El arrogante lado del bien (Juan Carlos Girauta en El Debate)

El arrogante lado del bien (Juan Carlos Girauta en El Debate)
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La izquierda actual, según **Juan Carlos Girauta**, se define por una arrogancia infinita que la lleva a posiciones reaccionarias, borrando la identidad de la mujer y temiendo el progreso, similar a la censura franquista.

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La izquierda actual, según Juan Carlos Girauta, se define por una arrogancia infinita que la lleva a posiciones reaccionarias, borrando la identidad de la mujer y temiendo el progreso, similar a la censura franquista.

La izquierda y su pedestal moral

La izquierda contemporánea es descrita como reaccionaria, con una tendencia a borrar la figura de la mujer y a eliminar la igualdad ante la ley. Se percibe un temor al progreso y un deseo de censura, incluso en la publicidad, emulando las prácticas de los censores del franquismo. La característica que une a las distintas corrientes de la izquierda, desde el socialismo hasta el *wokismo*, es una arrogancia que parece no tener límites. Esta actitud se manifiesta en discursos que, aunque aparentemente buscan mejorar la educación, en realidad parecen tener motivaciones políticas más profundas, como influir en los resultados electorales, tal como se sugiere con el ejemplo de Sajonia-Anhalt. La crítica se centra en la pretensión de superioridad moral e intelectual que algunos representantes de esta ideología parecen ostentar.

El eco de Hayek y la educación

El análisis de Juan Carlos Girauta conecta la lógica de la izquierda actual con las ideas de Friedrich Hayek, sugiriendo que una comprensión básica de sus obras permitiría seguir la evolución de este pensamiento político desde sus orígenes en la París de finales del siglo XVIII hasta la actualidad. La propuesta de "mejorar la educación" se presenta como un lema genérico y poco comprometedor, pero que esconde, según el autor, una agenda específica. Se cuestiona si esta mejora educativa se refiere a paliar el analfabetismo funcional, la sustitución de las humanidades por discursos victimistas, o la pérdida de interés por las grandes obras occidentales. En lugar de abordar estos problemas académicos, la mejora se orienta a evitar que los jóvenes voten de una determinada manera, como habría ocurrido en Sajonia-Anhalt.

De 1968 al wokismo: una constante arrogancia

La arrogancia se erige como el hilo conductor que une a los diferentes movimientos de izquierda a lo largo del tiempo. Desde los revolucionarios de finales del siglo XVIII hasta el *wokismo* que emergió alrededor de 2014, pasando por el socialismo y el comunismo, esta actitud ha sido una constante. El autor señala que la izquierda, además de ser una fuerza real que ha preferido analizar por su lógica, añadió un componente de "diversión" a partir de 1968. Tras la caída del Muro de Berlín, un periodo de aburrimiento acompañó a esta arrogancia hasta la consolidación del *wokismo*. La crítica final apunta a que, en la actualidad, la izquierda se reconoce en esta arrogancia infinita, que la lleva a comportamientos que el autor considera reaccionarios y contrarios al progreso.

Datos clave
  • *Juan Carlos Girauta**
  • *Sajonia-Anhalt**
  • *2014**
  • *París**
  • *Friedrich Hayek**
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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El arrogante lado del bien​

16/09/2026

Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Ahora mismo la izquierda es reaccionaria, borra a la mujer, elimina la igualdad ante la ley, teme el pogre, quiere censurar los desabrigados publicitarios, como los censores del franquismo. ¿En qué son reconocibles como izquierda? En que comparten la espina dorsal: una arrogancia, que, al ser infinita, jamás dejará de asombrarnos
Las filas de la izquierda aplauden con entusiasmo en el Parlamento Europeo a una fruta. ¿Qué ha dicho? Con tono vibrante, enardece a esa zona del hemiciclo. ¿Qué luces arroja? Mírala, se cree poseedora de dos superioridades, la sarracena y la intelectual, en la medida en que representa al pogre. Ese viejo y risible artefacto. Cuanto uno espera del proge, el pogre del siglo XXI, se resume en arrogancia. Así, no hay que haber leído más que el título de una obra de Hayek (no es mucho pedir) para seguir el hilo de la izquierda, desde que nació por casualidad en París a finales del siglo XVIII, hasta ahora mismo. Arrogante hay que ser para plantear en los términos que pronto expondré una propuesta tan genérica, tan poco comprometedora. Esto exige la fruta: «¡Hay que mejorar la educación!» […], gracias, no se nos había ocurrido.

Y ahora los términos de la arrogancia. La educación hay que mejorarla, nos cuenta, para que no vuelva a suceder algo tan terrible como lo que hemos sufrido. ¿Y qué es? ¿Alude acaso al analfabetismo funcional de los universitarios? ¿Quizás a la sustitución de las humanidades por una colección de victimismos? ¿Al desplazamiento del interés académico, que ha pasado de las obras a sus autores, para reflexionar, una vez centrados en estos, sobre cómo los determina su «género», su tonalidad, su nación oprimida, su orientación sensual? ¿Apunta al desconocimiento generalizado de las grandes obras occidentales? ¿A la incapacidad de mantener la atención ante un texto de más de un parrafito? ¿A la falta de comprensión lectora de gentes con inmerecido título? ¡En modo alguno! La educación hay que mejorarla… ¡para que los jóvenes no vuelvan a votar como han votado en Sajonia-Anhalt!

Lo que me obliga insistir. La clave para entender lo que le pasa a la izquierda y para identificar el rasgo que une, caminando hacia atrás, al ‘wokismo’ con la socialdemocracia normal, y antes el socialismo, el comunismo y los revolucionarios varios, incluyendo a los malos nihilistas dostoievskianos, es la arrogancia. Llevo décadas estudiando a la izquierda, no por su interés intrínseco sino porque es real. O sea, he preferido analizar su lógica abyecta a las sagas del Señor de los Anillos y Star Wars (salvando las distancias), a cuyas categorías y personajes acuden los viejóvenes cuando se ponen intensos. A la ventaja de su realidad, la izquierda añadió la diversión en 1968. Tras el bajón de la caída del Muro, tras el cual solo se divertía una joven Merkel pensando en cómo nos la iba a colar a todos, el aburrimiento acompañará a la arrogancia hasta 2014, fecha que escogemos para el nacimiento del ‘wokismo’. Ahora mismo la izquierda es reaccionaria, borra a la mujer, elimina la igualdad ante la ley, teme el pogre, quiere censurar los desabrigados publicitarios, como los censores del franquismo. ¿En qué son reconocibles como izquierda? En que comparten la espina dorsal: una arrogancia, que, al ser infinita, jamás dejará de asombrarnos.
 

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