionando como argumento del provocado.
¿Provocación o simple exhibicionismo?
La acusación más repetida no es ideológica, sino de postureo. «¿Pero cómo pueden ser tan gilipollas y tan attention whore?», se pregunta un mensaje. «Qué transgresoras», ironiza otro. La tesis dominante es que el beso no busca reivindicar nada, sino grabarse haciéndolo. «Se empieza por ahí y se acaba enseñando las tetas con Femen», advierte uno.
Hay quien va más atrás y señala que el recurso está agotado: «En las películas de Iquino de finales de los 70 ya salían chortinas besándose y magreándose, van con 40 y pico años de retraso». La escena, vista así, no sería transgresión sino repetición de un gesto que hace décadas dejó de escandalizar a nadie.
El detalle que nadie esperaba: una carta de tarot
Entre los mensajes más valorados aparece una observación que cambia el tono de la discusión: «La besucona de la izquierda lleva una tarjeta de tarot en la mano. Luego fueron a que una pitonisa les adivinara el futuro». El dato, si es cierto, convierte la escena en algo más cercano a una despedida de soltera que a un acto político. Y encaja con otra intervención: «Su capacidad intelectual está más que contrastada viendo que creen en el tarot y esas mierdas».
No hay forma de verificar el detalle desde el material disponible, pero su efecto en la conversación es real: desplaza el foco desde el conflicto cultural hacia el simple exhibicionismo de fin de semana.
La pregunta incómoda: ¿y si el problema es que no pasa nada?
Una de las intervenciones finales da la vuelta al titular: «Pues igual el problema es que no pasa nada. Si pasara lo mismo se lo pensaban dos veces antes de hacer el gilipolla y faltar el respeto a la gente normal». La idea de que la ausencia de reacción es en sí misma el problema, y no la prueba de una sociedad madura, recorre varios mensajes.
Frente a eso, otra corriente sostiene que el gesto no tiene ningún valor informativo y que amplificarlo es regalarle a las protagonistas exactamente lo que buscan. «¿Para qué abrís hilo?», pregunta alguien. La noticia, en el fondo, es que no hay noticia.
Con estos mimbres, lo previsible es que el episodio se olvide en cuestión de días y que la próxima feria traiga una variante del mismo gesto en otro lugar simbólico. Lo que no está claro es que a nadie le siga importando lo suficiente como para que la escena vuelva a funcionar.