Según un foro, se grabó a supuestos espías rusos sin detenerlos
Hay una grabación, hay imágenes y hay una ronda de contactos con servicios de inteligencia aliados. Lo que no hubo, según la versión que ha circulado, fueron detenciones. Ese es el punto que descoloca: se documenta la entrada de supuestos agentes rusos en la órbita del Govern catalán y, una vez documentada, el expediente viaja por Europa en lugar de acabar en un calabozo. La operación, tal como se ha descrito, apunta a una red de captación con intermediarios y a una potencia —Rusia— a la que el independentismo buscó apoyo sin obtener un respaldo claro cuando el envite se torció.
La información tiene dos vectores. Uno diplomático: las fotografías se comparten con aliados. Otro interno: quién estaba en la habitación cuando se abrió la puerta y por qué, al final, la puerta se cerró sin ruido.
Una grabación, un reparto de fotos y ninguna detención
El escepticismo no se dirige al contenido de las imágenes sino a su destino. Si el material era lo bastante sólido para difundirlo entre servicios aliados, ¿por qué no se tradujo en actuaciones judiciales? La explicación que más se repite en el hilo es la condición de supuesto espía: lo que queda es un
intercambio entre agencias. La menos habitual, y que también circula, es que el objetivo nunca fue desarticular nada, sino acreditar ante los socios que en
Cataluña había manos extranjeras.
Los datos disponibles encajan mal con la primera lectura y dejan la segunda abierta. Un dato que se repite: no hubo un solo detenido.
La Generalitat, RT y quién paga la línea editorial
Aquí el asunto se vuelve contable. Se sostiene que hubo financiación pública catalana para medios que operaban en España con línea editorial contraria al Estado, y que parte de ese dinero acabó en canales como RT, cuya versión en español se describe como decididamente bolivariana, más por la procedencia de sus periodistas y de sus fuentes que por un guion dictado desde Moscú. Otros participantes replican lo contrario: la filial no va por libre, simplemente adapta el encargo a su público natural.
El pago del cheque importa menos que la orientación que compró. Y la orientación, según esta versión, era hostil a la arquitectura institucional española en un momento en que esa hostilidad tenía compradores dispuestos a pagarla.
¿Apoyó Moscú al independentismo en 2017?
La evidencia que se maneja apunta a contactos reales y a un respaldo que nunca llegó. Hubo contactos, hubo intermediarios y hay grabaciones de esos contactos. Falta lo esencial: un reconocimiento. Quien sostiene que el Kremlin instigó el proceso se topa con un hecho incómodo para esa tesis: puestos a elegir caballo, no movió ficha cuando la apuesta ya se veía perdida. Esa ambigüedad —interesarse sin comprometerse— es exactamente lo que impide cerrar el caso.
Quien atribuye la tesis a los servicios británicos añade que, si Moscú hubiera instigado el proceso, lo habría apoyado aunque fuera de forma ambigua. No lo hizo.
Doble rasero: Rusia frente a los aliados anglosajones
El eje del enfado no es Moscú. Es la asimetría. Se argumenta que las injerencias anglosajonas sobre España se remontan siglos, con una colonia en territorio español incluida, y que sin embargo no generan ni una fracción del ruido que provoca cualquier gesto ruso. El otro lado responde con una lista tan corta como contundente: ninguna guerra declarada contra Rusia, varias contra Inglaterra, la última contienda oficial contra Marruecos y la pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico frente a Estados Unidos.
Son hechos que cada bando alinea a su favor. Y de ahí sale la pregunta que nadie responde: si el problema es la injerencia extranjera como categoría, ¿por qué solo se investiga la que llega del Este?
Del 36 al TNP: la cuenta histórica que cada bando suma a su manera
La discusión deriva rápido hacia el siglo XX. Se citan 1917 como arranque de la subversión soviética a escala global, 1931 para los contactos entre la junta republicana y Moscú y 1936 para la presencia de agentes soviéticos en España. Enfrente, la réplica es que España no firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear hasta 1987, con el país ya dentro de la entonces Comunidad Europea y de la OTAN, y que las potencias occidentales rechazaron las propuestas de intervención soviética sobre España al terminar la Segunda Guerra Mundial. Añádase un detalle que se repite: la última guerra oficial de España fue con Marruecos en 1957-58, no con Rusia.
El tramo final del asunto también derivó hacia el dinero: criptomonedas, blanqueo y mafias, según el relato de algunos participantes.
Queda el dato que descoloca: fotografías repartidas entre servicios aliados y ni una detención. ¿Cuántas operaciones de este tipo terminan en un archivador en lugar de en un tribunal?