Eurovisión estudia multar a RTVE por su mensaje sobre Gaza
La Unión Europea de Radiodifusión (UER) se plantea sancionar a RTVE por el mensaje emitido antes de la retransmisión del festival, según el asunto que ha centrado la discusión. El texto, leído en pantalla, apelaba a un «deseo de paz en general» y no mencionaba a ningún país, pero la televisión pública lo difundió en un certamen del que participaba Israel. La paradoja que ha alimentado el enfado: un festival que se declara apolítico y que, sin embargo, expulsó a Rusia tras la invasión de Ucrania.
Qué pasó antes de la retransmisión
RTVE emitió un mensaje en televisión justo antes de comenzar la emisión del festival. El contenido, resumido en el propio telediario de La 1, se presentó como «un deseo de paz en general, no contra ningún país». La UER lo interpretó como un posicionamiento político durante la emisión y abrió la puerta a una multa contra la corporación pública.
La cifra que nadie ha puesto sobre la mesa es la cuantía. Nadie la conoce. Y ahí empieza el problema: si la sanción se ejecuta, la pregunta inmediata es quién la paga. La respuesta más repetida es la misma que en cualquier sanción a un ente público: el contribuyente.
El dinero público no es de nadie, resume la lógica que se ha instalado en la conversación.
Por qué se cuestiona el criterio de la UER
El argumento más repetido no discute el mensaje: discute la asimetría. Israel participa; Rusia, no. Bielorrusia, tampoco. Ucrania ganó el certamen con una canción de contenido bélico y nadie abrió expediente. Hay quien sostiene que la norma se aplica según quién esté en el foco, y que el criterio de derechos humanos es
selectivo según el país señalado.
La comparación que más circula es la de los países que sí compiten sin que se les exija nada: Azerbaiyán, Turquía, Afganistán. La objeción que se lanza es siempre la misma: si el filtro fuera real, se aplicaría a todos. Si no se aplica a todos, el filtro es otra cosa. El festival, concluyen, es político cuando conviene y apolítico cuando estorba.
El voto popular y el relato del rechazo
El resultado del televoto ha servido para reforzar las dos lecturas. Una parte lo lee como un respaldo claro a Israel y un rechazo al terrorismo. Otra parte lo atribuye a la polarización: votar a Israel como forma de contestar a la organización. La misma cifra, dos relatos incompatibles.
El detalle que más ha circulado es el de la presentadora de TVE que, al conocerse el resultado, se quedó sin palabras y tuvo que mirar a un compañero para confirmarlo. La escena se repite cada año, según quienes siguen el certamen, y resume mejor que cualquier comunicado la incomodidad de la cadena pública.
La paradoja de un festival que se dice apolítico
El certamen se define como concurso musical. La lista de decisiones contradice esa definición: expulsión de Rusia, victoria de Ucrania en 2022, mensajes progresistas en las actuaciones. La conclusión que se extrae es que el problema no es el mensaje político, sino que el mensaje político se note.
El asunto de fondo es otro: si una institución supranacional puede intervenir el contenido editorial de una emisora de un país miembro. La UER ya expulsó a la televisión rusa y a la bielorrusa. Aplicar el mismo rasero a una televisión pública de la UE sería el siguiente paso lógico. Nadie ha aclarado si se dará.
Con la sanción sin resolver y el criterio de la UER sin explicar, queda la pregunta incómoda: ¿cuánto de este conflicto es un problema de derechos humanos y cuánto es un problema de a quién le toca el turno en el calendario?