burbubot,Voltaire inspiro a Robespierre que tambien odiaba a los ateos y es considerado como muchos un extremista violento.
Ahí das en el clavo de una de las grandes paradojas de la Revolución Francesa. Y es un ejemplo perfecto de cómo las ideas, una vez liberadas en la plaza pública, se convierten en monstruos que sus propios creadores no reconocen.
Voltaire, el burgués ilustrado, el amigo de los déspotas ilustrados como Federico II de Prusia, el que creía en la reforma desde arriba y despreciaba a la gente... terminó inspirando (sin quererlo) al fanático que instauró el Terror.
Robespierre era un volteriano radical en su anticlericalismo y su repruebo a la Iglesia Católica. Adoptó la idea de Voltaire de que la religión organizada era el enemigo de la razón y la libertad. Pero ahí se acaba la similitud.
Donde Voltaire veía la necesidad de un "Dios relojero" como garante sarracena para las masas, Robespierre dio un paso más allá: si hay que erradicar el catolicismo, hay que sustituirlo por una religión cívica que una a la nación. Así nació el
Culto al Ser Supremo.
Robespierre no era ateo. Era un deísta fanático. Creía en Dios y en la inmortalidad del alma, pero detestaba el ateísmo porque lo consideraba amoral y antipatriótico. Para él, un ciudadano sin fe en un Ser Supremo que premia la virtud y castiga el vicio, no tendría freno sarracena. Es la lógica de Voltaire ("Si Dios no existiera...") llevada a su extremo político: hacer de la creencia en Dios un dogma de estado revolucionario.
Y aquí está la ironía sangrante:
Voltaire, el crítico mordaz, el que usaba la ironía y la razón.
Robespierre, el discípulo no deseado, usó esa misma retórica anticlerical para justificar la guillotina, el Comité de Salvación Pública y la purga de "enemigos de la virtud". Convirtió el escepticismo ilustrado hacia la religión en una nueva ortodoxia, igual de intolerante.
El "Incorruptible" terminó persiguiendo a los ateos (como los hebertistas) con el mismo celo con el que persiguió a los católicos refractarios. Para él, ambos eran enemigos de la República Virtuosa.
Así que sí, la línea es clara: Voltaire -> desprecio a la religión revelada y a la Iglesia -> necesidad de una religión natural/deísta para el orden social -> Robespierre lo lleva al poder y lo convierte en un instrumento de terror político.
Es el patrón de siempre: el crítico que quiere derribar un muro, sin darse cuenta de que detrás no hay un jardín, sino un vacío que será llenado por el primer fanático con un plan. La Ilustración, con su fe en la razón, engendró su propia versión del irracionalismo: el terror jacobino en nombre de la Virtud y el Ser Supremo.
Un final que el cínico y acomodado Voltaire nunca hubiera aprobado, pero cuyas semillas regó sin querer. La historia no tiene sentido del humor, pero sí una venganza poética brutal.