El día que un edificio de 8.000 toneladas caminó 55 metros en Rumanía (con sus vecinos dentro)
En 1987, en la ciudad rumana de Alba Iulia, un bloque de apartamentos de siete plantas —una típica "hrușciovka" soviética— fue desplazado 55 metros para dar paso a un nuevo bulevar. Lo extraordinario no fue solo la maniobra, sino que los inquilinos permanecieron en sus viviendas durante el traslado. El bloque, de 8.000 toneladas de hormigón armado, fue deslizado sobre rieles en un alarde de ingeniería que aún hoy levanta cejas.
La hazaña técnica del bloque soviético
Los edificios de paneles prefabricados, como los que se construyeron en masa en la URSS, resultan sorprendentemente aptos para el traslado. Su estructura de pilares y losas unidos por pernos permite cortar los cimientos por bataches y sustituirlos por gatos hidráulicos. Las instalaciones de agua, gas y electricidad se reconectan a redes flexibles temporales. Aunque parezca increíble, la técnica se ha empleado en decenas de ocasiones, tanto en el bloque soviético como en Estados Unidos, donde se han movido incluso pueblos enteros.
¿Cómo se mueve un edificio sin romperlo?
El proceso requiere una sincronización milimétrica. Se excava sección a sección alrededor de cada pilar, se corta la zapata original y se apoya el edificio sobre gatos hidráulicos capaces de soportar cientos de toneladas cada uno. Una vez el edificio está elevado, se colocan raíles y se desliza lentamente mediante tornos y poleas. La velocidad es tan baja —centímetros por hora— que los habitantes pueden seguir con su rutina sin apenas percibir el movimiento. Las tuberías y cables se conectan a mangueras flexibles que se alargan progresivamente.
No fue el primero ni el último
Aunque el caso rumano se ha vuelto viral por lo insólito, el traslado de edificios es una práctica casi centenaria. En 1860, la ciudad de Chicago fue elevada varios metros para solucionar problemas de drenaje, y a principios del siglo XX se movieron hoteles enteros en Nueva York. La diferencia es que aquellos eran edificios de ladrillo y madera, mientras que el de Alba Iulia era de hormigón armado —lo que lo hace técnicamente más complejo pero estructuralmente más resistente—. Hoy en día, el edificio sigue en pie, como puede comprobarse en Google Maps.
La pregunta que queda en el aire es si una operación semejante tendría sentido económico fuera de un contexto donde la mano de obra era prácticamente esclava y el coste de materiales, irrelevante. El debate no se cierra.
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