37 millones de dólares: ventajas y problemas
37 millones de dólares. Ese es el premio que cambiaría la vida de cualquiera y que, según el testimonio que recogía el
Daily Mail este viernes, marcó la de una familia australiana, con ventajas y también con problemas. Un hijo, que no ha querido revelar su identidad, cuenta que de niño lo tuvo todo —viajes, colegio, comodidades— y que sus hermanas y él notan todavía hoy las ventajas de aquel dinero. La otra cara es la de siempre: cuando la fortuna entra por la puerta, la rutina profesional sale por la ventana.
Qué pasó con los 37 millones de la lotería
Los padres eran
enfermera y jardinero. Dejaron los dos sus empleos para emprender con el capital recién cobrado. La madre intentó varios negocios y, según el relato, prácticamente todos fracasaron. El patrón no es ninguna novedad: hay quien sostiene que en el barrio de Burceña, en Barakaldo, dos hermanos que rondaban los 80 años se llevaron unos
300 millones de pesetas en la Lotería de Navidad y acabaron arruinados quince años después, de vuelta en la casa del pueblo. Con ese material se construye la leyenda negra del premio.
De asalariado a emprendedor: el error de manual
Una parte del análisis lo tiene claro: quien nunca gestionó un negocio no debería estrenarse con dinero que no ha ganado trabajando. Montar empresas con un premio, sostienen, es jugar a la lotería por segunda vez. La respuesta contraria es igual de tajante: no emprender, no tocar el capital y dejar que el interés compuesto trabaje solo. Un participante propone
seis meses sin tocar el dinero, pagar deudas y aparcar la mitad en renta fija.
Irse de España, indexarse y sacar 200.000 euros al año
El otro gran bloque del asunto es fiscal y patrimonial. Un participante plantea trasladar la residencia para no pagar el impuesto de patrimonio, invertir en un indexado global y fijarse una retirada anual de
200.000 euros, dejando el resto a componer. Y otro plantea la pregunta familiar: si tocan 37 millones, ¿qué importan dos más en ladrillo para los familiares cercanos? Ahí no hay consenso. Nadie discute la cifra. Todo el mundo discute qué se hace con ella.
Y si el dinero no era el problema, ¿por qué seguimos convencidos de que lo resuelve todo?