De los Tercios de Flandes a la coreografía viral del Ejército
Un vídeo corto, difundido con un comentario en inglés —«THE DEFENSE MINISTER OF SPAIN CHAIRED THIS MILITARY DEMONSTRATION»— muestra a militares españoles ejecutando lo que parece una coreografía en una demostración militar. La pieza se ha replicado hasta el hartazgo y ha logrado lo que ninguna nota institucional: poner a media red a comparar al Ejército actual con los Tercios de Flandes. Según la descripción que acompaña al vídeo, la demostración habría estado presidida por el Ministerio de Defensa. De ahí el estupor: no parece un sketch, sino un acto castrense.
El resultado es un cóctel de vergüenza ajena, nostalgia imperial y una pregunta de fondo que nadie cierra del todo: si esto es lo que se enseña, ¿quién defiende el país?
Qué muestra el vídeo y por qué se ha viralizado
La escena es sencilla: uniformados en formación ejecutan movimientos sincronizados al ritmo de una música, más cerca de una gala televisiva que de un ejercicio táctico. No hay orden cerrado, ni artes marciales, ni maniobras de ataque. La comparación con un concurso de talentos —«complicadísimas coreografías propias de 'Got Talent Cartagena'», escriben— resume el desconcierto.
Lo que dispara la viralidad no es el baile en sí. Es el contraste. El espectador medio asocia el uniforme a instrucción, disciplina y, llegado el caso, a la última línea de defensa. Encontrarse con un número musical rompe esa expectativa. Y la ruptura, en redes, se paga con memes. La propia ambigüedad del acto —¿demostración, exhibición, espectáculo?— alimenta la confusión.
Krasny Bor y los Tercios: la comparación que duele
El eje emocional del enfado es histórico. Una y otra vez aparece Krasny Bor, el lugar del frente ruso donde combatieron los abuelos de algunos de los que comentan, y el recuerdo de que «se ganaron el respeto» combatiendo. La queja no es solo estética: es de linaje. Se evoca a los Tercios de Flandes, a Gonzalo Fernández de Córdoba y a capitanes condecorados como el «Liberador de Oviedo» para medir la distancia entre lo que fueron y lo que, a juicio de muchos, son ahora.
El argumento tiene un problema, y algunos lo señalan: los mejores soldados de aquella memoria «reposan en campos herejes a un metro bajo tierra». Es decir, los Tercios no se miden contra un vídeo, sino contra un cementerio. La nostalgia, en cualquier caso, no sale gratis.
Del baile de los sanitarios al de los militares
La comparación más repetida no es con el ejército, sino con la sanidad. Durante la pandemia, los bailes de personal sanitario en hospitales también generaron polémica. La diferencia que se marca ahora es de encuadre: allí se discutía el momento, no la función; aquí se cuestiona que la institución se exhiba así. «El ejército no puede exhibirse así, sea la circunstancia que sea», resume una de las posturas más citadas.
No es un detalle menor. Un hospital que baila sigue curando; la duda que se lanza sobre las Fuerzas Armadas es si, entre coreografía y coreografía, queda tiempo para entrenar. Esa sospecha es la que activa el vídeo y la que ninguna nota de prensa desactiva.
¿Un ejército de funcionarios? El gasto y la función de las Fuerzas Armadas
Debajo de la burla hay un asunto económico y laboral. La tesis más repetida es que las Fuerzas Armadas se han convertido en un empleo público más, con horarios, rutinas y, ahora, actuaciones. «No son militares, son funcionarios», se sentencia. Y de ahí salta el argumento del contribuyente: si esto se paga con impuestos, el ciudadano tiene derecho a exigir resultados. El reproche es transversal: se insiste en que ese personal se nutre de dinero público y que, por tanto, su desempeño es auditable.
Frente a esa lectura, otra voz pone el foco en el ciudadano y no en el uniformado: «cuando haya una guerra, el profesional que tiene que defender la patria eres tú». El mensaje desplaza la responsabilidad del cuartel a la sociedad que, mientras tanto, mira el vídeo y se ríe. También asoma el nervio de la política exterior: algunos conectan la imagen con la formación de militares ucranianos en España y con lo que se les enseña a quienes luego van al frente.
La deriva: de la coreografía al juicio sobre la sociedad
Como suele ocurrir, el asunto se desborda. Parte de la conversación deja el vídeo y se lanza a un diagnóstico general sobre la sociedad, mezclando la composición de las Fuerzas Armadas con la evolución cultural del país y con opiniones sobre la inmigración que nada tienen que ver con una coreografía. Es el tramo más previsible y el menos informativo.
También asoma el miedo geopolítico. «Esperemos que en Marruecos no vean este vídeo», ironiza uno. Y otro usuario recuerda lo evidente: las condiciones blandas de la paz no son las de la guerra. «La condiciones sociales nos han ablandado a todos, pero esas condiciones son como vestidos o roña que desaparecen tras la primera refriega o el primer uso del jabón», apunta.
El vídeo seguirá circulando. Lo que no termina de resolverse es si refleja un ejército en horas bajas o, simplemente, una época que prefiere el espectáculo a la instrucción. Con la imagen ya viralizada, ninguna de las dos lecturas se impone.