EEUU estudia reasentar a un millón de gazatíes en Libia
¿Se puede vaciar Gaza? La Administración estadounidense ha evaluado un plan para asentar de forma permanente a un millón de palestinos en Libia, según NBC News. El proyecto estaría lo bastante avanzado como para haber sido tratado con el liderazgo libio y comunicado a Israel, aunque sin acuerdo final. A cambio, Washington desbloquearía fondos congelados a Libia desde hace una década. Un portavoz del Ejecutivo lo negó después: «no tiene sentido» y «no ha sido discutido». La ANP de Mahmud Abás ya lo calificó de «inaceptable» desde Moscú.
Qué dice el plan y qué costaría mover a un millón de personas
La letra pequeña es donde se cae el asunto. No se ha filtrado el coste total ni quién lo pagaría. La logística, según la cadena, exige más de 1.100 vuelos en el mayor avión de pasajeros actual, el Airbus A380. Gaza no tiene aeropuerto, así que habría que llevar primero a la gente a un aeródromo de la región. Si Israel no deja cruzar su territorio, el aeropuerto más cercano es El Cairo. Por carretera son unos 1.800 kilómetros y los vehículos tienen menos capacidad que los aviones. En ferry, cientos de viajes. Los incentivos para los desplazados incluirían una casa gratis.
Por qué ningún país árabe quiere recibirlos
El rechazo no es nuevo. Trump ya habló de «limpiar» Gaza y contempló trasladar a su población a Jordania o Egipto, lo que generó indignación y oposición en ambos países. Los estados árabes se han mostrado críticos con reubicar a los palestinos de forma permanente. Sobre Libia pesa además su condición de Estado destruido y dividido tras años de conflicto. Hay quien sostiene que echarle ese muerto a un país sin capacidad institucional es una forma de no resolver nada y de trasladar el problema al Mediterráneo central, a un paso de Italia.
El precedente histórico que nadie quiere nombrar
El paralelismo más citado es el plan nazi de reasentar a los judíos europeos en Madagascar. Distintos actores, distinto escenario, misma lógica de mover poblaciones enteras por decreto. Otros miran más atrás: la expulsión de los moriscos de España, 350.000 personas hacia el Magreb. La comparación sirve para recordar que los traslados masivos rara vez acaban bien para quien los sufre, y casi nunca para quien los ejecuta.
El fondo del asunto: Gaza, Cisjordania y el derecho internacional
Más allá del titular, el plan apunta a una cuestión de fondo: si la población de Gaza puede quedarse o no. La ANP lo ha rechazado de plano. La crítica más dura sostiene que los habitantes de Gaza están sentenciados —irse o morir día a día— y que en unos años el mismo modus operandi se repetirá en Cisjordania. Mientras la fuerza y el dinero estén del lado israelí, los Derechos Humanos y el Derecho Internacional quedan como principios sin eficacia real.
Quién paga y quién decide
Un detalle que se escapa en el ruido: hay quien sostiene que el plan lo sufragarían los contribuyentes estadounidenses, no Israel. La Administración ha señalado en el pasado que los países árabes ayudarían a reconstruir Gaza al acabar la guerra, pero estos se han mostrado críticos con la reubicación permanente. La ecuación no cierra: nadie quiere poner el dinero, nadie quiere recibir a la gente y el único que gana terreno es el que empuja a la población fuera.
Con estos mimbres, el plan debería estar muerto. Sigue sobre la mesa. Alguien debería preguntar a quién beneficia que siga ahí.