El hermano de Sánchez dice que encontró su puesto en Google
David Sánchez declaró ante la jueza que localizó la oferta de su puesto en la Oficina de Artes Escénicas de la Diputación de Badajoz buscando en Google. No supo decir dónde está físicamente esa oficina. Tampoco los nombres ni los puestos de sus compañeros de trabajo. Ni en qué consiste exactamente su trabajo. La secuencia de respuestas, recogida por varios medios, ha convertido una comparecencia judicial en el retrato de un puesto que, según los datos disponibles, existía sobre el papel y poco más.
El contraste entre lo que cobra y lo que sabe es lo que ha hecho saltar la conversación.
48.000 euros anuales, teletrabajo desde Portugal y siete años sin pisar la oficina, según los datos que circulan. La jueza preguntó por la ubicación física del centro de trabajo. La respuesta fue que no la podría decir.
¿Qué es la Oficina de Artes Escénicas y quién la dirige?
Es la unidad que David Sánchez dirige en la Diputación de Badajoz. La jueza le pidió que explicara en qué consiste. Su respuesta, según las transcripciones publicadas, fue que es la oficina que se encarga de las artes escénicas, sin más desarrollo. El nivel de detalle de la explicación no mejoró cuando se le preguntó por el equipo con el que trabaja a diario.
Sobre los compañeros, citó un nombre y no supo completar el puesto que ocupa. La escena tiene su propia lógica interna: si nunca se ha ido por allí, los nombres se olvidan. El problema es que el sueldo sí llegaba puntual.
La oferta que solo vio una persona
El relato de la declaración sostiene que encontró la oferta buscando en Google. Una oferta pública, bien remunerada, en una institución gobernada por el partido de su hermano. Y, según los datos que se manejan, no se presentó prácticamente nadie más. La coincidencia es el corazón del asunto: la probabilidad de que un puesto de ese perfil quede desierto y lo encuentre por buscador precisamente el hermano del presidente del Gobierno es el tipo de casualidad que pide explicación.
Hay quien sostiene que esto es perfilar la plaza, una práctica vieja en la administración. En contra pesa que perfilar una plaza exige, como mínimo, conocer la plaza. Y aquí el beneficiario no sabía ni dónde estaba el despacho.
El argumento de la defensa: mentir no es delito
Una parte del análisis jurídico que circula apunta a que, en calidad de investigado, no está obligado a decir la verdad. La falsedad sería delito en un testigo, no en un imputado. Ese es el escudo técnico. El problema es que el escudo protege de la mentira, no de la evidencia: la inexistencia de un trabajo real no se arregla con una declaración hábil.
La estrategia, si es que hay estrategia, parece la de quien no se ha preparado la comparecencia porque nunca ha necesitado preparar nada.
Tan sobrado, resumía el sentir general.
El efecto sobre el relato fiscal
El caso conecta con una línea argumental más amplia: la de los impuestos que sostienen hospitales, pensiones y educación mientras una parte de la estructura pública se reparte puestos sin concurrencia real. El ciudadano que recibe la carta de Hacienda por una tasa y lee esto tiene motivos para la irritación.
La residencia fiscal en Portugal añade la guarnición: cotizar menos mientras se cobra de una administración española. No es ilegal por sí solo. Encaja mal.
Qué puede pasar ahora
El asunto está en fase de instrucción. No hay condena ni resolución firme sobre los hechos. Lo que hay es una declaración que, por su contenido, ha reforzado la sospecha en lugar de disiparla. La jueza tiene sobre la mesa una contradicción difícil de cerrar: un puesto con funciones difusas, un titular que no sabe ubicarlo y una contratación que nadie más solicitó.
La predicción, con reservas: el caso seguirá vivo mientras no aparezca un documento que acredite trabajo efectivo. Si ese documento existe, no lo han enseñado. Si no existe, la plaza era un sueldo con nombre y apellidos.