Krasny Bor: la batalla que la División Azul ganó en 1943
¿Qué hacía un puñado de españoles a 20 kilómetros de San Petersburgo un miércoles de febrero de 1943? Morir, en buena parte. Y frenar a
44.000 soviéticos con 700 piezas de artillería. Ochenta y un años después de aquello, la controversia sigue partida en dos: para unos fue una gesta que merece plazas y calles; para otros, la vergüenza de una unidad que sirvió a Hitler en el anillo que estrangulaba Leningrado, donde murió de hambre y frío
más de un millón de personas, niños incluidos. Las dos cosas caben en el mismo hecho.
¿Qué fue la División Azul y de quién dependía?
Primer malentendido, y no es menor: la División Azul no era el Ejército español. Era la
División 250 de Infantería de la Wehrmacht, encuadrada en el ejército alemán, con uniforme y mando alemanes, aunque nutrida por voluntarios españoles. Se desplegó en el Frente del Este entre 1941 y 1943 y hay quien la describe como la unidad extranjera más condecorada del ejército alemán.
Las motivaciones de quienes se alistaron no eran homogéneas. Una parte respondía al anticomunismo militante de la época, el mismo impulso que años antes había llevado a brigadistas internacionales a España con el signo contrario. Otra parte buscaba algo más prosaico: limpiar antecedentes y proteger a la familia en la España de posguerra. Hay quien recuerda que en la unidad coincidieron personas sospechosas de izquierdismo con falangistas convencidos, y que esa mezcla rara vez se cuenta.
Krasny Bor: 5.900 españoles frente a 44.000 soviéticos
La batalla se libró el
10 de febrero de 1943 en Krasny Bor, a unos 20 kilómetros de San Petersburgo. Las cifras que se manejan son de escalofrío: en torno a
5.900 voluntarios, con armas ligeras, frente a
44.000 soviéticos y 700 piezas de artillería. Un testimonio de un teniente habla de más de
800 cañones golpeando la primera línea y de la tierra temblando como si se acabara el mundo.
El resultado fue de
3.162 bajas españolas, de ellas 2.127 muertos. Del lado soviético se cuentan
13.500 muertos y entre 2.000 y 5.000 heridos. Al día siguiente, con el contrataque, los atacantes sumaron unos
10.000 hombres más y no lograron consolidar la posición. Otra versión eleva el desequilibrio a 38.000 soviéticos contra 5.500 españoles. Las cifras bailan según la fuente, pero la proporción no.
Conviene frenar el entusiasmo en este punto. Que una unidad se bata con enorme desventaja y aguante no la convierte por sí sola en decisiva. La ofensiva soviética buscaba algo mayor que Krasny Bor, y el cerco de Leningrado siguió en pie después de la batalla.
¿Qué relación tuvo la División Azul con el cerco de Leningrado?
Aquí el relato se resquebraja por los dos lados. El asedio duró más de dos años y causó más de un millón de muertos por hambre y frío. La División Azul combatió en el sector norte, en el anillo que asfixiaba la ciudad, y eso no está en duda.
Lo que no encaja es fechar la ruptura del cerco y la presencia española en el mismo momento. La División Azul ya se había disuelto cuando el asedio terminó; lo que quedaba eran tres batallones encuadrados en una división de infantería alemana. Varios miles más continuaron bajo la Legión Azul hasta Berlín. La coincidencia temporal que sugiere el titular más difundido no se sostiene.
Dos Españas en el mismo cementerio
Hay un dato que resume la disputa mejor que cualquier discurso: el cementerio donde están enterrados
2.500 soldados españoles, junto a miles de alemanes. Unos ven ahí un motivo de orgullo nacional; otros, la prueba del error. Y están los que subrayan que la unidad fue empleada como carne de cañón por un mando que no dudaba en dejarla en posiciones imposibles.
También hay quien destaca el comportamiento mantenido con la población civil y con el adversario, y quien responde que eso no compensa el marco general: una guerra de exterminio en la que la Wehrmacht no era un espectador neutral. La polémica se enreda porque mezcla tres cosas distintas —el valor individual, la naturaleza del régimen al que se sirvió y el resultado militar— y cada cual elige la que le conviene.
¿Reconocieron los soviéticos el comportamiento español?
Hay quien sostiene que la actuación española fue reconocida incluso por el mando soviético, que habría ordenado honores militares cuando los españoles desalojaron sus posiciones. Es difícil verificar ese tipo de gestos protocolarios. Junto a esa tesis circula la contraria: que para los rusos la unidad fue poco más que anecdótica.
En el capítulo de prisioneros los relatos se cruzan. Se cuenta que muchos divisionarios capturados que se declaraban de izquierdas lo hacían siguiendo indicaciones de españoles que trabajaban como traductores e interrogadores para los soviéticos, porque eso podía aliviar su situación. Y que en los campos de trabajo coincidieron con marineros republicanos internados y con otros españoles caídos en desgracia dentro del propio sistema. El relato del sargento Salamanca describe años de cautiverio compartidos entre antiguos enemigos que acababan reconociéndose como compatriotas.
Ochenta y un años después, la batalla se sigue librando en español, sin artillería y con teclado. Con una diferencia notable respecto a 1943: entonces al menos estaba claro quién ganó el día. Aquí nadie va a firmar el armisticio.