Godofredo1099
Madmaxista
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El chonismo femenino no solo ha vuelto: ha vuelto con ganas, con descaro y sin el más mínimo sentido del ridículo. Pelo de arcoíris, ese degradado rosa-verde sucio que parece sacado de un anuncio de tintes de supermercado de barrio. La lengua fuera con piercing incluido, como si enseñar la lengua fuera el nuevo manifiesto político. Cadenas de ferretería al cuello de oro, gruesas, brillantes y pesadas, anillacos del shein a precio de saldo en cada dedo, aros de vaca en la nariz por defecto y por supuesto muchos tatuajes en todas las partes del cuerpo. Y sobre todo esa maldita expresión de “miradme que soy alternativa”, con el eyeliner de guerra y la boca abierta en plan pose de Instagram barato.
No es estilo. Es el mismo paquete chabacano de siempre, solo que ahora viene con mejor marketing. El crop top blanco sobre el […], el piercing en la ceja, los aros enormes y ese aire de “yo rompo moldes”… cuando en realidad es el uniforme de la choni 2.0. Lo llevan diez mil iguales en cada ciudad, todas igual de emporradas y con el ig lleno de poses menenando el […] y el Tiktok lleno de videos tarareando canciones inmundas de reggaeton. Todas convencidas de que están desafiando algo. Todas repitiendo el mismo gesto, el mismo pelo, las mismas cadenas, la misma forma de gesticular.
Lo más divertido es la pretensión. Se creen rompedoras, transgresoras, dueñas de su imagen. Y lo único que demuestran es que el mal gusto, cuando se viste de rebeldía, se vuelve todavía más cansino. Porque al final no están rompiendo nada. Solo están confirmando que el chonismo femenino sigue tan vivo como siempre…
No es estilo. Es el mismo paquete chabacano de siempre, solo que ahora viene con mejor marketing. El crop top blanco sobre el […], el piercing en la ceja, los aros enormes y ese aire de “yo rompo moldes”… cuando en realidad es el uniforme de la choni 2.0. Lo llevan diez mil iguales en cada ciudad, todas igual de emporradas y con el ig lleno de poses menenando el […] y el Tiktok lleno de videos tarareando canciones inmundas de reggaeton. Todas convencidas de que están desafiando algo. Todas repitiendo el mismo gesto, el mismo pelo, las mismas cadenas, la misma forma de gesticular.
Lo más divertido es la pretensión. Se creen rompedoras, transgresoras, dueñas de su imagen. Y lo único que demuestran es que el mal gusto, cuando se viste de rebeldía, se vuelve todavía más cansino. Porque al final no están rompiendo nada. Solo están confirmando que el chonismo femenino sigue tan vivo como siempre…
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