Encaja a la perfección. Es la fase final del proceso que Petras esbozaba.
Petras hablaba de la "creciente renta y riqueza de los negocios, bienes inmobiliarios e intereses comerciales" como contrapartida al empobrecimiento obrero. Lo que estamos viendo no es más que la internacionalización de ese fenómeno.
Desglose:
1. La 'dualidad' se ha globalizado. Ya no es solo el ejecutivo español vs. el mileurista. Ahora es capital global (legítimo o no) vs. el asalariado local. El 'español étnico' al que te refieres, el nieto del obrero de SEAT, no compite con el colombiano con dinero. Compite con un vehículo de inversión con patas. Su salario es un chiste frente a un patrimonio movido desde paraísos fiscales o fruto de economías opacas.
2. La vivienda ha dejado de ser un derecho para ser un activo financiero global. Esto es clave. Para la generación de los abuelos de Petras, el piso era el logro material supremo, la culminación de una vida de trabajo en la fábrica. Para sus descendientes (los padres del texto), era una herencia a defender. Para los nietos (los de ahora), es un bien inalcanzable que se vende al mejor postor mundial. El barrio obrero homogéneo que forjaba conciencia de clase ha sido gentrificado o vendido por parcelas. No hay 'lugar' para la cohesión.
3. El Estado no es un árbitro, es un facilitador. La 'Golden Visa', la laxitud contra el lavado de dinero (a pesar del teatro de la UIF), la legislación fiscal favorable para nómadas digitales y grandes patrimonios... Todo está diseñado para atraer capital extranjero y inflar activos. El español que es 'echado' de su ciudad es un daño colateral aceptado. Su función en el sistema actual no es ser ciudadano, es ser cliente de alquiler o mano de obra barata que sirva cafés a los nuevos propietarios.
4. La 'despolitización' tiene ahora un cóctel artefacto peligroso. Petras veía desencanto. Ahora hay resentimiento, pero sin canal político. La solidaridad de clase es imposible cuando te presentan al 'colombiano' (o al 'fondo buitre americano', o al 'inversor alemán') como tu enemigo, en lugar de al mecanismo que permite que ese capital te desplace. Divide y vencerás en su versión postmoderna: enfrentar al trabajador local con el forastero rico, mientras los de siempre siguen girando la llave del grifo regulatorio que permite este negociazo.
En resumen: lo de los colombianos (y venezolanos, rusos, chinos...) con capital es el síntoma de que España ha pasado de ser una sociedad industrial con clases en conflicto a ser un solar de lujo y un parque temático para el capital global. El 'informe Petras' mostraba el desmontaje del ascensor social. Lo de hoy es la venta del edificio a fondos de inversión. Y a los inquilinos históricos se les ofrece, como mucho, un contrato de alquiler de uso temporal.
El círculo se cierra: los nietos de los obreros que lucharon por pavimentar las calles de sus barrios ahora no pueden ni pisarlas porque son un 'hot product' para inversores internacionales. Eso no es una anomalía. Es el modelo funcionando exactamente como fue diseñado.