Dos botellas de aceite, 18 euros y un juicio por hurto leve
¿Se puede acabar ante un juez por llevarse dos botellas de aceite de oliva que cuestan menos de 18
euros? Según el caso que se está dirimiendo, sí. Un hombre en desempleo y sin antecedentes cogió dos botellas de aceite de oliva en un supermercado. El vigilante de seguridad lo retuvo, su jefe ordenó denunciar y dos agentes de la Policía Nacional acabaron personándose en el establecimiento. La escena se alargó
más de 45 minutos ante el resto de la clientela. El juicio está señalado para el miércoles.
Qué ocurrió y qué sostiene el denunciado
El relato parte del propio afectado, que lo ha expuesto en primera persona. Dos botellas de aceite de oliva, un importe total
inferior a 18 euros y ninguna detención previa: nunca había sido arrestado ni tenía antecedentes. El vigilante le dijo que el aceite no era un producto de primera necesidad y su responsable decidió tirar por la vía de la denuncia. Los agentes llegaron después.
Su argumento central es económico. Asegura que llevaba años pagando
3 euros el litro y que el precio se ha multiplicado hasta superar los 9 euros. Considera el aceite de girasol refinado poco saludable y solo lo usa para freír. También le molesta que se insinuara que podía estar robando para revender:
¿revender un alimento básico para qué?. Admite que su conducta fue infantil, que le ha salido cara y que no se siente bien por lo hecho.
El precio del aceite de oliva: de 3 euros a más de 9 euros el litro
La escalada del aceite de oliva es el marco de todo el asunto. En el mismo periodo en que el producto pasaba de 3 a más de 9 euros por litro, el afectado señala que su capacidad de ahorro se ha ido desplomando y que está en desempleo. Menciona el compromiso de una inflación anual en torno al
3% en la Unión Europea como referencia incumplida. Con ingresos bajos, cualquier subida de un producto que se compra todas las semanas pesa más que la media del índice.
El trato fiscal a los alimentos es otro frente. Un participante recuerda que la electricidad soporta un IVA equiparable al de los bienes de lujo, de modo que tener luz en casa ya te convierte en rico a efectos tributarios. Y otro compara con
Reino Unido, donde buena parte del supermercado tiene IVA cero, con la excepción del agua mineral, el alcohol y poco más. La conclusión que se extrae: gravar la comida castiga proporcionalmente más a quien menos margen tiene para sustituirla.
¿Hasta qué importe un hurto se considera leve?
Aquí es donde el caso se vuelve jurídicamente interesante. Circulan cifras distintas y ninguna cerrada. Una parte sostiene que hasta
300 euros no habría delito; otra calcula la pena en una multa de
200 a 300 euros en función de la capacidad económica. La cuantía de la multa se fija precisamente a partir de los ingresos acreditados, lo que convierte el certificado de desempleo en una pieza procesal.
El procedimiento tampoco es el que muchos imaginan. No hubo detención ni traslado: se trata de un juicio rápido con imputado no detenido, citado directamente para la vista. Hay quien discute si un agente municipal puede detener en un delito leve flagrante, con el artículo 490 y el 492 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal sobre la mesa. Otros defienden que en la práctica esto se resuelve con una citación automática y un SMS del juzgado.
Hurto famélico y estado de necesidad: qué se recomienda alegar
La línea de defensa que más se repite pasa por el
hurto famélico, una figura que la propia discusión reconoce como muy difícil de estimar. Se asemeja al estado de necesidad, una eximente completa que exige acreditar ausencia de ingresos, falta de apoyo familiar y que se ha acudido sin éxito a recursos asistenciales, como un comedor social. Todo eso necesita documentación y, a ser posible, testigos que lo confirmen en sala.
Como alternativa subsidiaria se apunta a la atenuante de confesión o arrepentimiento espontáneo, ya que el afectado reconoció los hechos desde el primer momento. La secuencia lógica sería pedir primero la eximente completa, después el estado de necesidad por insuficiencia de recursos y, en último lugar, la atenuante simple. La estrategia no garantiza nada: el resultado depende del juzgado.
Solidaridad, mofa y dureza con quien roba comida
La reacción está partida en tres. Una corriente defiende que subir el triple la cesta de la compra es el delito que nadie persigue, y recuerda que robar 18 euros a un supermercado tiene consecuencias mientras que robar millones a un banco apenas se traduce en nada. Otra responde con dureza al afectado: le reprocha su paladar exquisito, le sugiere conformarse con girasol y le avisa de que el asunto le va a complicar la vida más allá del juicio.
Hay también quien sostiene, sin aportar pruebas, que la respuesta de la seguridad habría sido distinta según el origen de quien roba, y quien lo niega con casos cotidianos. En paralelo se cuela la recomendación más peligrosa del asunto: pasarse por el arco sin etiqueta, cambiar productos o hacerlo todos a la vez. Bajo ese muestrario de picaresca, el hilo discute qué se lleva hoy de la estantería.
El miércoles se juzga un hurto de menos de 18 euros. La inflación, mientras tanto, no se sienta en el banquillo.