La misma arma cuesta 20 veces más en EEUU que en China, según el debate
¿Puede perder Estados Unidos una guerra contra China gastando en defensa más que nadie? Un militar estadounidense sostiene que sí, y su argumento no va de aviones mejores o peores. Cameron Holt, subsecretario adjunto de Adquisiciones de la Fuerza Aérea de EE.UU. —el departamento que compra desde drones hasta misiles nucleares—, advirtió en una conferencia de que su país arrastra una desventaja de fondo: la estrategia nacional de defensa y los intereses de los mercados de capitales no están alineados. El análisis lo firmaba Esteban Hernández en
El Confidencial el 6 de agosto de 2022, con la visita de Nancy Pelosi a Taiwán todavía caliente.
Holt describió la pugna como una amenaza existencial para el modo de vida occidental y contrapuso dos modelos: uno donde «los derechos del individuo son preexistentes al Estado» y otro que preserva ante todo la fuerza colectiva. Donde se le torció el discurso fue al hablar de dinero.
Wall Street y el Pentágono: dos motores, no dos rivales
La versión más difundida del choque es que Wall Street mira con complacencia a China mientras el Pentágono endurece el tono. Es una
milonga, sostiene quien abrió el hilo: ambos son los dos grandes motores de una misma economía fraudulenta y se alimentan el uno al otro. El mercado acude a la ventanilla de la Reserva Federal; el ejército compra lo que le colocan.
De ahí sale, según este planteamiento, un ecosistema donde se gana más fabricando armas caras que necesiten repuestos continuos que armas eficientes. El mismo incentivo que el de un estafador de obra pública corrompiendo a un funcionario: si dentro de dos años hace falta una reparación grande, tanto mejor para el negocio.
¿Por qué la misma arma cuesta una vigésima parte en China?
Según esa misma tesis, en EE.UU. la corrupción es, en buena medida, legal: pagar a un congresista o a un senador no sería delito. Y el banco central solo tiene que emitir moneda, con la inflación repartiéndose entre los demás. Medio siglo de precios sin freno. El Ministerio de Defensa estadounidense nunca ha sido auditado y hay estudios que sitúan su presupuesto real en el doble del oficial.
Siempre según esa tesis, la industria china no puede permitirse ese lujo, y por eso resulta más eficiente en cantidad y en calidad. Huawei, el 5G, las baterías que usa Tesla, los eléctricos de BYD o la fabricación de Apple se citan como prueba de que ese país no produce solo baratijas de bazar.
El casco de 400.000 y los helicópteros de Vietnam
La factura concreta es lo que descoloca. En el debate se cita que el casco del piloto de un F-35 cuesta
400.000 euros. El coste de mantenimiento y hora de vuelo del aparato sigue sin conocerse, y según se recuerda en el hilo, hasta el propio Trump llegó a decir «
hasta aquí hemos llegado» con el programa, al que llamaban el
pingüino. La reforma de los CH-53, helicópteros que ya volaban en Vietnam, cuesta por unidad más que a los chinos construir helicópteros nuevos.
No es un caso aislado, según los ejemplos que se citan: los precios del entramado militar-industrial se disparan en cada partida, y el desglose completo de esas compras deja un diferencial que explicaría por qué la superioridad cualitativa de un portaaviones estadounidense no basta para cerrar la brecha.
Trafalgar ya pasó: barcos mejores, más caros y menos
Hay un paralelismo histórico que resurge con datos. Los ingleses ganaron la partida en el mar durante los siglos XVIII y XIX produciendo barcos algo peores a un tercio del coste español. La construcción naval española era superior en calidad —lo reconocía hasta Nelson—, pero los arsenales eran más ineficaces y siempre había navíos en carena. A la muerte de Carlos III España tenía
76 navíos de línea; a Trafalgar se llegó con menos de 30 pertrechados y en condiciones de navegar.
Después del combate de San Vicente, en 1797, no hubo reacción. La misma película que con la Invencible: 25 buques perdidos y siglos de silencio, mientras Drake perdió más del doble al año siguiente y de eso, se sostiene, nadie habla.
La flota más grande del mundo no es la más potente
China tiene la flota más numerosa del planeta, pero sus portaaviones siguen por debajo de los estadounidenses. Pekín tiene mucho que perder en un choque directo, así que lo lógico es que recurra a exhibiciones de músculo simbólicas. Hay quien añade el factor demográfico —1.500 millones de habitantes frente a una quinta parte en EE.UU.— y quien sostiene, en el otro extremo, que todo es un montaje para desviar la atención del desastre económico chino. De esa versión no se aporta prueba alguna en el debate.
El detalle que se cuela casi de tapadillo: hay quien sostiene que a los oficiales de la marina estadounidense les han vuelto a enseñar a guiarse por los astros. Cualquiera diría que alguien teme perder el GPS. O que lo temen ellos.