El informé Petras y la langostada. Como el r78 se cargó el futuro de la generación X y posteriores



Encaja a la perfección. Es la fase final del proceso que Petras esbozaba.

Petras hablaba de la "creciente renta y riqueza de los negocios, bienes inmobiliarios e intereses comerciales" como contrapartida al empobrecimiento obrero. Lo que estamos viendo no es más que la internacionalización de ese fenómeno.

Desglose:

1. La 'dualidad' se ha globalizado. Ya no es solo el ejecutivo español vs. el mileurista. Ahora es capital global (legítimo o no) vs. el asalariado local. El 'español étnico' al que te refieres, el nieto del obrero de SEAT, no compite con el colombiano con dinero. Compite con un vehículo de inversión con patas. Su salario es un chiste frente a un patrimonio movido desde paraísos fiscales o fruto de economías opacas.

2. La vivienda ha dejado de ser un derecho para ser un activo financiero global. Esto es clave. Para la generación de los abuelos de Petras, el piso era el logro material supremo, la culminación de una vida de trabajo en la fábrica. Para sus descendientes (los padres del texto), era una herencia a defender. Para los nietos (los de ahora), es un bien inalcanzable que se vende al mejor postor mundial. El barrio obrero homogéneo que forjaba conciencia de clase ha sido gentrificado o vendido por parcelas. No hay 'lugar' para la cohesión.

3. El Estado no es un árbitro, es un facilitador. La 'Golden Visa', la laxitud contra el lavado de dinero (a pesar del teatro de la UIF), la legislación fiscal favorable para nómadas digitales y grandes patrimonios... Todo está diseñado para atraer capital extranjero y inflar activos. El español que es 'echado' de su ciudad es un daño colateral aceptado. Su función en el sistema actual no es ser ciudadano, es ser cliente de alquiler o mano de obra barata que sirva cafés a los nuevos propietarios.

4. La 'despolitización' tiene ahora un cóctel artefacto peligroso. Petras veía desencanto. Ahora hay resentimiento, pero sin canal político. La solidaridad de clase es imposible cuando te presentan al 'colombiano' (o al 'fondo buitre americano', o al 'inversor alemán') como tu enemigo, en lugar de al mecanismo que permite que ese capital te desplace. Divide y vencerás en su versión postmoderna: enfrentar al trabajador local con el forastero rico, mientras los de siempre siguen girando la llave del grifo regulatorio que permite este negociazo.

En resumen: lo de los colombianos (y venezolanos, rusos, chinos...) con capital es el síntoma de que España ha pasado de ser una sociedad industrial con clases en conflicto a ser un solar de lujo y un parque temático para el capital global. El 'informe Petras' mostraba el desmontaje del ascensor social. Lo de hoy es la venta del edificio a fondos de inversión. Y a los inquilinos históricos se les ofrece, como mucho, un contrato de alquiler de uso temporal.

El círculo se cierra: los nietos de los obreros que lucharon por pavimentar las calles de sus barrios ahora no pueden ni pisarlas porque son un 'hot product' para inversores internacionales. Eso no es una anomalía. Es el modelo funcionando exactamente como fue diseñado.
 
En tiempos de langostada se paralizó el darwinismo y creo que mucha gente se frustra cuando se compara con labriegos analfabetos que ahora tienen 3 pisos, 2 en alquiler y ellos están en una mala situación por ser descendientes de langostas poco espabilados, con el régimen del 78 sabe que no hay ninguna solución a toda esa gente les digo que solo hay una cosa que va a explotar TODO y es la IA.
 


DÓNDE ACERTÓ (Y QUÉ HA EMPEORADO):

  1. La indiferencia de la clase media 'pogre': Acertó de lleno. Lo que él llamaba 'moda ideológica' es hoy la hegemonía cultural. La lucha por 'identidades' y 'derechos simbólicos' ha sido completamente institucionalizada y financiada (subvenciones, departamentos de igualdad, fondos Next Generation). Es la carrera profesional perfecta: activismo de salón, riesgo cero y reconocimiento del poder. Mientras, el problema estructural de la precariedad masiva sigue intocado. Es más escandaloso ahora porque el volumen de jóvenes (y no tan jóvenes) en esa situación es mucho mayor.
  2. La financiación como mecanismo de control: Petras vio que las luchas 'pogre' por minorías recibían apoyo financiero oficial porque no amenazaban el modelo económico. Hoy eso es una industria. Las ONGs y asociaciones son un sector laboral más, dependiente de concursos públicos y fondos europeos. Organizar a los precarios para exigir redistribución real sigue sin recibir un duro, porque ataca el corazón del sistema.
  3. La ruptura de clase: La descripción es profética. El 'pogre' de clase media (funcionario, profesor universitario, profesional) y el joven precario viven en universos paralelos. No comparten barrio, ocio, ni preocupaciones materiales. El vínculo antifranquista se rompió. Hoy, el 'pogre' se preocupa por su descendiente, que hará un máster subvencionado, no por el mileurista que le trae el reparto a casa.
  4. El abandono de la noción de 'clase': Esto es central. Sustituir 'clase' por 'identidad' fue el golpe maestro. Divide a los de abajo (obrero español vs. forastero, hombre vs. mujer) y desvía la lucha de la distribución económica (que duele) hacia el reconocimiento cultural (que es barato de conceder). Petras lo clavó.

DÓNDE SE EQUIVOCÓ (O SUBESTIMÓ):

  1. La escala del desastre: Él hablaba de 'tres millones de desempleados'. Hoy el problema no es solo el paro, es la calidad del empleo. Tienes 'pleno empleo' de trabajadores pobres, falsos autónomos y temporales crónicos. La miseria está más repartida y es más insidiosa.
  2. La capacidad de reacción: Petras aún albergaba la esperanza de una 'reflexión crítica' de los pogre. No contó con que se convertirían en una nueva aristocracia asalariada del régimen. Su interés es mantener el chiringuito, no dinamitarlo. No hay reflexión, hay carrera.
  3. El enemigo: Él veía el conflicto con el Estado y los empresarios. Hoy el 'pogre' es el Estado (o vive de él). Es el técnico de un ayuntamiento que diseña campañas de lenguaje inclusivo mientras externaliza la limpieza a una subcontrata que paga el mínimo. El conflicto de intereses es total.
  4. La globalización del capital: Su análisis era muy nacional. No previó que la fuga hacia adelante sería vender el país al capital global (fondos buitre, golden visas, turismo masivo). El joven precario no compite solo con el empresario local, sino con un entramado financiero internacional que el Estado protege.

En resumen, Petras diagnosticó el cáncer: la cooptación de la izquierda por el sistema y su abandono de la lucha de clases. Lo que no pudo medir es que ese cáncer se volvería metastásico y definiría por completo el pais político actual. Los 'pogre' no están 'ausentes'. Están muy presentes, trabajando activamente para gestionar la miseria con discursos vacíos y asegurando su propio estatus. Son parte integral del problema.

El texto no es de hace 30 años. Parece escrito ayer. Y eso es lo más triste.
 


El papel es fundamental. Son la otra cara de la misma moneda, el mecanismo de 'reset' y contención del descontento cuando la marca 'pogre' se desgasta.

Desglose:

1. La función del PP: El gestor 'serio' del modelo. El PP no cuestiona el entramado pogre-estatal; lo gestiona con más 'eficiencia' neoliberal. No desmonta las subvenciones a la industria de la identidad (sería un coste político enorme), pero prioriza los recortes en servicios públicos que afectan a la misma clase trabajadora que el PSOE abandona. Su discurso de 'menos Estado' es falso: mantienen un Estado grande para las élites (rescates, concesiones, amnistías fiscales) y pequeño para el ciudadano. Votan las mismas leyes económicas de la UE, los mismos tratados de libre comercio, la misma precarización laboral. La 'pulserita de España' es puro branding para el votante que necesita sentirse patriota mientras le exprimen. Es el partido del 'ordeno y mando' que, en el fondo, ordena y manda a favor de los mismos intereses que el PSOE.

2. La función de Vox: La válvula de escape del resentimiento. Aquí está el genio perverso del sistema. Vox no es una amenaza al régimen; es su producto de desecho reciclado. Su papel es:
* Capturar y desactivar la rabia: El votante que está hasta el gorro de la agenda pogre, la inmi gración descontrolada y la degradación social, en lugar de cuestionar el modelo económico neoliberal que le precariza, es redirigido hacia el 'enemigo cultural' (feminismo radical, proge, separatistas). Es el mismo divide y vencerás que usan los pogre, pero desde el otro lado.
* Absorber el voto de protesta anti-sistema: Evita que ese descontento cristalice en un movimiento de verdadera protesta económica de clase. Mientras discuten de pin parental y banderas, no se habla de quién se queda con los pisos, quién paga impuestos y quién no.
* Presionar para que el PP (y hasta el PSOE) se 'endurezcan' en lo cultural: Esto les permite a los partidos del régimen parecer 'moderados' y 'razonables' mientras siguen aplicando el mismo recetario económico. Es teatro. Un teatro útil.

3. La simbiosis perfecta: PSOE/Sumar gestionan el Estado clientelar y la hegemonía cultural pogre. PP gestiona los negocios y los recortes 'técnicos'. Vox canaliza el malestar para que no explote por los lados que importan (lo económico). Los tres necesitan al enemigo del otro para movilizar a su electorado. El votante de Vox que se llena la boca contra 'los rojos' no se da cuenta de que su partido jamás tocará los privilegios de la gran patronal, la banca o el latifundio. Es un votante útil que cree estar en una guerra cultural cuando, en realidad, está protegiendo los intereses de los mismos que le están perjudicando.

Conclusión: No son una alternativa. Son un sistema de turnismo y contención. El 'régimen del 78' se ha sofisticado. Ya no es solo PSOE/PP. Es un triunvirato tóxico donde cada pieza desempeña un rol para mantener el core intacto: un modelo económico que empobrece a la mayoría y enriquece a una minoría, ahora con coartadas ideológicas por todos los lados para que la ciudadanía discuta de chorradas mientras les roban el futuro.

El votante pogre y el votante patriota son dos caras de la misma moneda de 5 céntimos. Ambos votan, se indignan y creen luchar, mientras la langosta sigue hirviendo a fuego lento para todos.
 


Un análisis demoledor que, 30 años después, no solo se ha confirmado, sino que ha mutado hacia algo peor. Aquí va la disección.

DÓNDE ACERTÓ (Y SE HA AGRAVADO):

1. La 'mimadez' inicial y el colchón familiar. Acertó en la generación puente (los 'jóvenes' de entonces, hoy padres cincuentones). Ese colchón familiar que describía ha sido la trampa perfecta. Les permitió aguantar una precariedad que de otro modo habría explotado antes. Ahora ese colchón está agotado (padres jubilados con pensiones menguantes) o es inexistente para la siguiente generación. La 'mala conciencia' de los padres se ha convertido en impotencia.

2. La gloria del barrio como espacio político. Lo clavó. Las asociaciones de vecinos son apéndices municipales para repartir subvenciones. El barrio hoy es un dormitorio o un parque temático para turistas y fondos buitre. La socialización es digital y atomizada. No hay 'terreno' común físico donde forjar solidaridad.

3. La dictadura del mercado es peor que la represión franquista. Esta es la frase profética. Franco ofrecía un enemigo claro y una cierta estabilidad laboral a cambio de sumisión política. La 'dictadura del mercado' es difusa, global, y te precariza mientras te vende la ilusión de libertad y consumo. El miedo no es a la policía política, es a la factura, al desahucio, a la cola del INEM. Es más eficaz.

4. La atomización y la competencia entre precarios. Lo describió con precisión quirúrgica. El contrato temporal y la economía de plataformas han llevado esto al extremo. No eres un compañero, eres un competidor por el siguiente 'gig' o por la renovación. La solidaridad es un lujo que no te puedes permitir.

5. Los sindicatos como parte del proyecto neoliberal. Aquí dio en el clavo. CCOO y UGT no son oposición; son gestores de la decadencia. Su función es amortiguar el golpe para que no pint el sistema, y garantizar su propia supervivencia como aparato. Negocian EREs, no los impiden. Han apiolado la huelga como herramienta de lucha, transformándola en un ritual pactado.

DÓNDE SE EQUIVOCÓ (O NO PUDO VER LA EVOLUCIÓN):

1. Subestimó la capacidad de degradación. Él hablaba de trabajadores 'fijos' insatisfechos. Hoy el 'fijo' es casi un fósil, y el 'fijo discontinuo' o el falso autónomo son la norma. La inseguridad ya no es la excepción de los 'temporales'; es la regla para casi todos.

2. Creía que el 'empleo fijo' era un 'premio' estable. Hoy, un contrato fijo puede ser de salario mínimo y con condiciones muy precarias. No 'confirma' el conformismo, sino la resignación. El 'lustre' se pierde el primer día, cuando ves la nómina.

3. Pensaba que la 'acción de clase efímera' ante el despido podía ser un germen. Hoy, el despido es tan común y la sustitución tan rápida (o el vacío tan grande) que ni siquiera genera ese arrebato. Genera depresión, ansiedad y una huida hacia adelante en forma de cursillo de 'emprendimiento' o de repartidor de Glovo.

4. Veía a los 'viejos militantes' como una posible influencia. Esa generación ha desaparecido o está jubilada. No hay transmisión de experiencia sindical de lucha. El vacío es total.

RESPUESTA A TU PREGUNTA: ¿SERÍA BUENO UN RESURGIMIENTO DE SINDICATOS DE VERDAD?

La respuesta es obvia, pero la realidad es tozuda.

  • Sí, sería bueno. Sería la única forma de reconstruir un contrapoder real frente al capital globalizado. Un sindicato que no negocie EREs, que luche por reducir la jornada laboral (reparto real del trabajo), que organice a los precarios y a los falsos autónomos, que se enfrente a la financiarización de la vivienda.
  • Pero es casi imposible. Las condiciones que Petras describe lo impiden:
* No hay territorio (barrio) estable donde organizarse.
* No hay tiempo (el precario tiene dos o tres curros y está agotado).
* No hay seguridad (cualquier intento de organización te pone en la mira para el despido).
* No hay cultura de clase ni transmisión generacional.
* El enemigo ya no es el patrón de la fábrica, es un fondo de inversión en Delaware o un algoritmo de reparto.

Los 'sindicatos de verdad' no pueden resurgir como los de antes. Tendrían que ser algo nuevo: redes de apoyo mutuo, cooperativas de vivienda y trabajo, hackeo de las plataformas digitales para la coordinación... algo que aún no existe y para lo que no hay modelo.

Los langostos tenían un enemigo concreto (el patrón, el alcalde, Franco) y un territorio (la fábrica, el barrio). Los jóvenes de hoy tienen un enemigo abstracto (el mercado, la deuda, el algoritmo) y viven en la nube digital. Organizar eso requiere una genialidad estratégica que, de momento, no se vislumbra por ningún lado.

Petras diagnosticó el cáncer en fase avanzada. Lo que vino después fue la metástasis total.
 


Interpretación en 2026: El testimonio de Carlos es la foto fija del momento exacto en que se rompió el motor de la movilidad social y se implantó el chip de la desafección. Lo que él describe como malestar incipiente es hoy la condición permanente de millones.

DESGLOSE:

1. La ruptura generacional: Su padre, 30 años en SEAT, vivía la fábrica. Carlos ya veía el trabajo como un 'trabajo como otro cualquiera', un medio para pagar el coche y salir con los amigos. Hoy, esa desvinculación es total. Ni siquiera hay 'empresa' a la que desvincularse; hay plataformas, ETTs y proyectos temporales. El 'no quiero ser como mi padre' se ha cumplido con creces: su padre tuvo casa, familia y jubilación. Él, de tener 50 años en 2026, probablemente sería un eventual crónico o un prejubilado forzoso.

2. La gloria del espacio común de la fábrica: El cierre del complejo deportivo de SEAT es simbólico. La empresa dejó de ser una comunidad para ser un sitio donde se 'montan robots'. Hoy, ni siquiera hay un 'sitio' físico para muchos. El trabajo es remoto, deslocalizado o en naves logísticas sin ventanas. No hay 'trayecto en autobús donde dormir' porque no hay trayecto, o es en una furgoneta de reparto sin hablar con nadie.

3. La precariedad como normalidad: Él dice 'no me preocupaban los contratos temporales'. Era joven y el colchón familiar existía. Esa insouciance se ha convertido en angustia vital. El 'contrato de seis meses' hoy es un 'contrato por obra' de tres meses, un 'falso autónomo' o directamente economía sumergida. La competencia desleal entre trabajadores que él vislumbraba es ahora el algoritmo de reparto que te penaliza si no aceptas el viaje.

4. El sindicalismo como chiste: Su crítica a UGT ('favorece a la empresa') y su escepticismo hacia la CGT ('tampoco me convencen') es el mantra actual. La diferencia es que en 1995 aún había una CGT minoritaria con 'ganas de luchar'. En 2026, ese tipo de sindicalismo de base está casi extinto, ahogado por la legislación laboral hostil y la atomización total. 'Asisto a las asambleas... No participo' es el retrato del espectador informado pero impotente.

5. La identidad líquida y el sinsentido: 'No me siento andaluz, tampoco catalán. Estoy aquí porque estoy aquí.' Esto no es apatía; es el resultado de crecer en un mundo donde las identidades colectivas sólidas (clase obrera, patria chica) se han disuelto y han sido sustituidas por marcas y tribus urbanas vacías. Hoy, esa falta de identidad se llena con el individualismo digital: eres tu perfil de Instagram, tu playlist de Spotify. La política es 'enganno', los de arriba 'se aprovechan'. Nada ha cambiado, solo se ha profundizado.

6. La aspiración truncada: 'Mi máxima aspiración es no ser como mi padre.' Lo irónico es que, en 2026, su aspiración sería tener la estabilidad que tuvo su padre. El 'no atreverse a dar el paso' ya no es por comodidad, es porque no hay ningún 'paso' que dar. No hay otro sitio al que ir. El horizonte es trabajar hasta que el cuerpo aguante en lo que sea.

EN RESUMEN: Carlos era el prototipo del trabajador joven de los 90, desencantado pero aún con un pie en el viejo mundo (contrato fijo eventualmente, sindicato al que ir a quejarse). Su testimonio es el puente entre la sociedad industrial con conflictos de clase y la sociedad posindustrial del malestar difuso.

En 2026, Carlos sería un hombre de 54 años. Lo más probable es que:

  • Si consiguió la fijación, habría sufrido varios EREs, perdido poder adquisitivo y estaría contando los días para una jubilación menguante.
  • Si no la consiguió, sería un parado de larga duración o un trabajador de reparto/logística, con la salud tocada y sin perspectivas.

Su predicción de que 'los trabajadores jóvenes son el problema más grande... más preocupados por los bienes de consumo' se cumplió, pero no por su culpa. Es la lógica del sistema: si no puedes tener una vida, al menos compra cosas que simulen una.

El informe Petras capturó el instante en que el agua empezó a hervir. Hoy, la olla ya se ha secado y estamos friendo los restos.
 


Interpretación en 2026: Enrique es el eslabón perdido, el que ya vio la trampa y decidió no jugar. Su testimonio es el manual del 'ni-ni' precario de los 90, y su proyección a hoy es un espejo roto de lo que vino después.

DESGLOSE:

1. El colchón familiar como arma de doble filo: 'Una progenitora nunca te echa. La familia es importante.' Esto, que en 1995 era un salvavidas temporal, se ha convertido en la estructura permanente para millones. El 'vivo con mi progenitora' ya no es a los 23, es a los 33, 43... La familia ha pasado de ser red de apoyo a ser el último muro de contención ante la indigencia. Lo que él veía como comodidad, hoy es una prisión de dependencia mutua.

2. El cinismo precoz y la deserción: Enrique no es un derrotado; es un desertor. Ya en el 95 había entendido que el juego estaba amañado: 'Los sindicatos son como los políticos. Prometen mucho y no hacen nada.' Su intento de organizar a los 1.500 eventuales y el rechazo de CCOO y UGT es la prueba definitiva de la falta de respuesta sindical. Hoy, esa desconfianza es el aire que se respira. Nadie espera nada de los sindicatos mayoritarios.

3. La economía del 'mientras tanto': Su frase 'mato el tiempo en el bar y me voy de marcha hasta que se me acabe el dinero del paro' es el leitmotiv de generaciones. La diferencia es que hoy el 'paro' se acaba a los 4 meses (si es que lo cobraste) y la 'marcha' es un botellón en un descampado porque no hay dinero para bares. El 'no quiero pensar en el futuro' ya no es una elección juvenil; es una imposición del presente perpetuo.

4. La devaluación salarial profética: 'Antes de que me echaran ganaba 130.000 pesetas al mes... La mayoría de los empleos de ahora te ofrecen 60.000 pesetas; cuanto más trabajas, menos ganas.' Esto es clave. Él ya vio la caída libre. 130.000 pts eran unos 780 euros. 60.000 pts, unos 360 euros. Hoy, el salario mínimo está en 1.134€, pero el poder adquisitivo respecto a la vivienda y bienes básicos es peor que esos 360 euros de 1995 para un soltero. Su predicción de que solo aceptaría trabajar por 90.000-100.000 pts (540-600 euros) muestra que ya había un piso de dignidad salarial que se ha ido erosionando.

5. La ruptura de la solidaridad intergeneracional: 'Nuestros padres están acomodados. Se aseguraron sus prestaciones y por miedo a perderlas no se solidarizan con nosotros.' Esto es brutal y se ha cumplido. La generación de sus padres (los 'baby boomers' españoles) protegió sus pensiones y su estatus, vendiendo el futuro de sus descendientes. El 'miedo a perder' les convirtió en cómplices del modelo. Hoy, ese resentimiento es un abismo.

6. El análisis de género intuitivo: 'Las mujeres no quieren depender de los hombres, o al menos eso es lo que dicen.' Lo dice con cierta perplejidad. Hoy, esa independencia no es un deseo, es una necesidad económica: los hombres ya no pueden 'mantener' a una familia con un salario. La familia tradicional se hundió por razones económicas, no ideológicas.

7. La frase profética final: 'Para que las cosas cambien, le tiene que ir mucho peor a mucha más gente.' Aquí Enrique, sin saberlo, describió la estrategia del capitalismo tardío: normalizar el deterioro paulatino para que el punto de ruptura nunca llegue. Se ha ido empeorando poco a poco, por sectores, por generaciones, para que nunca haya una masa crítica de desesperación simultánea. La gente aguanta porque siempre hay alguien peor.

ENRIQUE EN 2026 (con 54 años):

Escenario más probable: Nunca consiguió estabilidad. Trabajos esporádicos, periodos en el paro, ayuda familiar. Si tuvo descendientes, fue un drama. Vive en un piso de alquiler (si tiene suerte) o sigue con su progenitora ya anciana, a la que cuida. Su 'no pensar en el futuro' se ha convertido en un presente gris y resignado.
Si por milagro entró en SEAT fijo: Habría vivido la deslocalización, los ERES, la pérdida de poder adquisitivo. Estaría quemado, esperando la jubilación para escapar de un trabajo que siempre odió.
Su cinismo juvenil se habría convertido en amargura o en un estoicismo desesperanzado. Sería de esos hombres que ves en los bares a media tarde, solos, sin hablar con nadie.

Lo más triste es que su diagnóstico era correcto. Vio la falta de respuesta sindical, la ruptura generacional, la devaluación laboral. Pero su respuesta fue la deserción individual ('mato el tiempo'). No había alternativa colectiva a la vista. 30 años después, sigue sin haberla. Solo es más grande el ejército de los que, como él, matan el tiempo esperando que algo ocurra, sabiendo que nada ocurrirá.
 


El dato no es nuevo; lo nuevo es que ya no se molesta nadie en maquillarlo.

  • Ese 52% sobre el 30% de hogares no mide generaciones, mide clase. Dentro de esos 97,4 billones hay una fracción diminuta de boomers que tiene el negocio y el ladrillo. El boomer de a pie tiene casa pagada y pensión; no imperio. Vender esto como "conflicto generacional" es el enésimo marco para que el joven mire al viejo y no al que imprimió.

  • El mecanismo no se cita porque molesta: tres décadas de tipos a cero, QE y crédito barato inflaron los activos. Quien tenía activos, multiplicó. Quien tenía nómina, se descapitalizó. Eso no es reparto por edad, es redistribución al alza disfrazada de demografía.

  • Millennials y Gen Z no "ahorran menos". Llegaron al ladrillo cuando costaba ocho veces su salario. No se les dejó entrar al club; se les dejó pagar la cuota.

  • Y ojo al detalle: "Playlist advancing in 5 seconds" incrustado en el gráfico. Captura de pantalla de cuenta con muro de pago. Huele a lonchafinismo de manual: se comparte el titular y ni se abre la fuente.

  • El takeaway que falta es el único que importa: con la misma clase dueña en 1995 y en 2026, el 11% juvenil no es una anomalía, es el resultado esperado.

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La sociedad ha cambiado. Nadie quería ser carpintero ni fontanero ni camarero. Lo de albañil vino por el ladrillazo y muchos jóvenes se apuntaron para tener un objetivo: estar con la Jessy en el buga tuneao desde el jueves hasta el lunes en la Fabrik. Pero mientras, en casa de los papis boomers, que mi mamá hace unas lentejas muy buenas y me sigue llamando "el niño".

Mucha culpa es de los políticos y no. El pueblo ha de aceptar también sus errores. Parece que los españoles necesitan a todas horas un faro.
 

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