La hostelería pierde 32.000 camareros en cinco años y busca 40.000
¿Faltan camareros en España o lo que falta es pagarlos? A las puertas de Semana Santa, bares y restaurantes llegan al pico de temporada con las plantillas cortas y las mismas quejas de siempre. Los datos que maneja el sector, recogidos por COPE, apuntan a que
en los últimos cinco años los bares y restaurantes han perdido unos 32.000 camareros y que ahora mismo harían falta unos 40.000 trabajadores. Un motor económico del país, dicen, al que le faltan manos. La discusión sobre el motivo arranca y acaba siempre en el mismo sitio: la nómina.
¿Cuántos camareros faltan en la hostelería española?
El sector denuncia desde hace tiempo la misma crisis: sobran locales y falta personal. La cuenta que se repite es sencilla:
32.000 camareros menos en cinco años y un agujero de 40.000 puestos que nadie cubre, según los cálculos del propio sector. En paralelo aparece un detalle incómodo. Hay zonas con bares llenos y otras con locales medio vacíos, y en ambas el problema de plantilla es idéntico. La escasez de camareros se ha convertido en el argumento estrella para reabrir el pulso sobre las condiciones del oficio.
¿Cuánto se paga a un camarero por una jornada de 12 horas?
Ahí empieza casi todo.
1.200 euros es la cifra que se repite para describir un sueldo de camarero a jornada completa, y con ella se hacen las cuentas de todo lo demás. Hay quien echa la vista atrás y calcula que el equivalente de los años 90, actualizado a precios de hoy, serían entre
2.500 y 3.000 euros al mes. También hay quien sostiene que un local podría pagar 1.800 brutos por media jornada de 12 horas. Y quien recuerda que muchas propinas se han esfumado desde que casi todo se paga con tarjeta. La pregunta más repetida, al final, es la más obvia: ¿y han probado a ofrecer más dinero?
El alquiler, señalado como el gasto que se come el margen de un bar
Si los precios de la carta suben, el cliente se lo piensa; si no suben, el coste del local se lleva por delante el beneficio. La comparación que circula estos días pone el foco justo ahí:
una ensalada por 11 euros en una taberna y un menú completo, con pan fino y postre, por esos mismos 11 euros en otro local del mismo barrio. El precio de la carta, sostienen los hosteleros, es lo que sostiene todo lo demás: proveedores, impuestos y plantilla.
¿Por qué hay quien prefiere una ayuda a un contrato de camarero?
Aquí las versiones se separan. En el País Vasco se sostiene que la Renta de Garantía de Ingresos ronda los
800 euros y que, sumada al complemento de vivienda de 350 euros y a las ayudas de emergencia social, la cifra se acerca a los
1.300 euros al mes. Se añade que el acceso se abre con seis meses de empadronamiento y sin propiedades ni ahorros por encima de 20.000 euros, y que no se exige haber cotizado. Otros dudan de que el acceso sea tan sencillo. Lo que se repite en ambos bandos: con 1.200 euros de sueldo, la cuenta no sale.
Los perfiles que el sector busca y los que rechaza
Se sostiene que muchos locales piden gente joven, con buena presencia y dispuesta a aguantar, y que un trabajador de 40 años con experiencia se queda fuera. Del otro lado aparecen casos de empleados que se van tras aguantar horarios imposibles, tareas que no son las suyas y ofertas fuera de lugar. Cuando el oficio se queda sin gente dispuesta, dice uno de los análisis que circulan, el problema deja de ser el trabajador.
Asturias: 300 euros por cuatro días de trabajo
La región aparece en casi todas las versiones del asunto.
300 euros por cuatro días a 12 horas en Semana Santa, con la expectativa de cubrir después una quincena en agosto, es la oferta que se describe en un territorio que, se argumenta, lleva años perdiendo población joven y tejido empresarial. Pocos renuncian a una vida hecha en Madrid por eso. También hay quien atribuye la escasez de camareros a las ayudas sociales y a la mano de obra extranjera, un argumento que se repite igual en el campo y que no da cuenta de un oficio abandonado por trabajadores de todas partes.
Al final, el mercado hace su trabajo: los locales que no pueden pagar más recortan horas, cierran en las franjas malas o echan la persiana. Si la falta de camareros se arregla sola, lleva ya un par de años haciéndolo a base de mesas sin servir.