Doy por inaugurada la próxima crisis: el aviso que divide a los analistas
A finales de octubre, un mensaje en un foro económico español lanzó una afirmación que muchos tildaron de exagerada: «Hemos comenzado la nueva crisis». El autor situaba el inicio en esa fecha y advertía de que los medios tardarían entre dos y cuatro años en reconocerlo. La discusión que siguió, con más de 150 respuestas a lo largo de casi un año, dibuja un panorama de desacuerdo profundo sobre el estado real de la economía global.
Los argumentos del pesimismo
Quien abrió el debate no aportó gráficas ni indicadores concretos. Habló de «premonición, intuición» y de una «tensa calma» con «tiempos eufóricos desmedidos e incoherentes». Su tesis central es que la liquidez existe, pero no llega a quienes deben frenar el endeudamiento. «El dinero no está en las manos que deberían de estar», escribió. Añadió que los impagos empiezan a aparecer y que la próxima «cortina de humo» servirá para desviar la atención.
Más adelante endureció el tono: «Bajar los tipos de interés significa no poder financiar al país y subida de tipos significa ir pudiendo pagar los vencimientos de deuda». Para él, la disyuntiva es quiebras y desahucios o el fin del sistema económico. «Es la rotura del sistema fiduciario», sentenció.
La réplica: sin paro ni cisne negro no hay crisis
La oposición más repetida fue la falta de señales clásicas. «Cuando el paro empiece a subir de una manera clara en EEUU o China y después en Europa, hablamos de nuevo», resumió un participante. Otro apuntó que «no hay que ser clarividente» para ver problemas, pero que la crisis «no tiene por qué ser habitual» si todos los actores están alineados y no salta un cisne negro.
La ironía también tuvo su espacio. «Las terrazas llenas», escribió alguien para relativizar el alarmismo. «Las navidades serán con chopped marca blanca y panga radiactiva», bromeó otro. Y un tercero zanjó: «En base a sus huevos morenos», en referencia a la falta de datos del pronóstico inicial.
El dato que reabrió el debate: Japón y la IA
Meses después, el hilo recibió un giro inesperado. Alguien compartió una noticia sobre Japón: la rentabilidad del bono a diez años alcanzaba el 1,71%, su nivel más alto desde 2008, y los fondos de pensiones japoneses retiraban 1,1 billones de dólares. «Japón cierra la mayor imprenta de dinero global», titulaba el mensaje. Para el autor original, esto confirmaba su tesis: «Y alguno si quiere podría preguntarme por qué me justo en el momento preciso o casi preciso en abrir este post».
A la vez, se difundieron advertencias sobre la inteligencia artificial. Ray Dalio, fundador de Bridgewater Associates, comparó la situación con la burbuja de 1999 e incluso con 1929, señalando que el 80% de las ganancias del mercado provienen de un pequeño grupo de gigantes tecnológicos como Nvidia, Apple y Microsoft. Las bolsas asiáticas cayeron con fuerza: el Nikkei perdió más de 1.300 puntos (-2,5%) y el Kospi surcoreano casi un 3%, en una jornada marcada por el cierre de gobierno más largo de la historia de EE. UU., que ya sumaba 36 días.
La brecha entre la economía real y la bursátil
El autor original insistió en que «la economía real deflacta de la economía bursátil o ficticia». Su argumento: las empresas no pueden justificar sus cuentas solo con índices si no hay actividad real. «Están metiendo estímulos a un cadáver», escribió. Para él, no queda «más tarta» y el sistema no aguanta otro aumento de la presión fiscal.
La respuesta más dura vino de quien recordó que España ha impagado su deuda trece veces, junto con Argentina. «Claro que la pagarás con inflación. No se puede subir la presión fiscal, ¿y la inflación qué cojones es?», replicó. «No van a dejar de imprimir. Los próximos años».
Un cierre sin consenso
El hilo derivó hacia la política y la demografía, con referencias a la «marcha del millón de patinetes» y a un supuesto «Partido Único» europeo. También hubo quien situó el inicio real de esta crisis en 2020, no en octubre. «Cada día somos más pobres que el anterior, y lleva siendo así cinco años», escribió un participante.
El dato que descoloca: el autor original propuso una quedada entre los participantes para «devolver todo lo que han arrojado sobre nosotros». La crisis, para él, no es solo económica. Es también una oportunidad de unión. Nadie ha confirmado todavía si la quedada se celebró.