Seis rehenes hallados sin vida en Gaza antes de su rescate
Los cuerpos de seis cautivos secuestrados el 7 de octubre aparecieron en la Franja de Gaza. El portavoz militar Daniel Hagari anunció el hallazgo en la actualización del domingo por la mañana, un día después del primer anuncio, y situó el origen de las muertes en los captores: según esa versión,
fueron asesinados antes de que las fuerzas pudieran completar el rescate. Los nombres, uno a uno: Hersh Goldberg-Polin, Eden Yerushalmi, Carmel Gat, Almog Sarusi, Alexander Lobanov y Ori Danino.
¿Quién mató a los seis rehenes? El relato oficial y las dudas
La versión castrense es que Hamás ejecutó a los cautivos al ver llegar a las tropas. Hay quien sostiene lo contrario: que una operación de rescate salió mal y que parte de los disparos fueron propios.
La sospecha no es nueva: en los mismos términos se ha discutido otras veces el uso de la llamada directiva Aníbal. Ninguna de las dos lecturas ha quedado acreditada de forma independiente, y ahí sigue el asunto.
No ayuda el historial de este tipo de operaciones, con episodios en los que la confusión sobre quién era quién se ha pagado con vidas. El resultado práctico es que el titular «los mató Hamás» y el titular «los mataron sus liberadores» conviven sin que ninguno se pueda cerrar del todo.
La familia de Carmel Gat no quiere ser parte del acto
La declaración más incómoda no llegó desde Gaza. La familia de
Carmel Gat, capturada en el kibutz Be'eri, señaló que no tenía interés alguno en hablar con quien, a su juicio, había asesinado a Carmel, ni en servir de decorado en su función mediática, y puso «la sangre de los secuestrados» en sus manos. Gat había organizado ejercicios guiados de yoga y meditación entre los cautivos, según relataron personas liberadas.
La calle se movió en la misma dirección: la mayor manifestación desde el inicio de la guerra, en Tel Aviv, para exigir un acuerdo de alto el fuego y la salida del primer ministro. Las familias convocaron después una huelga para paralizar el país.
Seis nombres frente a decenas de miles: la pelea por la vara de medir
La pregunta que recorre cualquier conversación posterior es de escala.
Seis cautivos frente a las decenas de miles de muertos en Gaza, en el intercambio se repite la cifra de 40.000. La respuesta más extendida entre quienes defienden la operación militar es que la equivalencia no existe: si los muertos del otro lado son responsables de secuestros y asesinatos deliberados, la comparación es una trampa. La respuesta contraria es que las varas de medir se aplican según el pasaporte.
En medio queda un cálculo recurrente: que el total de fallecidos equivale a menos del 1% de la población en casi un año, y que eso lo aleja de la definición jurídica de genocidio. Otros replican que la cifra de detenidos, en torno a unos diez mil, tampoco permite etiquetarlos a todos como terroristas de Hamás.
¿Genocidio? El pulso sobre la definición de Lemkin
La discusión se ha trasladado al diccionario. El término lo acuñó en 1944 el jurista polaco de origen judío
Raphael Lemkin, para quien no significaba necesariamente asesinatos en masa, sino un plan coordinado contra un grupo. Sobre esa base, hay organismos que sostienen que el caso encaja; la parte contraria alega que esa lectura elástica se ha aplicado antes a situaciones que nada tienen que ver con un exterminio. Nadie va a mover su posición con un párrafo.
Cuatrocientos kilómetros bajo Gaza y los drusos del Golán
En el plano militar, un dato repetido: la red de túneles bajo las construcciones de Gaza supera los
400 kilómetros, y eso explica por qué no se puede reventar la infraestructura sin derribar encima lo que hay arriba. Es, según esta lectura, la parte funcional del victimismo como estrategia.
Y en el capítulo de quién es «de los suyos», aparece el Golán. Se citan los números de la ocupación de junio de 1967: de
130.000 habitantes se pasó a 6.396, con 250 personas en Qunaytra, 521 en Ghajar y 5.675 repartidas entre Mas'ada, Buq'ata, Sahita, 'Ayn Qunyih y Majdal Shams. En Majdal Shams viven unos 2.068 ciudadanos israelíes, algunos menores, y en las últimas elecciones legislativas solo votaron 169 de los 962 electores censados. Que cada cual saque su conclusión.
Lo que queda cuando se apaga el eco de los mensajes
Alexander Lobanov tenía 32 años, era ruso-israelí y fue secuestrado en el festival Nova. Su mujer, Michal, dio a luz a su segundo hijo en febrero, mientras él seguía cautivo. Nunca llegó a verlo.
Ese es el dato que descoloca, y no el recuento de comunicados. El resto, quién apretó el gatillo y a qué distancia, es exactamente lo que ninguna de las partes ha dejado claro.