El crimen de Esplugues: ¿por qué el Govern niega el móvil yihadista?
La consellera de Interior, Núria Parlon, descartó el lunes que el asesinato de una joven en Esplugues de Llobregat estuviera vinculado al yihadismo.
"A priori, es una persona que estaba en una situación alterada y probablemente con algún tipo de problemática", afirmó en Catalunya Ràdio. Sin embargo, los vecinos que presenciaron el ataque relatan que el agresor, de origen marroquí, gritó "¡Alá es grande!" mientras degollaba a la víctima y hería a otras dos personas.
La versión oficial choca con los testimonios y con la percepción de una parte de la ciudadanía, que ve en el descarte un intento de evitar el debate sobre inmigración y seguridad.
Los hechos y la versión oficial
El sábado, un hombre marroquí degolló a una mujer en plena calle y atacó a dos personas más, una de ellas un vecino de 58 años que recibió una puñalada en el brazo. Los testigos aseguran que el agresor gritó "Alá es grande" durante el ataque. Pese a ello, la consellera Parlon insistió en que "no se puede concluir de ninguna manera" que fuera un acto yihadista.
El Govern también defendió las cifras de delitos con arma blanca en Catalunya, calificándolas de "buenas". Esta postura ha sido recibida con escepticismo por parte de quienes consideran que se minimiza la gravedad de los hechos.
El coste político de negar la evidencia
La decisión de descartar el móvil yihadista ha avivado las críticas de partidos como Aliança Catalana, a los que Parlon acusó de "generar miedo y fomentar el odio". Pero más allá del enfrentamiento político, el debate revela una brecha entre el relato institucional y la percepción ciudadana.
Mientras el Govern defiende que no hay indicios de terrorismo, una parte importante de la población considera que se está ocultando la realidad por razones ideológicas.
La pregunta que queda en el aire es si, ante un ataque con gritos de "Alá es grande", se necesita una confesión explícita del agresor para considerar que es yihadismo. El silencio del sumario y la falta de transparencia no hacen sino alimentar las sospechas.
El dato que falta
Mientras el debate se centra en la motivación, un dato se pasa por alto: el agresor estaba en libertad pese a su perfil. La pregunta que nadie responde es qué hacía ese individuo en la calle y cómo llegó a España. Hasta que no se responda, cualquier análisis será incompleto.
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